Blanco después

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Original propuesta nacida de un taller literario donde el discurso de la carta de amor adquiere nuevo aire.El desamor está lleno de palabras. La palabra es el último intento de salvar algo que ya se sabe muerto, perdido, destinado al olvido. En cartas te retengo, te circundo, no te dejo ir.

La carta como procedimiento discursivo amoroso supone, según Roland Barthes, la devoción por el otro, la relación entre dos imágenes totales, totalizadoras, omnipresentes (Estás en todos lados, en el recuerdo del día en que nos conocimos, en el primer beso, en nuestra canción, pero ahora todo eso son sólo palabras). Pienso en vos (y te escribo) porque te olvido, para no olvidarte.

Blanco después nos habla del itinerario de un amor, a través de las cartas que los amantes se envían en un prolongado lapso de tiempo en el que los viajes, por trabajo o por realización personal, son el obstáculo de una relación que, de todos modos, cree en la persistencia del vínculo, como ilusión o esperanza. Greta (Verónica Mc Loughlin) y Juan (Leonardo Saggese) se conocieron en una fiesta, allá por la década del 90, bailaron, se enamoraron, se mudaron juntos, pero un día, casi sin saber cómo ni cuándo ni porqué, la lenta máquina del desamor se puso en funcionamiento. Nos quedan las cartas como letra muerta, como cuerpo herido.

Blanco después es una propuesta original que combina, de forma muy sutil, poesía, música (las canciones de nuestro amor), danza y algunos procedimientos cinematográficos. Cuentas con dos sólidas interpretaciones y una excelente dirección. No es fácil hacer circular la palabra (tanta palabra) escrita en una puesta teatral. Pero salen airosos en el desafío: los monólogos bien construidos, la expresión corporal, la iluminación que ahonda la soledad de los espacios no compartidos, cada mínimo objeto o detalle de este relato (una foto, una prenda de vestir, un recuerdo) y los momentos musicales hacen que la obra resulte, finalmente, el retrato dulce de un cuento de amor que le permite al espectador mirarse en el espejo de su propia y personal historia.

Blanco después es la ópera prima de Nicolás Bolivar. Fue gestada en un taller de escritura y nacida de una pequeña anécdota en la que una chica recuerda la vestimenta que llevaba su novio el día en que lo conoció. El título remite a la incertidumbre del después, al blanco que queda después de vos: ¿quién soy yo sin vos? , o mejor, ¿quién soy yo después de vos?

Todavía se la puede ver los viernes a las 21 hs en El Camarín de las Musas. Vaya y compruebe cómo el discurso anquilosado, ampliamente codificado de la carta de amor puedo recobrar nuevos aires, pura expresión, recorra el itinerario de esta historia de dos y su ?ya no te amo, mi amor?.

Publicado en Leedor el 3-09-2011