Tirannosaur

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Una de las grandes sorpresas de la competencia oficial del 26º Festival de Mar del Plata.
Hacia la búsqueda de la compasión

TIRANNOSAUR es el nombre que se le da a un cartucho con bala de latón macizo creado en la década de los 90 a pedido de guías profesionales de caza africana, que se usa para matar grandes animales. Dicen que podría, incluso, darle muerte a un tiranosauro, (si apareciese) el animal más fuerte y feroz que ha existido en toda la historia.

Paddy Considine a partir de su corto DOG ALTOGHETER (2008) a construido éste, su primer largo, para proseguir ahondando sobre el tema de la violencia. Y claramente este juego de palabras entre una práctica violenta y mortal, sumado al significado de tirano, no son casuales. Sino que operan como metáforas de la necesidad de satisfacer el instinto animal que aún llevamos dentro, y de las dosis de amor y sus opuestos que nos acompañan en distintas proporciones y circunstancias? que paradójicamente dan cuenta de la ambigüedad que implica: ?ser Humanos?. Donde mucha veces la ausencia de compasión convierte a hombres y mujeres en animales ferozmente racionales. Y la historia de la humanidad tuvo y tiene grandes paradigmas de perversión.

Dos universos aparentemente antagónicos unen a un hombre y a una mujer, desde la soledad y la violencia.

El es un hombre que vive solo, al cual el alcohol lo hace por momentos ser un ?otro? y matar de una patada a su única compañía, que es su perro. Pero es el mismo que vive al mismo tiempo pendiente de un niño que habita enfrente de su casa y al cual el novio de la madre amenaza con su perra, golpea e insulta.

Ella tiene un pequeño negocio en la ciudad, lo que la hace escapar de una agradable casa, que es en realidad una cárcel, y de un marido, que es en realidad un torturador asumido.

Joseph busca desesperadamente el alcohol, para olvidarse de sí mismo y Hannah intenta ayudar a la gente que la rodea a través de su fe, lo que en parte la hace olvidar su miedo y su inmolación.

Dos contextos estéticamente disímiles albergan la misma intensidad de violencia incontrolable, dolor, impotencia y enfermedad.
En esa unidad contradictoria, donde la animalidad alcanza la locura aparecen gestos, momentos, atisbos de que existe la posibilidad de vivir eso que llamamos vida de otro modo, de algún modo que valga la pena vivirla.

No obstante la subjetividad de tanta insanía lo lleva al espectador a preguntarse en un punto, sino es acaso al mismo mundo, a quien debemos interrogar acerca de tanta maldad y perversión conciente e inconciente.

Rechazando a priori los juicios y distinciones entre lo normal y lo patológico, este mundo que remite a tiranosaurio, solo es posible porque ese mundo existe, y esta posibilitado por las relaciones entre causa y efecto, y entre lo anterior y lo ulterior.

Y a esa existencia acompañada por una forma muy especial de abandono del mundo, de pérdida de significaciones del universo, y de sentido: lo único que lo salva es el Amor en sus pequeños y grandes gestos.

Y sobre esto reflexiona este duro e impactante film. Porque si no hay un poco de amor, no hay porvenir y el sujeto se aliena y se abandona al mundo como a un destino exterior a él mismo, en contraposición a pensarlo como algo que podemos ir construyendo, con nuestra libertad de elegir y amar.

Pero muchas veces para amar se necesita vencer el miedo, el miedo a encontrarse con otra historia solapada de violencia, por eso esa voz en off de su protagonista al final donde confiesa haberle gustado siempre su sonrisa detrás de la puerta del negocio, y su miedo a acercarse, (quizá para no romper esa pequeña magia) intuyendo una historia similar.

Porque para alcanzar esa libertad necesitamos abandonar la autodestrucción y trabajar la compasión, ese sentimiento que se manifiesta cada vez que vemos sufrir o reír a otro, que hace que nos solidaricemos y nos identifiquemos con ese otro, no sólo con su dolor, sino con su goce.

Paddy Considine tiene habilidad para narrar con su cámara y habilidad en lo que narra. Traduciendo los estados interiores de sus protagonistas y mostrando los hechos con una crudeza inusual.
Es probable que dicha crudeza muy bien actuada remita a la idea de imaginar? para ese niño, para la hija de su amigo que muere, y para Joseph y Hannah la posibilidad de vivir una vida, que merezca llamarse vida.

Publicado en Leedor el 24-11-2011