Quién es yo…César Bustillo

0
20

Un libro homenajea a César Bustillo, rara avis del arte argentino.QUIEN ES YO?
LILIANA PORFIRI

- Publicidad -

Para los que no la conocen, cosa que dudo en esta instancia, Liliana es madre de 4 hijos maravillosos, se ha dedicado desde siempre a la docencia, es Museóloga y es actualmente la directora de museos de la Municipalidad de Berazategui. Además creo que es indispensable señalar dos actitudes fundamentales que la marcan: su instintiva solidaridad y la pasión que ha puesto y pone todos los días en su trabajo y en su vida, y esto es inusual porque en ello muchas veces pone el cuerpo, literalmente hablando.

Por lo que para mí es un gran honor, al margen de una emoción estar presente hoy presentando, valga la redundancia, el primer libro de una gran amiga a la cual quiero y respeto en todos los sentidos.

Quien es yo? es un objeto del cual conozco su historia y su contexto. Contexto al cual ambas pertenecemos, sí confieso, en diferente grado de compromiso afectivo.
Me estoy refiriendo a Plátanos.

Creo, que es siempre muy difícil desprenderse, y mucho más en este caso, de la relación que existe entre el sujeto textual llamado Liliana Porfiri, del sujeto social del mismo nombre, anclada al mismo espacio, por historia personal, y quien viene trabajando sin pausa en el ámbito de la cultura, en un municipio, al cual pertenece tanto ella como su objeto de trabajo: César Bustillo.

Porque decir Plátanos es decir Bustillo claramente. Y decir Bustillo es decir arte en su más pura esencia, como también es para el imaginario, no sólo de la crítica, sino de nuestro país, asociar su nombre a injusticia, y en esto me sumo, si, más radicalmente a aquellas oportunas palabras de otro querido amigo, a quien le debo mucho, que es Rafael Squirru, otra ?rara avis?, al cual le falta aún un merecido reconocimiento.

Porque este libro que surge en este contexto ?su contexto? nos abre la puerta de un Mundo, que fue y sigue siendo su mundo, que fue su taller y es a la vez el puntapié inicial de una curación. Ya que este libro tiene algo de sanador. Pero también, implícitamente tiene algo de justiciero.

Es posible que esta sea una de las razones por las cuales la biografía del sujeto empírico Liliana Porfiri podemos decir que influye intensamente en su producción, que por ahora llamaremos ?literaria?.

Por un lado está el autor, como figura del discurso (el sujeto textual) y por otra el autor marcado por una formación ideológica, es decir el (sujeto social), inscripto dentro de una cultura y de una historia. La tensión entre ambos nos remite a la pugna entre representación y construcción.

Y en esto adhiero al concepto de autor de Michel Foucault, uno de los legados filosóficos mas humanos, que nos dejo el siglo xx y hoy a su texto ?Que es un autor?: ??este no es un reflejo genético de su biografía, sino que surge de cruces lingüísticos, culturales y de un proyecto creador que se articula verbalmente?.

Es allí donde se anuda una circunstancia histórica con una identidad social, que es el lugar de la enunciación, donde una subjetividad se estructura, dentro de los discursos disponibles de una cultura.

¿Y cuales son esos discursos en este caso?

Vamos a comenzar por el título, porque ese es el comienzo de una elección, que define al proyecto creador. Porque Liliana ha sido respetuosa en su abordaje, por eso no eligió el relato biográfico, pudiéndolo hacer, ni se dejó tentar por la crítica de arte, que no es su terreno, felizmente.

Porque no es casual el nombre elegido: Quien es Yo?, un interrogante y a la vez la estrategia conciente que le permitió armar su discurso, sin apartarse en ninguna instancia de algo que comenzó como un guión museográfico, para una puesta en valor de un patrimonio tangible e intangible, pero que de hecho es mucho, pero mucho más que eso.

Porque considero que Quien es yo? es un homenaje a César Bustillo, un homenaje a Plátanos y en consecuencia a Berazategui y así siguiendo.

