Entrevista a Fernanda Casares

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Charlamos con la autora actriz y directora Fernanda Casares, responsable de la obra Esencias actualmente en El PiccolinoHablamos con Fernanda Casres, la autora, actriz y directora de Esencias sobre la vigencia del amor, las relaciones actuales y sobre el teatro como forma de seguir cautivando a la gente desde la emoción, el divertimento y la identificación profunda. Un personaje encantador y, esencialmente, humano que descubrió que el teatro era su mejor forma de vivir.


¿Cómo nació Esencias?

A la obra la escribí hace como seis años. La habíamos empezado a armar con un productor pero después ese proyecto se cayó. Yo ya había hecho una obra anterior con el grupo Punto Medio (Un mismo duelo, también con nota en Leedor), teníamos ganas de hacer algo juntos y se nos ocurrió retomar esta idea que al principio iba a ser producida con todo. En vez de esperar a que eso se dé, decidí largarme a trabajar con actores en los que confiaba, con los que ya había trabajado. Me animé además a dirigirla yo. Armamos el elenco con los actores que éramos y lo completamos con otros que nos fueron recomendando. Arrancamos los ensayos en marzo de 2009 y ya estamos en nuestra tercera temporada.
El proceso de escritura empezó tiempo antes. Yo hace mucho que escribo pero lo hacía en otros formatos. Obras de teatro empecé a escribir para generar mis propios laburos. En 2001, porque tenía ganas con una actriz amiga de hacer una obra, comencé a adaptar para teatro ideas que tenía y, la verdad es que está buenísimo ver algo que escribís reflejado en personajes.
Esencias nace en historias que me fui imaginando. Me acuerdo que viajando en colectivo vi una escena y la escribí. Escribí la mitad de la obra pero no me gustaba nada de lo que se me ocurría para seguirla, la encajoné y seguí con otros proyectos. Dos años después la volví a agarrar y supe por dónde era; finalmente, me cerró.


¿A qué remite el título?

El nombre, tanto de los personajes como de toda obra, me parece algo muy importante, doy muchas vueltas porque quiero que represente exactamente la idea que tengo. No sé bien en qué momento surgió el título pero sí que tenía claro que me interesaba más que escribir una obra sobre parejas escribir sobre la diferencia entre el ideal que uno tiene y la realidad, y esa lucha entre lo que cada uno quiere para su vida individual y cómo eso se mide cuando estás en pareja, dónde están las prioridades. Y ahí empecé a trabajar con la metáfora de las esencias (Puede leerse el texto ?Reflexiones esenciales? que Cáceres escribió como presentación de la idea de la obra http://bit.ly/pXYgVq ). Uní encuentros que tenían cosas en común, algunos más ensimismados en su propia esencia y otros en la lucha de poder conciliar eso en la pareja. Me interesaba mucho tratar este tema y hacerlo desde el humor. Me gusta escribir humor, me gusta lo que le pasa a la gente con el humor; es una buena forma de reflexionar, de tomar distancia y poder reírte de lo que te pasa. Se trata de una risa cómplice. Cuando observás historias de parejas desde afuera notás que tiene un lado muy cómico, cosa que resulta imposible de ver cuando estás adentro. Te reís de lo trágico, de lo difícil que resulta transmitir al otro lo que uno realmente piensa. Creo que cuesta cada vez más y me interesaba escribir sobre eso: creo que estamos hiper conectados por todos los medios pero el contacto cara a cara, el encuentro, es cada vez más difícil porque hay todo un caretaje o una superficialidad que se ha transformado en un gran problema, sobre todo para la generación de los treinta y pico. Es muy difícil conectar con otro.

La obra retoma un tema que tiene una gran tradición literaria y también filosófica que tiene que ver con el amor, con la relación con el otro. Creo que un buen acierto de la obra fue poder darle actualidad a un tema de gran tradición.

