La complejidad en la historia

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La historia es como un río. En nuestro caso, más bien, como el Río de la Plata con sus sinuosidades, impulsos y obstáculos.De la complejidad en la historia

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La historia recorre sin solución de continuidad un sendero en sincronía, nunca lineal, que se bifurca y vuelve a encontrarse, a veces en forma fortuita y otras determinada, con cambios de ritmo, de tempo y de velocidad. En el medio transitamos nosotros, padres de los piojos y abuelos de la nada, como decía Marechal. Juntos o separados, revueltos o apelmazados; acompañamos, dirigimos o alcanzamos las trayectorias que el devenir nos tiene preparado, en un alarde de determinismo, no carente de sinuosidades, impulsos y obstáculos.

La oposición sociedad ? individuo es puramente analítica; en la práctica cotidiana, en la realidad, saltamos permanentemente, en forma gestáltica de uno a otro ámbito. Expresiones del sentido común que brotan de la boca; casi en forma inconsciente y aún a veces, como mostró Freud, en forma no deseada. Los exabruptos huyen por sus propios medios. La comunidad que nos rodea, material o virtualmente, invade nuestros actos a cada instante; somos, fundamentalmente, seres sociales, concientes de la conciencia de nuestra individualidad. Somos entonces portadores de una complejidad ociosa que se revela creativa y confusa.

(No somos ni pretendemos ser originales cuando decimos que la historia se asemeja a un río. La particularidad, tal vez, sea que nuestra historia se asemeja a la de un río en particular, el Río de la Plata. La variabilidad y los contrastes de ese inmenso río se nos ha impregnado a sus vecinos, debido al constante respirar de su humedad. Un río ancho como el mar, con oleaje e islas en su interior. Con corrientes y turbulencias. Con barro y sedimento de este lado, con arena y piedra del lado oriental. Un río que tiene delta pero a la vez estuario. En definitiva, un río que vive en permanente contradicción, majestuoso y extraño.)

La complejidad es una propiedad del lente con el que se analiza el fenómeno. Así el universo mismo puede ser considerado un objeto tan simple como una caja negra, o bien una ameba puede ser un objeto tan complejo que su estudio implique toparse con atractores extraños, sensibilidad a las condiciones iniciales o dibujos fractales. En la historia nos vemos arrastrados por las corrientes que avanzan inexorablemente a través del tiempo pero con velocidades cambiantes y hasta con direcciones opuestas, al menos por cortos plazos.

Las características que permiten identificar a un fenómeno como complejo son: la extrema sensibilidad a las condiciones iniciales (conocido como el efecto mariposa); las interacciones locales que generan cambios globales (y permiten ver las relaciones entre la agencia y la estructura); la posibilidad de generar nuevas estructuras a partir de un cambio endógeno (atributo este que vincula a estas teorías con la dialéctica); la chance de mantener el estado pese a las perturbaciones del sistema (característica que fue la más exacerbada por los conservadores).

Las teorías del caos y de la complejidad son deterministas, pero ese determinismo no significa, de ningún modo, linealidad. Si se conocieran exactamente las posiciones iniciales de cualquier proceso caótico, podría determinarse sin mayor problema la trayectoria seguida. Una predicción o una retrodicción. El demonio de Laplace vuelve al ruedo, luego de su apogeo napoleónico, con la diferencia sustancial que hoy día sabemos que es prácticamente imposible conocer esas condiciones iniciales en su totalidad y sólo nos queda la aproximación empírica, la experimentación en condiciones controladas y la intuición generosa.

Estas teorías, que en los últimos años sufieron una explosión demográfica de técnicas y métodos con anclaje computacional y por lo tanto una profundización de sus supuestos e hipótesis, impregnan una nueva forma de ver la historia. El tan necesario revisionismo no implica únicamente una punto de vista diferente sobre algún momento de la historia, sino también un cambio de paradigma desde la propia epistemología, es decir desde la forma en que se percibe la propia dinámica temporal y por lo tanto el propio devenir histórico.

Publicado en Leedor el 2-11-2011