Laura y Julio

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En Buenos Aires es posible conseguir por unos pocos pesos, esta singular novela de Juan José Millás, de amplio alcance y probada efectividad narrativa.La calle Corrientes es prodigiosa en dejar a precios de consumo masivo todos los libros de las editoriales adquiridas por el Grupo Planeta, entre ellas, Seix Barral, Emecé, y por supuesto, libros de la propia Planeta, que sí, de tanto en tanto también publica libros (o algo así como pulpa de papel entintada entre tapas cuyo diseño tiene tan poca gracia como su contenido).

Pero el material que publican sus subsidiarias es otro tema. Alguna vez editoriales de prestigio, muchas de ellas siguen teniendo un catálogo interesante, que se consigue en estado excelente (los libros están nuevos o casi) y no pasan, en el peor de los casos, de 15 pesos. Así alguna vez recomendamos el libro de cuentos de Daniel Alarcón, ?El rey siempre está por encima del pueblo?. En este caso, le llega el turno a un escritor español de larga carrera, con una de sus últimas obras: ?Laura y Julio?.

El título no es muy alentador. Invita a pensar en un melodrama que atrasa un siglo y medio, pero en realidad el título es casi aleatorio. Podría haberse llamado de cualquier otro modo, y probablemente es un libro, en esencia, sin título.

La novela arranca con mucho dinamismo. Millás escribe con la ligereza de Woody Allen en sus cuentos, con la austeridad de la prosa de Raymond Carver: todo apuntes de una realidad que no repara en descripciones innecesarias ni puentes a un pasado sin sentido. Intenta llevarnos por un camino que parece conducir a la historia de un triángulo amoroso graciosamente aceptado por los tres implicados, ya que Laura y Julio son un matrimonio, y su vecino, Manuel ?un tipo simpático, escritor que no escribe y que ve las cosas de un modo mucho más bohemio que el práctico y seguro esposo?, los visita seguido y se queda con ellos teniendo intercambios que enrarecen un poco la frugal naturaleza de la amistad entre vecinos.

Quizás lo primero que salta a la vista, leída la novela desde la Sudamérica del siglo XXI, llena de autores desafiantes (si bien es verdad que unos cuantos de ellos no necesariamente compensan el desafío), es que Millás escribe de modo un poco complaciente. Recuerda a otros escritores que rozan su misma nacionalidad y que rondan la edad: Rosa Montero, Luis Leante, Manuel Vicent. En cierto modo es la inversa del portugués (pero tan español) José Saramago: las marcas de autor no están en la escritura ni son visibles página a página.

Por suerte para Millás (y también para el lector), el comienzo grácil pero superfluo de la novela se empasta un poco enseguida, cuando el vecino tiene un accidente y a partir de entonces Julio se hace con la llave del departamento gemelo (a imagen en espejo del suyo). Sin decir nada a su esposa, Julio comienza a frecuentar el lugar, cada vez más seguido, y entonces la historia toma otro vuelo. De repente recuerda un poco al tono ominoso que tan bien maneja Fabio Morábito en sus cuentos, y es que la novela podría ?tal vez, ¿debería?? haber sido un cuento largo, ya que el autor (y este es uno de los rasgos un poco molestos de la escritura) se empeña en recordarnos una y otra vez que ciertas ideas están presentes en su obra.

Y muchas de estas ideas son interesantes: la constante traslación de la vida hacia las cosas, de los objetos como organismos vivientes, (una versión destilada de aquello que Freud denominó ?lo siniestro? alguna vez y que hace mella en los conceptos de heimlich/unheimlich) cosa en la que Julio piensa constantemente a raíz de su trabajo con decorados de cine (es capaz de ver dos pasillos y sentir la pulsión vital que acecha en el momento en que se decide por uno y no por el otro, la espera de un lugar; de imaginar el plano arquitectónico de su departamento junto al de Manuel y verlos como hermanos mellizos en espejo, como si ambos tuvieran una comunicación propia de gemelos vivientes, capaces de transmitirse verdades sin necesidad de palabras). En la novela de Millás, lo no-vivo representa lo vivo y viceversa.