Sí, yo estudié psicología y, más allá del punto de vista filosófico, creo que tiene también una base muy psicológica a partir del tema del vacío, de la búsqueda del ideal, de completarse con otro. Cuando estudiaba empecé a entender mucho las reacciones de los otros. Si bien no me desarrollé como psicóloga, me sirvió para la escritura, para tener lenguaje y para entender el lado más inconsciente de los personajes. A mí me gustaba darle esa vuelta a la obra. Más allá de que algunos quieran ir sólo a pasar un momento divertido (lo cual está muy bien) me interesaba que se pudiera ver un poco más allá.

Hace un rato hablabas del humor, ¿Cómo manejas el trabajo de los estereotipos desde el humor? ¿Cómo encarás ese trabajo con los actores?

Trabajar con el humor es muy difícil. Si bien la comedia parece algo improvisado es, en realidad, un trabajo de relojería; los tiempos son exactos y si no caés dentro de ese tiempo no entra el gag. Por otro lado, si vos no te lo creés, si no sos realista en lo que estás haciendo, el público tampoco entra. Entonces se trata de manejar eso, que todo sea real y que el gag entre en el momento justo. Es un laburo muy minucioso. Por eso trabajé con actores que ya conocía, que sabía que daban para la comedia. Se trata de que cada uno conozca bien su personaje, de que lo tenga bien aceitado y, a partir de ahí, empezar a trabajar los tiempos de la comedia. Además se debe tener muy buen feeling con el compañero porque el gag es entre dos. Es muy interesante.

Hace poco te escuché citar la siguiente frase de Antonio de Senillosa: ?En el fondo tener sentido del humor es ser consciente de la relatividad de las cosas? ¿Cómo relacionás esta frase con el sentido de la obra?

Yo veo esa frase en todos lados. Me parece que la obra no da respuestas, no las tengo y, probablemente nadie las tenga, por eso seguimos dando tantas vueltas. Es bueno poder reírse de eso, de saber que no hay ninguna verdad absoluta. Para poner un ejemplo, en la escena de la monogamia, los dos personajes plantean puntos de vistas diferentes y ambos tienen algo de razón. Se trata de abrir preguntas. Para reírse hay que poder alejarse del asunto, verlo de afuera y ser consciente de que la verdad absoluta no la vas a tener, pero podés plantear preguntas que te ayuden a resolver, a entender al otro. La gente que tiene sentido del humor tiene como esa visión general de las cosas, donde no todo es blanco o negro y donde todo depende de miles de factores. Poder reírse de eso es un buen punto.


¿Cómo te llevás con esta triple función de autora, directora y actriz?

Me peleo un poco. La disfruto mucho pero fue todo un aprendizaje; me tuvieron mucha paciencia. Como ya te conté, Esencias empezó en un proyecto con otro director y me resultaba muy difícil congeniar porque yo tenía muy claro cómo quería que sea la puesta (por ejemplo, quería que la escenografía fuera simbólica). Y supongo que nadie iba a aceptar hacer una obra y que otro le dijera como debía ser todo. Por eso me animé a dirigirla y también porque, al ser escenas separadas, iba a poder ver bastante de afuera. Además busqué actores en los que confío y sabía que me iban a bancar.
A veces entro en un estado medio esquizofrénico, cuando estoy como actriz leyendo el texto y peleándome con la que lo escribió y a la vez estoy actuando y dirigiéndome. Es bastante trastornado pero, por suerte, salió bien.
Pienso además en el gran consumo de energía que significa?
Si, si, te mata. Fue un proceso donde era todo Esencias mi vida. Me levantaba pensando, cuando dormía, soñaba con la escenografía, con las escenas. Pero cuando sale es como parir. Y recién ahora, en esta tercera temporada, estoy un poco más relajada y puedo realmente ocuparme mucho más de la actuación. Si bien siempre estoy dirigiendo (inclusive seguimos cambiando el texto) es mucho más rejalado porque ya funcionó, ya estás más libre para jugar.

