La senda tenebrosa

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A traves de 315 películas este libro recorre el imaginario femenino en el cine argentino entre 1990 y 2007.EL TANGO MASOQUISTA o LA IMAGEN DE LA MUJER
EN EL CINE ARGENTINO (1990-2007)

El libro de José Luis Visconti se llama LA SENDA TENEBROSA ?como aquella película de Bogart- y lleva por subtítulo Una aproximación a la imagen de la mujer en el cine argentino (1990-2007). Lo primero que llama la atención es la abundante filmografía recorrida y el hecho de que el autor no califique a las películas. Esto es lo que debe ocurrir en toda investigación que se precie de objetiva, si es que la objetividad existe en las ciencias sociales. Se trata de un recorrido a lo largo de trescientas quince películas ?si contamos bien-, en donde el autor intenta poner en claro cuál ha sido el destino de la mujer en el imaginario de ese lapso a través del cine.

El propio Visconti reconoce que, indudablemente, la TV es ahora mucho más poderosa y nosotros agregaríamos también bastante más retrógrada: desde la publicidad en la que aparecen amas de casa idiotas hasta las masas de carne que desnudan su alma en los programas de chimentos la imagen de la mujer aparece algo más que ligeramente envilecida. Así, aún en programas que se suponían de alguna jerarquía había mujeres asesinas.

Los años 90 conocieron el fin del relato tradicional del cine argentino, coincidente en más de un aspecto con el prodigioso menemismo. Visconti va más allá y admite que el final de la dictadura no significó cambio alguno en el así llamado minidestape alfonsinista. Los títulos de los diversos capítulos ?Dominio y dependencia, La violencia sobre la mujer, El cuerpo como objeto, Mirando atrás con rabia, Miradas particulares pueden dar una idea al lector sobre el material que va a leer. Naturalmente, no habrá ninguna sorpresa en el caso de Pol-ka Producciones o Telefé.

Sí, puede haberlas, por ejemplo, cuando Visconti se ocupa de Adolfo Aristarain y de Eliseo Subiela. Una reflexión general sobre Aristarain y su cine es la siguiente: “Cuando el que muere es uno de los hombres, esa instancia es asumida como una tristeza que lo abarca todo. (?= Pero cuando la muerte es la de alguna de las mujeres, se produce una parálisis casi definitiva, una sensación de que esa muerte ha arrasado con todo, incluso con el más mínimo margen de seguridad con el que los hombres contaban?. Son reflexiones como ésta las que obligan al lector a pensar y repensar la filmografía de un director, que en este caso, ya es algo extensa. Al hablar de Subiela y Aristarain Visconti pone en tela de juicio la teoría del cine de autor y admite que con el correr del tiempo el asunto se ha vuelto problemático.

Sin embargo, cuando menciona a María Luis Bemberg y a YO, LA PEOR DE TODAS, dice textualmente: ?Lo que la directora realiza a lo largo del film es un desmonte de la negación del lugar de la mujer en la sociedad (?) no se trata de la mirada hacia el pasado a través de un personaje histórico sino de reflexionar sobre el presente a través de él?. En el capítulo dedicado a la prostitución desfilan los estereotipos ofrecidos por directores nuevos ? Daniel Burman y Todas las azafatas van al cielo– o veteranos como Fernando Ayala y Dios los cría– Es verdad que el autor del libro toma partido por el Nuevo Cine Argentino, aunque no por eso deja de señalar que creer que el cine ha modificado la visión acerca de la mujer sería un error. En todo caso, aparecen allí otros elementos que la vorágine televisiva no puede adoptar para si?.

Resulta un verdadero desafío el análisis del cine hecho por mujeres donde Visconti distingue varias generaciones a partir de Bemberg, Lita Stantic y Rosalía Polizzi. Es curiosa la manera en que desmonta de manera negativa el producto que lanzara al mercado Lucía Puenzo con XXY, denunciándolo como un relato perteneciente a décadas
pasadas. Asimismo, distingue a Albertina Carri, Ana Katz y Lucrecia Martel por el salto de calidad que representan y también por la forma en que los universos de las tres dialogan entre si.

Hay algún leve error ?el personaje de La maestra normal, según novela de Manuel Gálvez, se llama Raselda y no Rosenda, aunque dudamos que a alguien le interesa un dato que pertenece a 1914-. Además, es imposible coincidir en un todo con Visconti. Lo interesante de este libro es que se presta a la polémica en un momento en el que casi no existen ideas para un debate. Esto suele confundirse con un intercambio de insultos. Es, precisamente, lo que Visconti no hace. Va desmontando con enorme paciencia las más de trescientas películas que le han tocado en suerte. Y, a nuestro juicio, algunas de ellas son para sufrir un colapso. Él tiene suerte: no lo tiene en ningún momento. El libro fue editado por Simurg en 2009 y el correo del autor, según figura allí es ROCAMADUR1968@yahoo.com

Publicado en Leedor el 3-10-2011