Como pez frente al anzuelo

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Acertada combinacion de teatro con show musical para hablar de la búsqueda del amor.

?soy el pez chico
voy a tus dientes
todos los asuntos están en orden
no hay forma alguna de alterar mi destino
de refrán??
Susana Thénon

Sabemos que, paradójicamente, la Era de las Comunicaciones nos ha dejado más desamparados que nunca; creemos que nada resulta más fácil que estar conectados, que lo estamos y que todo está tan cerca que ya no podríamos ir más lejos. Pero si ahondamos más allá de la superficie, de nuestro pequeño charquito de agua estancada, de nuestra pequeña isla de vanidades, nos damos cuenta de cuán difícil es conectarse verdaderamente con un otro (humano, por favor), desde la sensibilidad, la ternura o la magia. Aparecen entonces las preguntas: ¿Es romanticismo estúpido pretender una relación sana en el siglo XXI? ¿Vale la pena la búsqueda? ¿O estamos condenados a la soledad (esa soledad acompañada de otras soledades idénticas a la nuestra)?

No hay, por supuesto, ninguna respuesta a estas preguntas, sólo quedan los intentos, seguir intentando, salir a pescar un ejemplar digno, el pez gordo. Y así como si nada, y casi sin darnos cuenta, nos convertimos en el pez chico, devorable, indefenso y tontamente enamorado, no escapamos ni a los refranes, ni a las redes ni al amor. Por la boca muere el pez y punto.

Como pez frente al anzuelo habla de la búsqueda del amor, del encuentro, de nuestras formas (enfermizas, patológicas, extrañas, patéticas, tímidas?) de relacionarnos, a partir de una acertadísima combinación de teatro con show musical. Podríamos definir el espectáculo como una comedia unipersonal musical pero entendemos que es mucho más que eso (ojalá tuviera yo la palabra exacta que lo abarque pero tal vez sea tan indefinible como el amor).

Dolores Ocampo, cuyo talento como actriz y cantante ya conocimos en Lisboa, el viaje etílico, nos invita a navegar durante una hora por las aguas turbias y tormentosas de las relaciones amorosas. Mientras relata sus desencuentros e intentos fallidos nos deleita con un hermoso repertorio de canciones populares (que van desde ?Tratado de impaciencia? de Sabina hasta ?la llorona? que tan bellamente ha interpretado Chavela Vergas; desde el chamamé, pasando por el reggaeton hasta el tango). Así, conocemos su historia con Ramírez, un as de los placeres culinarios; Rodolfo y su espiritualidad, el que la deja para casarse con otra, el que la deja por otro, el amor virtual (el pez atrapado en las redes sociales); todos lugares (casi) comunes que toman nuevo color en una obra que, lejos del despecho, la conmiseración o la condena social, puede reírse de los más trágico, del desconsuelo que da la soledad.

Una brillante actuación que transita por el humor absurdo y la emoción sincera, una voz que endulza y envuelve a los espectadores con su magia y una banda que se luce y deja con ganas de más, son motivos suficientes para acercarse al Kafka, cualquier domingo de estos, cuando cae la tarde.

Buena opción para un día que suele ser difícil, buena opción para pensar sobre el amor (esa palabra) desde el humor, que es la mejor manera de pensar.

Publicado en Leedor el 29-09-2011