Se nota en la puesta la excelente sincronización de todos los elementos: la escenografía, la música, todo está coordinado, todo hace al buen producto final ¿Cómo fue el proceso de ir seleccionando canciones?

Soy muy obsesiva. Me gusta estar en todos los detalles y la música siempre me gustó mucho. Desde chica le presté más atención a las letras, a las historias de las canciones que a la música. Lo primero que escribí fueron letras de canciones. Y cuando veo una escena enseguida la asocio con una canción, creo que completa la idea del texto porque te transmite una emoción que quizá diciéndolo no llegás a abarcar del todo. Me gusta completar las historias con la música, me parece que en teatro es un recurso muy lindo que la música no sea sólo acompañamiento sino que sea parte del texto y que pueda, a veces, completar la idea de la escena. Todas mis obras tienen una gran presencia de la música. La primera escena de Esencias nace de escuchar una canción de Sandro, escuché la canción y tuve la escena. Ahí fue al revés, la música me llevó a la escena. Siempre la estoy volviendo a reescribir, la vuelvo a pensar. Me gusta que todo vaya encajando.

¿Cómo se logra mantener una obra en cartel por tres temporadas consecutivas?

Lo primero es tener el objetivo, desde el comienzo supimos que queríamos hacer esta obra por mucho tiempo. Después se puede dar o no pero está bueno tener el objetivo claro porque ya encarás todo a largo plazo. Lo principal es no dejar que se muera, asegurarnos de que siempre esté viva. Siempre seguimos ensayando, aún hoy nos seguimos juntando una vez por semana para ensayar.
En el teatro off, lo más importante es el boca a boca, que la gente te recomiende. No tenemos acceso a los grandes medios de difusión, por eso lo que vale es que la gente la recomiende, que a la gente le guste y eso, por suerte, nos pasó. Me parece que con Esencias fue fácil porque es una obra que provoca gran identificación, es una obra entretenida. Me ha pasado con otras obras que hice o escribí, dirigidas a un público más específico, en las que fue difícil generar eso. Pero, según los comentarios que recibimos, esta obra tiene ese toque de la identificación y de atraer a un público que generalmente no va a ver teatro, que ven en el teatro algo excesivamente solemne y sólo eso. Se trata de darle la oportunidad al público de ver algo entretenido que tiene anclaje en la identificación con lo que pasa en el escenario. El secreto de porqué todavía estamos en cartel no lo tengo, aunque me encantaría, pero me parece que tiene que ver con eso. Nunca dejamos de movernos, seguimos volanteando, seguimos pensando maneras de renovar la obra. Y tuvimos la suerte de que a la gente le guste.

¿Cuáles son los cambios que sufrió la obra a lo largo de estos tres años?

Cambió mucho. Me parece que era necesario para que nosotros no nos automaticemos, algo que es muy difícil cuando hacés un personaje durante mucho tiempo. Hubo que probar cosas nuevas, buscarle alguna vuelta a los personajes. Hay escenas que acortamos, otras que alargamos. Hay textos que fueron reformados en los ensayos. Cambiaron algunas actrices y eso hace que cambie todo porque la idea es que cada una genere su propio personaje y no imite al anterior. Con eso, cambia también el partenaire de la actriz y cambia toda la escena, hay que volver a verla desde otro lado, con otra ?María? y con otra ?Romina?. La obra se mueve. No es como en el cine o en la televisión que se puede ensayar por separado, acá se trata de un grupo y si algo no funciona afecta toda la obra. Por eso es importante que el grupo se lleve bien, que todos tengan más o menos los mismos objetivos. Eso hace que todo se vaya renovando. A nosotros, creo, nos gusta seguir desafiándonos, buscar nuevas maneras y no quedarnos con lo que ya sabemos que funciona. Yo se los digo desde dirección y sale también de ellos querer buscarle una nueva vuelta al personaje, conocerlo más, profundizar algunas partes.

