Hugo del Carril

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La exhibición de Amorina por la TV Pública y La sentencia en un Ciclo del Centro Cultural Rojas dan pistas para conocer a un realizador que espera ser analizado.Descubriendo el cine de Hugo del Carril

Pensábamos en un principio titular esta nota Redescubriendo el cine de Hugo del Carril. Pero creemos no equivocarnos al usar éste, dejando de lado el prefijo que supone repetición. La obra de este director fundamental del cine argentino merece una revisión urgente y justiciera. O mejor dicho, un descubrimiento, ya que la mayoría de quienes estudian, hacen o escriben sobre cine argentino, la conocen apenas tangencialmente y por un par de títulos como el siempre citado Las aguas bajan turbias y si nos animamos a ir un poco más lejos, Más allá del olvido. Ambas con edicion en dvd.

En la nocturna Filmoteca, Peña y Manes proyectaron hace poco Amorina, título con audacias visuales que como bien apuntaron sus conductores, acompañan el enloquecimiento gradual de la protagonista (Tita Merello) yendo desde el naturalismo inicial hasta un expresionismo pocas veces visto. Se hablaba del rigor de Tinayre para con sus actrices, pero se entiende por qué la Merello decía que Del Carril era un director exigente, cuando se la ve por largos minutos en la terraza de Ezeiza azotada por una tormenta y baño de agua extremo. Los planos de la empapada actriz, ya madura por entonces, se alternan con tomas alucinantes de una hélice del cuatrimotor que está a punto de llevarse a su esposo bien lejos de su posesividad. Caramba. Minutos antes, tal vez de la pluma de César Tiempo, Hugo del Carril intercambia con María Aurelia Bissuti unas líneas memorables: -Cómo estás?, le pregunta ella, su joven amante a punto de dejar de serlo. El le contesta: -Acá me ves, pagando los intereses de una deuda tremenda?la de vivir. El hombre, culpable de sus errores, es una constante que notamos en el cine del director en ese momento, reflejado en esa Amorina, Culpable y La Sentencia.

Unos días después, dentro del ciclo Hugo del Carril, idealismo y constancia que programó el Centro Cultural Ricardo Rojas, pudo verse precisamente La sentencia, film maldito del director rescatado por Gustavo Cabrera, biógrafo de Hugo y convocado como curador del ciclo. La proyección de esta historia de juicio, fiscal malo y abogados según estaba de moda en esos tiempos, dejó asombrados a los espectadores presentes en la sala Batato Barea. Fue justificado: su visionado después de tantos años, debería servir para rescatarla como el film más sensual y sexual del realizador. Las escenas de sexo y amor entre Virginia Lago y Emilio Alfaro tienen una intensidad y poesía que podrían ubicarse como una cuña entre aquellas filmadas por los más jóvenes y antiperonistas directores de aquella generación del 60. Más aún, sorprende el grado de audacia formal y experimentación en escenas fuera de contexto del cine nacional de aquella época, que hasta pareciera emparentarlo con climas de Füller o Berlanga: un patio sirve para reunir a una decena de grotescos habitantes de conventillo que miran en televisión una película española. Ese mismo patio sirve de escenario a un inusitado momento actuado por Beba Bidart. La secuencia comienza con un plano de la cabeza de la Bidart invertida, en un plano de difícil decodificación inmediata; después de un par de segundos el plano abre y vemos que está acostada y retorciéndose con furia, mientras la sostienen entre cuatro o más; tiene un pañuelo en la boca y está sufriendo un ataque de epilepsia. Inesperado, impactante. Son formas de un creador para condenar el entorno que a la vez está condenando a los dos protagonistas. Como una tregua, a ellos les dedica junto al río, planos de una poderosa poesía visual al rescatar ?como el tímido protagonista- lo mejor de la joven mujerzuela en sus manos, rostro y rodillas. Romanticismo visual que tal vez tengan como origen el hecho de que Del Carril acababa de unirse a su esposa Violeta y evidentemente estaba en estado de gracia, enamorado, audaz y rejuvenecido? hasta animarse a usar un pequeño jopo postizo en sus planos como el abogado defensor. Vale notar que las secuencias en la corte, con los testimonios del acusado Alfaro y testigos, parecen dirigidas a desgano y contrastan con la fuerza del racconto, filmado básicamente en exteriores de un Florencio Varela de calles de barro, que trasmiten una gran autenticidad, opresión y falta de ascenso social, tanto como (otra) la opresiva madre (Blanca del Prado).

Esa autenticidad que ha pasado por alto en los análisis que se han hecho de la obra de este realizador inquieto, idealista y romántico en el sentido que se le daba al término a principios de siglo pasado.
Las constantes que tradicionalmente se mencionan en el cine de Del Carril son la preocupación social y lo rebuscados o cursi de los guiones de Eduardo Borrás, su colaborador y compañero de ruta creativa. Una segunda ola, revisionista, en la que puede incluirse al citado Cabrera, a Abel Posadas, Peña y críticos como Castagna y Wolf, rescató la obra maestra Más allá del olvido como cumbre del melodrama. Es hora de que comiencen a mirarse desde otra perspectiva sus películas y todo lo bueno que tienen por enseñarnos del director y su época.

Dentro del ciclo Hugo del Carril, del Centro Cultural Rojas, se proyectará este miércoles a las 19.00 Culpable, con Hugo del Carril, Roberto Escalada, Ernesto Bianco.
Sala Batato Barea, entrada libre y gratuita.
Corrientes 2030, Ciudad de Buenos Aires.

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