Spilimbergo

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Coincidir en nuestro tiempo con una exposición de Lino Enea Spilimbergo en una galería privada de Buenos Aires, resulta gratamente sorprendente, más aún cuando nos informan se trata de obras no exhibidas con anterioridad.Coincidir en nuestro tiempo con una exposición de Lino Enea SPILIMBERGO (1886-1964) en una galería privada de Buenos Aires, resulta gratamente sorprendente, más aún cuando nos informan se trata de obras no exhibidas con anterioridad.

Este grupo heterogéneo admite obras de distintas épocas en la producción del artista, por lo que sólo permite un examen individual de las mismas. También nos autoriza a indagar en la labor de un artista que participó del primer período de la pintura de vanguardia argentina en la segunda y tercera décadas del siglo XX, con aquellos que viajaron a Francia y experimentaron la influencia de lo que se ha dado en llamar la Escuela de París.

Los desnudos masculinos de 1918 en técnica mixta o sanguina nos permiten apreciar el trazo seguro del dibujante con las luces y las sombras que otorgan movimiento a sus cuerpos.

La témpera ?Friso? de 1936 con dibujo de figuras meditando o en actitudes de ballet dentro de una escenografía de espacios vacíos pareciera anticipar las terrazas metafísicas que identificaron en cierta época a su autor. Sus personajes se presentan participando de distintas escenas sin aparente conexión entre sí para construir sólo espacios arquitectónicos.

El desnudo femenino del atellier de Andre Lhote en París, un pastel de 1927 de formas voluptuosas nos recuerda las enseñanzas recogidas del maestro francés por uno de los artistas argentinos que tuvieron el privilegio de sus enseñanzas. Descubrimos en la obra la sensualidad de las formas que se imponen con la pureza del academicismo pero con una clara intención de adaptarse a otras novedosas del cubismo aparecido en la época.

En las ?Cholas bolivianas? un óleo sobre madera de 150 x 125 cm llama la atención la disposición de las figuras. Las mujeres en actitud estática se presentan sin embargo dispuestas en zig-zag, o sea formando ángulos entrantes y salientes en el plano lo que les otorga cierta movilidad visual acentuada por la presencia del tejido que pareciera desplazarse de izquierda a derecha en un movimiento ondulante.

El Autorretrato de concesión figurativa resulta de gran belleza por la expresión de sorpresa otorgada al rostro y el colorido de la pintura empleada.

Se trata de recorrer la exposición, donde cada uno encontrará su propia obra.

Publicado en Leedor el 2-9-2011