¿Cuál es la devolución que te hace el público?

Son muy buenos los comentarios. En alternativa teatral aparecen más de cuarenta opiniones. Pedimos siempre una devolución porque nos parece muy importante escuchar qué piensa la gente. Después de cada función muchos se acercan a saludarnos y, en general, dicen que se sienten identificados y que la han pasado muy bien. Me interesa mucho también la opinión masculina porque, al ser mujer, me pregunto si al escribir habré reflejado también lo que ellos piensan. Y la respuesta es que sí, que les parece raro eso.
La respuesta general va por ahí, que les sorprendió poder venir al teatro y pasarla bien y, a la vez, tener la posibilidad de reflexionar. Lo más lindo que te pueden decir es que salieron del teatro y siguieron hablando de la obra, que no murió ahí. Tanto como autora o actriz, me encanta que la obra les dispare temas y que puedan analizar sus propias cosas a partir de lo que vieron. Sentís que aportás un granito de arena en la vida de gente que ni conocés, esa sensación es mágica.

¿Qué planes tenés para el futuro, para vos y para la obra?

Es la pregunta. Por un lado, creo que Esencias da para seguir porque nos sigue yendo bien. Estamos en una época donde todo es muy fugaz, toda empieza y termina rápidamente. Yo a los chicos les digo que disfrutemos de este momento, que sigamos haciendo crecer la obra, aprovechar la oportunidad de profundizar algo y no estar siempre empezando algo nuevo. El grupo es muy lindo, nos llevamos muy bien y la idea es seguir trabajando juntos.
Por otro lado, yo quiero trabajar un poco como actriz exclusivamente. Estoy buscando, volviendo a hacer casting, mandar material. Quiero descansar un poco de la producción para poder concentrarme en mi actriz. Seguramente después volveré porque me gusta y es una manera de generar lo mío. Pero, en este momento, siento que tengo que recuperar a la actriz que con tantas cosas la tengo algo abandonada. La idea es seguir haciendo, seguir buscando porque una vez que descubrís el teatro ya no lo podés dejar, es un mal necesario.

¿Cuál es tu visión sobre el teatro independiente?

En el teatro independiente es todo a pulmón y se necesitan muchas cosas. Se hace difícil pero creo que somos unos privilegiados. En Argentina hay muchos teatros y, sobre todo, mucho talento: actores, directores, técnicos, escritores. Y los primeros proyectos se hacen, casi siempre, perdiendo dinero. Hay mucho corazón puesto ahí porque, aunque llenen la sala, por lo menos en los primeros meses, no recuperás la inversión. Hay mucho tiempo invertido también, en ensayos, en armar la escenografía, buscar vestuario, hacer prensa. Todos hacemos todo. Hay que tratar de ser lo más profesional posible, por eso es preferible tardar en estrenar pero que podamos hacer lo mejor. Apuntando a eso, al trabajo, es como se puede llegar. Acá si querés hacer teatro lo hacés, transpirando mucho pero lo hacés. No creo que pase en todos lados.
A veces, maldigo el día en que lo descubrí porque cuando me subí a un escenario por primera vez me di cuenta de que esto era lo que quería. Yo hacía otra carrera, me iba bien y a veces extraño tener otro estilo de vida. Pero si no actúo siento que me sentiría frustrada. Una vez que lo descubrí no tuve otra opción. La recompensa es poder aportar un granito de arena para que el mundo sea un poco mejor, no sé si se puede cambiar mucho pero al que viene, y se ríe durante una hora y media, sentís que le diste algo porque en el saludo hay un gracias, cuando te miran a los ojos hay un gracias. Y es super fuerte esa sensación: es un gracias desde el actor por haber venido y por haberte reído, y es un gracias desde el público por haber contado una historia o por haberme permitido reír de todo aquello que alguna vez me hizo sufrir. Eso es impagable.

Publicado en Leedor el 5-09-2011