El primer domingo

0
8

Buen texto, buena dirección y actores en una obra para pensar como seres sociales.
Un domingo cualquiera puede convertirse en ?el? primer domingo, en un domingo de resurrección siniestra, de funesta reencarnación del mal, oculta detrás de la fachada del bienestar económico, del consumismo.

- Publicidad -

Julio (Sergio Sánchez de Bustamante) es un nuevo rico (como muchos, como tantos que hicieron su fortuna en la década del 90´cuando otros tantos quedaban fuera del mapa) que goza junto a su esposa, Viviana (Alicia Nieva), de las frías comodidades de una casa lujosa en un exclusivo country del Conurbano Bonaerense. A pesar de las apariencias no son lo que se conoce como una pareja feliz, casi podría decirse que no son una pareja sino más bien una sociedad regida por la conveniencia. Si alguna vez hubo amor, de eso sólo quedan destellos fugaces traducidos en furia, rencor, culpas y sinsabores del pasado.

Julio y Viviana esperan visitas este domingo: Felipe (Javier Piazza), un antiguo compañero de trabajo de Julio que funciona como contrafigura honesta , decente y trabajadora, y su esposa Teresa (Romina Gil) . El matrimonio Gardela , en un aparente día de reencuentro y descanso, entrará en una farsa ( forjada por Julio con la intención de zafar de algún negocio turbio) de la que no podrán salir ilesos, aun si llegan a salvarse.

Nada en escena es lo que parece y nadie es verdaderamente quien dice ser. Los velos se irán descorriendo en lo que queda del día. Así, Viviana dejará de ser esa mujer indiferente y fría del principio para develar su fragilidad profunda. Teresa, en cambio, dejará atrás su ingenuidad simplona (casi tonta) para trascender los límites de su propia moral, dando respuesta a una pregunta tan básica como fundamental: ¿Qué estamos dispuestos a hacer por un poco de felicidad? Felipe y Julio, en un juego de espejos refractarios, se debatirán entre la preservación de los ideales y la conversión siniestra al culto del dinero como única fe.

El primer domingo fue escrita por Beatriz Mosquera en 1969 y reescrita para la ocasión, en el afán de darle actualidad para poder cuestionar conflictos sociales vigentes. Situada en un tiempo inmediatamente posterior a la crisis del 2001, la obra intenta retratar un punto de inflexión en la historia argentina que supuso la pérdida de los valores solidarios para embarcarnos en un oscuro viaje hacia el individualismo.

Una pequeña historia puntual, concreta, carente de metáforas que, sin embargo, recrea y refleja a la perfección el mapa social argentino de los últimos años, la banalidad, el descrédito, la pérdida de ideales. Los hundidos y los salvados, los inescrupulosos, los necios, los aún soñadores, los estúpidos, los culpables, los culposos, los que gritaban que se vayan todos pero sólo podían mirarse el ombligo, los que se fueron, los que se quedaron, los que sufrieron, los que perdieron, estamos todos ahí como pequeñas astillas de una realidad que todavía nos duele. Por eso los espectadores tampoco podemos quedar indiferentes, algo de lo que vemos en escena nos refleja profundamente y nos llena de preguntas.

Un buen texto, una buena dirección y una música acorde (da escalofrío escuchar ?Fuga y misterio? de Astor Piazzola, melodía que quedó lamentablemente identificada con esa sucursal televisiva del menemismo que fue el programa Tiempo Nuevo) acompañan las buenas actuaciones de un elenco que resulta (aún en la exasperación, el estereotipo o el extremismo) sumamente creíble, lo que no es poca cosa. Por eso pienso que la densidad de la obra está puesta en la complejidad vital de cada uno de los personajes, esa complejidad que los atormenta y los acorrala. Como espectadores no podemos dejar de sentir rechazo, miedo, hasta repulsión. Ninguno nos inspira piedad quizá porque lo que ellos dejan ver se parece demasiado a nosotros.

Cuatro seres desorientados que buscan redefinirse en épocas de crisis profunda aunque esa búsqueda los lleve al vacío, a la banalidad, al deterioro moral y al consumismo acérrimo. Alguno tal vez pueda salvarse.

Uno obra para pensar quiénes somos, quiénes fuimos y en quiénes nos vamos convirtiendo como sociedad, como seres sociales. Una buena oportunidad también para pensar (eso es lo mejor) quiénes, finalmente, queremos ser.

Publicado en Leedor el 25-11-2011