Moris y Antonio Birabent

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Moris y Antonio Birabent en el ND Ateneo presentaron Familia Canción.
Amor hereditario.

Hace exactamente treinta años, Moris volvía a presentarse en la Argentina, después de su exilio español. En el entonces llamado Estadio Obras, el público desbordó los controles policiales invadiendo el escenario. Faltaba todavía un año y pico de dictadura, con Malvinas en el medio.

Ayer no más.

Pasó el tiempo. Mucho. Un hijo de Moris, lo acompañó en sus grupos y con el tiempo hizo una carrera como cantante y como actor. Antonio Birabent, hijo de Mauricio.

Hoy, en un proyecto donde el afecto y la admiración son el motor, lo acompaña en su abandono del silencio después de años. Familia canción se llama el album y el espectáculo, en gira nacional.
Es poco frecuente que se presenten padres e hijos sobre un escenario.
Que lo hagan desde el rock & pop, menos aún.

Desde el momento en que las luces se encendieron para verlos avanzar desde el fondo de la escena con sus guitarras, la conexión existe.
Padre e hijo tienen sus repertorios respectivos y sus fans particulares, así como sus propios encantos y maneras de seducir al público.

Canciones ya conocidas para despertar la chispa interna, se suman a las del nuevo CD, en las que uno y otro le ponen la letra o la música indistintamente y en las que se fusionan los estilos de ambos: la sugestión de Antonio, la porteñidad de Moris, con letras y títulos que remiten a misterios de la ciudad y más allá, hablando de fábricas al costado de la ruta o camioneros que hablan en brasilero o guaraní.

Moris rockeó con zapatos de gamuza azul y cuarenta millones en el bolsillo. Antonio abrazó su guitarra mientras el mítico pionero lamía sus heridas después del anochecer de un sábado a la noche agitado. En todo caso, contenidos con un grupo de sutilezas, quedó presente el cuidado y el amor, junto con la admiración, del hijo por su padre. Ese sentimiento se percibió en el aire y sumó magia en la noche porteña. Bienvenidos de nuevo, padre e hijo.

En un país que muchas veces ha pecado de parricidio cultural y olvido, es bueno escuchar algo así.

Publicado en Leedor el 21-09-2011