Le viste la cara a Dios

2
33

Dice Gabriela Cabezón Cámara en su interesante versión de la Beya Durmiente.El cuento Le viste la cara a Dios empieza con este párrafo: ?Si el fin del torturador es provocar la presencia absoluta del que tiene atado para sojuzgarlo entero con laceración y dolor, el objetivo del torturado es tomarse el palo?, y ya compramos, no hay dudas.

Esta Beya Durmiente mantiene el elemento fundamental de su parónima original puesta por escrito por Perrault y los Grimm, y es justamente el desear dormir.

Desear dormir, porque durante las 25 páginas apenas lo logra. Y no es un detalle menor; la original, si algo hacía era estar en sus sueños, en la noche de los años, hasta que venga el príncipe a despertarla. Dormir es en el cuento original un castigo, el embrujo que un ser maligno infringe de puro resentida a la pobre Niña.

En el mundo contemporáneo, donde la trata de personas es el tercer negocio más lucrativo de todos cuantos inventó nuestra cultura, dormir sería un paraíso, un descanso, un despertar de esa vida pesadilla. Calderoniana, además, o sea, barroca (de punta seca), nuestra escritora.

Este texto es el estilo de Gabriela Cabezón Cámara en estado reloaded. Luego de haber leído su primera novela, La virgen Cabeza (2009) y su cuento No mata (Outsider, 2011), puedo permitirme hablar de la literatura cabezona, con todo respeto. Una literatura donde la literatura clásica marca, no sólo en textos primeros sino también en rimas y formas. Hay un juego muy interesante con la tradición de la literatura española del siglo de oro, que ya estaba en La Virgen? para contarnos una historia más cercana al mundo que puede plantear Osvaldo Lamborghini en El Fiord, el Pibe Barulo o los mismísimos Tadeys.

De una mezcla como esta se sale a pura originalidad, inventando un modo de estar propio, sin demasiada psicoanalítica sino más bien a voladura vertiginosa, con personajes que lo son todo siempre a pura piña, a pura patada, a puro tajo, a pura penetración, a pura leche, a pura merca, a pura amenaza. Y a pura salvación.

Como en La Virgen?, nuestra Bella es de esas heroínas escorpianas que se hunden en el barro de los muertos para luego salir, personajes trans, dobles, a la que le toca atender el inframundo pero que sabe resucitar y ascender a los cielos cuando llegue la ocasión y de la mano de San Jorge, para exiliarse en otro país, o a medio camino y vivir la gran vida. Esta Beya se la da a todos, y nos permite por fin tener una versión feminista, vengadora y lumpen, sosteniendo el final feliz de la versión de Disney con una sorna demoledora.

Si Sigueleyendo va a ofrecer textos con este nivel de escritura, por sólo 1 é, creo que dará gusto volver a revisar la infancia y sus tiernos clásicos?

Publicado en Leedor el 20-10-2011