Otro tema que se desprende del anterior es bien cortazariano: el doppelgänger, el doble, el otro que es la imagen en espejo de uno, las dos caras de una misma moneda. Julio y Manuel son bien diferentes, pero mientras Manuel está internado, Julio comienza a probarse los perfumes y las ropas del vecino, a la vez que deja de lado y a la intemperie su moto tan querida y su propia ropa. Se queda a dormir varias horas en el departamento, por lo que cuando pasa por el que comparte con su esposa, deja una estela del aroma de Manuel.

A su vez, durante la fiesta de fin de año junto a su padre, madrastra, hermanastra y la hija de ésta última, no parece casualidad que la niña ?con quien establece un vínculo especial? se llame Julia. Esa misma noche, recibe en su celular un mensaje de texto en el cual su mujer le anuncia que quiere separarse. Y es definitivo.

Si bien, como en los cuentos de Carver, la desconexión entre ambos miembros de la pareja es notoria desde el comienzo, la absoluta tranquilidad con la que Julio (todavía imbuido del espíritu de Manuel, que pronto habrá de morir y entonces ya casi por momentos parecerá una historia que lidia con la metempsicosis) resulta un poco difícil de creer. Una de cal y una de arena: el excelente ritmo, las elipsis elegidas durante las conversaciones y la situación de año nuevo, se ven opacadas por ese final demasiado asimilable.

Durante el resto de la novela, sigue habiendo vueltas de tuerca a nivel argumental. La principal podríamos vincularla con ?La otra playa?, de Gustavo Nielsen, que si bien tiene un argumento diferente, mantiene un tono similar (Nielsen, un escritor evidentemente más original, en uno de sus momentos más difusos como novelista). Cada vez es más claro que la distinción entre una realidad palpable y una realidad onírica es borrosa y durante algunos pasajes esto hace a lo mejor del libro. El tema es que Millás decide darle un último giro argumental a la historia que algunos considerarán poético y otros más bien innecesario y demasiado ?perfecto? a la hora de cerrar una historia.

Porque no hay que confundirse: ?Laura y Julio? es una novela de argumento. Si bien toca todos los temas antedichos, a veces con bastante elegancia, está claro que el autor pretende contar una historia y no dejar dudas de sus intenciones. Alguna vez el británico Ian McEwan dijo que le gustaba intercalar ?en su producción? novelas largas ?con esas otras de unas 40.000 palabras, que se pueden leer de una o dos sentadas, ideales para un viaje?. ?Laura y Julio? pertenece a éste último grupo de novelas, aunque tal vez el modo de escribir sea exactamente el opuesto. Donde McEwan (a veces muy criticado por el recurso, como fue el caso de ?Amsterdam?, novela de una extensión similar) elige una premisa como punto de partida para una historia que tal vez no desembarque en ningún lado y quede perdida en la niebla del medio del océano, Millás prefiere trazar un mapa argumental que no deje lugar a dudas de su intención narrativa y cuyas escalas, por pintorescas que puedan ser, nunca ponen en peligro el viaje. Dependiendo del gusto del lector, esta intención será recibida con aplausos o cierto denuesto.

De cualquier manera, ?Laura y Julio? consigue entretener y allanar el camino narrativo, tan denigrado por los autores del siglo XX-XXI. Es esencial que haya un punto de encuentro en una narrativa inteligente entre ambos, porque el experimento solipsista tan en boga al que muchos someten al lector desprevenido es tristemente anti-literario. El juego de Millás está bien claro, y si sirve para hablar de Allen, de Carver, de Cortázar, de Morábito, de Saramago, de Nielsen, de McEwan y de varios nombres ilustres de su generación, entonces no puede ser una mala noticia en ninguna biblioteca.

Lo que se puede exigir a un escritor capaz de hilar ideas muy interesantes con conceptos un poco repetitivos, es una sutileza y una soltura mayor. Ese Millás, si dejara de lado la rigurosidad de sus mapas tan bien trazados, y permitiera que ciertas premisas lo lanzaran al vacío de algún misterio cuya respuesta es difusa para él mismo, probablemente pasaría a la historia con una presencia más indeleble. Mientras tanto, por unos pocos pesos, se puede leer una novela de amplio alcance y probada efectividad narrativa.

Publicado en Leedor el 3-9-2011