Cachafaz

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Dos obras teatrales del inefable Copi que hacen dialogar la gauchesca, las letras del tango, el sainete, el panfleto revolucionario y hasta el teatro griego. Cachafaz/La sombra de Wenceslao
Copi
(Adriana Hidalgo editora, 2002, 188 págs.)

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Copi, Raúl Damonte, nació en Buenos Aires en 1939 y murió en París en 1987. Además de ser dibujante de cómics, escribió once obras teatrales ?algunas interpretadas por él mismo?, cinco novelas y una serie de narraciones cortas. En la Argentina dio a conocer sus primeros dibujos e historietas y estrenó una pieza teatral: ?Un ángel para la señora Lisca? (1960). Hasta años después de su muerte fue prácticamente ignorado en nuestro país. En Francia recibió el Premio de la Ville de París al mejor autor dramático. Esta síntesis se hace necesaria antes de hablar de la obra de este autor, dueño de una escritura muy particular que desafía al lector en forma constante.

Si hay un eje a partir del cual podemos analizar las dos obras teatrales que reúne este volumen al que nos referimos, este es el de la parodia. ?Cachafaz? y ?La sombra de Wenceslao? mantienen un diálogo intertextual con la gauchesca, las letras del tango, el sainete, el panfleto revolucionario y hasta el teatro griego. La anécdota, entonces, es lo de menos: las catástrofes se suceden unas tras otras y los personajes las transitan actualizando prototipos como son el cafisho; la prostituta/travesti; el estanciero rico; el hijo no reconocido; la actriz y su representante, ambos sin escrúpulos; y los diferentes coros a la manera griega que dialogan con los personajes.

Estos personajes de Copi pertenecen al mundo de la marginalidad característico de nuestra sociedad contemporánea y tienen en común el hecho de vivir al otro lado de la sociedad, sin ajustarse a sus normas, pero intentando sobrevivir en medio de sus pasiones. Personajes como estos solo podrían sumergirse en historias dramáticas. Y, en efecto, sobre el escenario se sucederán las más terribles historias: la muerte en sus distintas versiones, el miedo, la angustia, la soledad, la falta de amor, el abandono, el egoísmo. Sin embargo, todo esto es tratado con un distanciamiento que es el que le da la parodia. Para el autor argentino, lo cómico y lo trágico son dos caras de una misma moneda.

Si nos referimos al lenguaje de las dos obras, éste es brutal, provocador, descarnado. La comunicación entre los personajes es a veces tan precaria que la palabra es simplemente un medio para mantener el contacto. La ironía, la irreverencia y la provocación son tres constantes que los críticos señalan en la obra de Copi y son las que han hecho de este un autor maldito. No solo estamos en presencia de un lenguaje coloquial; va más allá de esto: es un lenguaje visceral, crudo, que puede molestar al lector desprevenido, pero que jamás le resultará indiferente.

La anécdota de Cachafaz, la primera obra del volumen, es sencilla: hay una pareja en un conventillo, Cachafaz y Raulito, a quienes los vecinos les recriminan su falta de moralidad. La policía llama a la puerta. Una y otra vez, ambos matarán a los policías que los buscan, para carnearlos y alimentar al barrio. Precisamente, a través de las relaciones entre los protagonistas, y entre estos, los vecinos y la policía es que pasamos de la tragedia griega a lo gauchesco, de la historia personal entre un cafisho y un travesti a un panfleto revolucionario y utópico. Cachafaz y Raulito oscilan entre lo doméstico y lo heroico, entre lo cómico y lo dramático, pero sin llegar jamás al llanto.

En esta obra, entonces, está el tema de la sexualidad, la homosexualidad y el travestismo que van a recorrer toda la obra de Copi de manera espectacular, burlesca y paródica. Para este autor la sexualidad y la homosexualidad, en particular, es algo que también se puede ?y se debe? representar, pero sin dramatismos, no como una condición forzosa, sino como un acto teatral. Con ello, el autor logra no sólo parodiar el discurso gay sino que hace de este un cuestionamiento social y, en consecuencia, una sátira de la sociedad. Como dato anecdótico, Raulito nos conduce al nombre verdadero de Copi, Raúl, y a su propia condición homosexual.

?La sombra de Wenceslao? también nos remite a la gauchesca, pero también al tango y al sainete: tres expresiones que definen, en cierta medida, lo nacional. Lejos de Argentina, Copi elige aquello que nos identifica y construye una nueva mitología de seres que parodian personajes que el cine y la literatura transitaron en forma constante: el patrón que tiene un hijo natural que vive en la pobreza; ese hijo natural que se sobrepone a su origen y se recibe de abogado; la eterna e incondicional amante; la esposa/actriz ambiciosa; el empresario que se vale de sus influencias y su posición; sin embargo, todos invierten los valores de aquellos que les sirven de modelo, todos tienen el sello Copi que los hace tragicómicos y que impide al lector identificarse totalmente con alguno de ellos.

Finalmente, y como se puede leer en la contratapa del libro, Copi es una rotunda puesta en práctica de la tesis de Borges: ?Todo lo que hagamos con felicidad los escritores argentinos pertenecerá a la tradición argentina?. Por su temática, por su lenguaje, por sus personajes, por los géneros que aborda, Copi es argentino y como lectores conviene que nos hagamos un tiempo para leer ?Cachafaz? y ?La sombra de Wenceslao?. Al hacerlo, colaboraremos para que este autor sea incluido en nuestra literatura y se lo reconozca como parte del teatro nacional.

Publicado en Leedor el 14-11-2011