Delmira

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Este homenaje a Delmira Agustini es una pequeña joya que tiene detrás investigación, trabajo duro e inteligencia. Este homenaje a Delmira Agustini es una pequeña joya que tiene detrás investigación, trabajo duro e inteligencia.

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Actúan: Andrés Molina y Romina Padoan Dramaturgia: Silvia Agostino
Dirección: Antonio Bax
Asistente: Mario Gutierrez
Consola de Sonido: Marisel Calvo
Diseño escenográfico/Vestuario: Grupo You You Producción: Juan Carlos Brow Funciones: sábados a las 21 hs. Apacheta Sala-Estudio. Pasco 623. CABA

Yo muero extrañamente?no me mata la Vida. No me mata la muerte, no me mata el Amor; Muero de un pensamiento mudo como una herida?
D.A

Toda la vida cabe en un instante de furia, de erotismo, de frágil poesía. Borges decía que el destino de un hombre (y el de una mujer, podríamos agregar nosotros) consta de un solo momento: el momento en que sabe para siempre quién es. El 6 de julio de 1914, en una turbia habitación de hotel montevideano, Delmira Agustini encontró al fin su destino de poetisa inmortal, de palabra sangrante, de capricho amoroso y, sobre todo, de sacerdotisa de un Eros perverso y fatal.

Los datos biográficos hablan de una niña uruguaya (que fue siempre ?la nena?), perteneciente a una clase acomodada, que descubre precozmente una profunda sensibilidad artística que la transformaría, tiempo después, en una de las voces femeninas más singulares de la poesía hispanoamericana. Su sensualidad y audacia poética contrasta con las conductas pueriles que, según dicen, conservó toda su vida (que fue breve). El enigma y la contradicción rodearon la vida de esta mujer, admirada por los grandes exponentes del modernismo, que se convirtió en leyenda esa tarde de julio, cuando fue asesinada por su ex esposo, convertido por entonces en amante, Enrique Job Reyes, que también se quitó la vida en la misma trágica jornada. De aquel misterioso suceso sólo nos quedan relatos confusos, malos entendidos, ficciones, que cundieron con más facilidad que la propia obra literaria de la protagonista y que, incluso, redujeron el análisis crítico de su poética a meras correspondencias biográficas.

Esa tarde fatal es un hiato que invita a las hipótesis, al adorno, al invento y, sobre todo, a la más maravillosa literatura. Este es el caso de Silvia Agostino que supo hacer de aquella incógnita una sólida, precisa y bella obra de teatro, donde ningún elemento está librado al azar y donde todo funciona en sincrónica armonía con cada una de las partes.

Delmira retrata aquel encuentro final de los amantes, el enfermizo martirio de amor, cargado de palabras, movimientos y gestos que Andrés Molina y Romina Padoan ejecutan a la perfección. Antonio Bax ha sabido darle forma, cuerpo y alma a un universo poético encantado (y encantador): la música, la escenografía, el vestuario, todo tiende a la representación sublime de un amor contrariado. La poesía se hace carne.

La puesta en escena y la iluminación son dos de los elementos más destacables de la obra, junto con las actuaciones y el texto. La escena transcurre en un espacio acotado que funciona como límite de los cuerpos, espacio que ahoga, asfixia y nos deja una única certeza: más allá del cuerpo ( erótico) no hay nada, o mejor, más allá del cuerpo está el abismo(?y yo caigo sin fin en el sangriento abismo? reza uno de los versos de Agustini).

Los actores se desplazan con destreza en un punto ciego que en lugar de coartarlos les abre infinitas fuentes de expresión que van desde la gestualidad a la palabra. Hay además en la obra un logrado juego con los claroscuros que modela los cuerpos, connota estados del alma y recuerda no sólo el uso de las luces y sombras en el período Barroco sino también el del teatro de la antigüedad clásica, con ese empleo de la penumbra como recurso para resaltar la prevalencia del mal en la tragedia.

Delmira es una pequeña joya que tiene detrás investigación, trabajo duro e inteligencia. Y, si esto fuera poco, le podemos contar además que es un espectáculo estéticamente bello, bellísimo, donde lo inefable (que es también título del poema cuyos primeros versos preludian esta nota) se hace presente como pensamiento inasible, magia y dolorosa poesía.

Publicado en Leedor el 29-11-2011