Bryce

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Lima vive una experiencia intensa: ?Fernando Bryce, dibujando la historia moderna?, una exposición que ofrece más de 2000 obras del artista. Fernando Bryce, dibujando la historia moderna. Del 28 de octubre de 2011 al 5 de febrero de 2012.
Curada por Natalia Majluf, directora del MALI y Tatiana Cuevas.
Museo de Arte Lima. Fundación Teléfonica, Lima.
www.mali.pe

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Fernando Bryce (Lima, 1965) es un artista peruano formado con Leslie Lee, luego en la Universidad Paris VIII y en el taller de Christian Boltanski en la Ecole de Beaux Arts. Reside en Berlín desde 1990. Sus obras integran colecciones en todo el mundo y ha participado de numerosas bienales.

Esta exposición, que se distribuye en dos sedes, es la mayor antológica organizada hasta ahora en relación a su obra. Un hito anterior fue la que tuvo lugar en la Fundación Tàpies de Barcelona en 2005.

En este caso, se tratan de más de 2000 piezas realizadas entre 1997 y 2011, procedentes de colecciones públicas y privadas de Alemania, España, Estados Unidos, Perú y Suiza.

Dibujando el archivo

Lo primero que sucede es el asombro. Se trata de ver los amplios salones del MALI repletos de dibujos de Bryce, abordando todos los grandes sucesos del siglo pasado: las dos guerras mundiales, el imperialismo europeo, la Guerra Civil Española, la Guerra Fría, el cine, el sistema de los objetos disparado desde la máquina de la publicidad.

El trabajo que condensan es el de reproducir, por series, (llamó a su método en sus comienzo ?análisis mimético?) las piezas cotidianas de la cultura de masas en su formato gráfico, afichístico y publicitario. Sumamente paciente y meticuloso, utilizando la misma materia que sus originales, recreándolos de manera naturalista, como si fueran libros medievales o colecciones de maravillas del siglo 18, ejerciendo una reflexión crítica extraña: a mitad de camino entre el cronista y el copista, el científico y y al mismo tiempo encuadrándose en una de las prácticas contemporáneas más profusas y complejas: el impulso de archivo, el trabajo sobre la documentación, la base de datos, la historia, el recuerdo, la memoria social y política. Este aspecto es central: dentro de la teoría del arte ocupa un espacio creciente, especialmente a partir de los trabajos de Hal Foster y Marita Sturken, que repararan en esta tendencia de los artistas a partir de la década del 60, pero con antecedentes desde comienzo de siglo pasado.

Estos intelectuales cruzan el lugar del artista con el del historiador, el cronista, el investigador, el antropólogo, el filósofo y el etnógrafo, poniendo en tensión el viejo tópico de la distinción entre las perspectivas etic/emic, el observador y el observado, en sus condiciones mismas de enunciabilidad. En lengua hispana acaba de editarse el libro de Anna María Guasch,? Arte y archivo 1920-2010 ?Genealogías, tipologías?, de editorial AKAL de Madrid.

En esta línea de lectura, Bryce realiza un doble movimiento: revisa y extrae el archivo como un investigador obsesivo para mostrarlo en un museo, como su copia estética, valuada como objeto de arte, y por lo tanto coleccionable. Los coleccionistas en este caso no se disputan los archivos sino su catálogo exquisito, su reproducción, casi idéntica pero infinitamente más bella y valiosa que su facsímil en papel prensa.

Un espacio especial del MALI exhibe: Visión de la pintura occidental (2002), instalación que toma como punto de partida el proyecto del Museo de Reproducciones Pictóricas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, un suerte de Museo de Calcos de las grandes obas de la pintura universal, realizadas con préstamos de la Fundación Rockefeller (y la labor del artista reproduce son su tinta y papel cada una de las cartas, presentaciones, presupuestos y solicitudes), que pone de manifiesto la relación compleja del sistema de arte en el Perú y su inserción en la red museística, su falta de políticas y al mismo tiempo la necesidad de asimilarse a las fuentes europeas más tradicionales del arte, como base de una cultura artística legitimada.

Como en el postulado de los OULIPO, el mundo moderno ha producido de la mano de Bryce (y este es el aspecto más creativo y creador de su inmensa producción de dibujos), su momento sublime, ?el plagio por anticipación?, problematizando el lugar de la copia en la cultura de masas, a partir de la producción de objetos estéticos de alto valor en colecciones.

Me gustaría destacar una breve nota sobre la factura de estos dibujos, diseñador e iluminados con tinta: también guardan sus errores, sus arrepentimientos, sus posibles palimpsestos, con una vitalidad propia del gesto de Bryce y su laboriosidad, evidenciando las condiciones de producción de estas piezas que no pierden texturas ni materia.

El momento histórico que toma además se vuelve altamente significativo hoy, siendo problematizado por la teoría y la práctica artística contemporánea en relación al debate de las vanguardias, las nacionalidades, lo local/global, el estado-nación, el colonialismo, el posculturalismo, etc etc etc? convirtiendo su propuesta en un momento sintético y expresivo de buena parte del arte contemporáneo.

L´Humanité

Acompaña la muestra una publicación especial, L?Humanité (2010), que reúne impresiones que podríamos llamar facsimilares, de sus dibujos, seleccionando una serie que fuera presentada originalmente en la galería Joan Prats de Barcelona, exhibida en 2011 en la Bienal de Lyon, centrados en el universo de la cultura de masas, a través de los principales medios gráficos, publicidades y afiches de cine de los años 30. L´Humanité era el periódico del Partico Comunista Francés, fundado por Jean Jaurés en 1904. L´Huma continúa editándose, aunque ya no esté ligado al PC.

Esta impresión, que consta de casi 50 reproducciones de sus dibujos que reproducen de manera manual distintas carátulas de medios como Le Petit Journal (6/5/1931), The Washington Post (5/5/1930), The New York Times (15/4/1931), Die Rote Fahne (12/1/1933) o El Comercio (Lima, 30/1/1934)?

Y esto es un detalle no menor: pone delante de nuestros ojos la periodización ?diaria? de la información, un concepto que hoy ya no nos rige de manera absoluta al circular la información de forma actualizada y efímera a cada instante por vía digital en la totalidad de los medios masivos otrora gráficos.

Es decir, se recupera en esta publicación (que en sí misma tiene formato de periódico) la idea de ?tapa?, de ?titular?, de imagen ilustrativa, de epígrafe, de negrita y cursiva, de letras capitales, de un universo tipográfico; y abundan los mapas, los croquis y las caricaturas, y también los saltos de columna, de página, la diagramación manual, el recuadro, el ícono y el logo, el copete, la volanta, la bajada? una riqueza visual que nos hace sentir que en ese archivo está contenido mucho más que la mera enunciación del mundo moderno en una de sus formas privilegiadas. Sin hipervínculos, sin pop ups, sin tablets, sin videos? un dispositivo tan lejano como fascinante, una de las tecnologías más revolucionarias de la civilización occidental: la palabra impresa, el libro.

Quizás por eso esta edición de facsímiles de Bryce se llama con el nombre del periódico L´Humanité. Parafraseando a Sloterdijk y sus Normas para el Parque Humano, la humanidad como adjetivo provoca una telecomunicación fundadora de amistad por medio de la escritura. El arte es similar, y ocupa el lugar de las cartas en este poshumanismo, con artistas de gesto -político y estético- que rescatan el mundo, dibujándolo.

Publicado en Leedor el 17-11-2011