Todo el tiempo desde el comienzo hasta el final del texto Liliana se ha respondido, y nos ha respondido a los lectores, diría ?casi estrictamente?, desde el lugar de la Museóloga. Salvo en la pág. 11 donde indirectamente en una carta a Bustillo habla de cómo surge este irse entusiasmando con la puesta en valor del museo, luego de la donación de la familia Bustillo, donde juega no inocentemente con las frases Quien es yo? y Sólo reflejaras a mi alma en este recinto, que de algún modo ofician cómo una mezcla entre guía y mandato, y allí aprovecha para explicar el nacimiento de un verbo nuevo: ?bustillear?, del que poco a poco todos se apropiarán. Y es probable, que con el trascurrir del tiempo pase de ser una jerga del registro coloquial a formar parte de la lengua, ya no en forma regional, sino para remitir a un estado racional y emocional que genera una unión inexorable entre la naturaleza, el arte, y la poesía en particular, y porque no la literatura en general. Y que tan intrincado está con la estética bustilleana.

Luego lo explica más claramente en su introducción en la pág. 15, donde define al texto primero por lo que no es y luego intenta expresar lo que desea ser. Cito: ?la necesidad de compartir en tanto ágape el pensamiento y la obra de César Bustillo y llevar al corazón, sin mediaciones, el capital de sentimientos de un hombre, signado por la pasión por el arte y por? ¨ y ya abajo deja hablar a Bustillo, más precisamente a su alma.

Su elección ha sido ir contestando al interrogante inicial con el respeto de imaginar como César Bustillo hubiese querido mostrar su mundo, ya que estamos hablando de un hombre que no deseo formar parte del circuito del arte de su tiempo.

Y para esto Liliana ha trabajado exhaustivamente con el archivo perteneciente a la colección privada de la familia Bustillo, con el archivo Municipal de Fotografías antiguas y con el archivo del Museo taller César Bustillo.
A partir de ese trabajo de campo ha ido seleccionado en cada página material por material, pictórico, escultórico, familiar, la propia letra de César Bustillo grabada en las paredes del recinto sagrado que representa su taller, acotaciones al margen de sus libros, citas, cartas, algunos documentos, en 7 capítulos y a modo de collage que refrenda su palabra muchas veces gastada por el tiempo, con el texto repetido en cursiva.
Con lo cual ha dado cuenta de cómo el trabajo de Bustillo se entronca con lo popular, no como una postura intelectual, sino como una actitud existencial. Como su sensibilidad se detiene en las pequeñas grandes cosas que nos rodean y que se hace presente en su amado Plátanos y en sus imágenes que trasforma por medio del arte en una epopeya universal.
Por lo que su percepción del mundo no es ni testimonial, ni naif, sino en todo caso épica y poética, y donde siempre hay una función simbólica en sus imágenes. Cuyo paradigma es posible que sean los tan injustamente difamados murales, los cuales su autor se encargo de argumentarlos en un discurso realmente genial, que habla de donde, como y porque los realizó de esa manera y no de otra. Algo que no ameritaba ninguna justificación, sino en todo caso una contemplación.

Cerrando finalmente, en su último capítulo, con una carta de su hijo Alejandro Bustillo, (texto del catálogo de la exposición póstuma de la galería Witcomb), otra de su hermano Mario Bustillo y poemas de sus amigos Leopoldo Herrera y Gregorio Serventi, alguien con quien compartió mucho tiempo y quien debe de haber sido un interlocutor muy válido, como lo es todo aquél que nos saca fácilmente la risa. Para finalizar con un discurso de Fernando Demaría en la misma exposición póstuma de la Witcomb en 1969, que es una síntesis erudita y espiritual de la obra y la personalidad de César Bustillo y las palabras finales de Lili, en este uno de sus trabajos más queridos, donde interrumpe discursivamente el diálogo iniciado con una acertada cita de Paul Valery, que encierra inevitablemente el misterio que habita en cada existencia, donde siempre hay un juego de los opuestos, y donde la frontera entre la cercanía y el abismo es tan frágil como inexplicable, al menos para nosotros los humanos.

No obstante me atrevo a afirmar que Liliana ha recurrido a todos los materiales de que dispone una museóloga para armar un texto con rigurosidad intelectual, con sensibilidad, honestidad, si se quiere con humildad, fiel a su profesión de museóloga y a su acostumbrado apasionamiento por todo lo que hace.

Publicado en Leedor el 2-11-2011