Blackbird

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En una sala llena de basura, dos personas resuelven en 80 minutos una tragedia. Un sólo diálogo para exponer la trama de una historia de años, que necesita ser comprendida en primer lugar, por los protagonistas.En una sala llena de basura, dos personas resuelven en 80 minutos una tragedia. Un sólo diálogo para exponer la trama de una historia de años, que necesita ser comprendida en primer lugar, por los protagonistas.

Una y Ray se reencuentran mucho tiempo después de haber vivido una relación cuando él tenía 40 y ella 12. Ahora con 27 y 56 encuentran la oportunidad de aclarar todo lo que estuvo 15 años ahogado en el silencio.

Durante estos años, cada uno pagó por sus actos de manera diferente y hoy son dos aves con las alas rotas.

Una ha tenido que enfrentar una vida soportando que la señalen y hablen de ella, mientras que Ray cambió su identidad, se mudó de ciudad y rearmó su vida. Ahora se llama Peter, y Una encontró su foto hojeando una revista en un consultorio.

Condujo por la ruta durante horas para encontrarlo en su lugar de trabajo. La pregunta es para qué quiere arrinconarlo, si es para acusarlo, humillarlo, herirlo o matarlo.

Con una puesta simple, y un diálogo de gran riqueza semántica Tantanián pone en funcionamiento al binomio Contreras-Solda, logrando colocar al público en el lugar de testigo de las dos confesiones.

El juicio del espectador va mutando con el diálogo, en el que cada palabra importa. El texto suma información en forma gradual, como si se tratase de un baúl de cartas y fotos que van apareciendo. Ray pasa de referirse a “tres meses de un estúpido error” a reconocer con nostalgia que fue vencido por el amor de la niña. Una, por su parte deja ver que su gran sufrimiento fue que él la hubiese abandonado, dejándola en manos de una sociedad que no la comprendía.

El tabú es el eje desde el que se plantean otras problemáticas universales: el desencuentro, las decisiones irreversibles, el amor, las circunstancias extremas.

Una y Ray desarman un bloque de prejuicios a través de la honestidad, valiéndose de sus secretos y lados oscuros. Entre la basura, que es la perfecta metáfora de su caos emocional.
Esperaron este encuentro todas sus vidas y aquí están: buscando recuperar su libertad.

Patricio Contreras nos cuenta acerca de Blackbird:

Patricio, ¿qué te produce Ray?
-Como personaje Ray es un verdadero banquete para un actor, precisamente por las mismas razones que en la vida nos parecería un tipo deleznable. Es decir personajes como éste, de una enorme complejidad y que han conseguido transgredir los valores y principios éticos, legales o morales que rigen nuestra conducta en sociedad son los que más sustancia tienen para un actor. Son los personajes con más contradicciones, mas conflictos y debates internos que resolver. Y uno como actor no los debe juzgar; mas aun – y sin que ello signifique hacer un elogio de su conducta o traicionar el sentido de la pieza – uno debe defenderlos en todo momento pues solo de ese modo uno puede otorgarle verosimilitud al enorme conflicto que significa para cualquiera ser víctima de sus pulsiones mas básicas. Ray es un hombre gris con una autoestima muy baja probablemente producto de algún tipo de abuso o trauma familiar. Posteriormente ha sido signado por aquella relación con aquella niña y la consecuente condena a prisión. Un hombre que ha tratado de comprender su conducta y saber en definitiva quien es. Finalmente, como siempre en las grandes obras, será el publico mismo el que determine quién o qué es ese hombre.

¿Como es trabajar este texto con Tantanián?
-Haber trabajado bajo la dirección de Alejandro ha sido un verdadero gusto. Es un director inteligente, de una gran agudeza y sofisticada teatralidad. En el trabajo cotidiano es alguien que esta lejos de la pedantería o de la solemnidad intelectual, al contrario, crea un clima de trabajo grato y distendido. Es muy llano pero a la vez de una gran precisión es sus observaciones e indicaciones. En definitiva, con su excelente disposición y buen humor es alguien que se toma muy en serio el juego del teatro. En el caso particular de ” Blackbird ” por haber sido él mismo su traductor, su trabajo como director estuvo dotado de un conocimiento cabal y profundo tanto de la complejidad de los personajes como de la estructura de la pieza.

¿Cómo se percibe al público desde el escenario?
-Tengo mas de 40 años en este oficio y no es muy común que una obra capture la atención del público en forma tan sostenida como ocurre con esta pieza de David Harrower. Hay títulos, como los clásicos por ejemplo, que por ser textos ya hace rato canonizados, el público tiene una buena disposición para recibirlos, (más allá de que muchas veces se vean defraudados por puestas ramplonas o pavorosamente pretenciosas en donde es frecuente el esfuerzo de un director por ser mas genial que el mismo autor, se trate de Moliere, Shakespeare o Euripídes) sin embargo, por pertenecer a otras épocas y a otros públicos tienen estructuras que a veces hacen dificil mantener al espectador todo el tiempo atento así se trate de puestas realizadas con talento y seriedad. “Blackbird” con su estupenda carpintería teatral heredera de la rica tradición anglosajona, es una obra que nos agarra de las solapas con fuerza y nos habla del hombre de hoy.

Con la sintaxis del hombre de hoy, con sus angustias, sus frustraciones y sus temores. Sus personajes están alterados, urgidos, presionados por un sistema de vida que los hace tan descartables como el envoltorio de las hamburguesas que consumen. Viven una realidad en donde, al parecer, la posibilidad del amor solo encuentra salidas patológicas. Harrower nos invita a asomarnos a ese abismo. Espejo en el que no queremos mirarnos pero, sin embargo y precisamente por el pavor que nos provoca, nos hipnotiza.

La pieza funciona como un policial en donde a cada instante se nos van revelando nuevas facetas y detalles de los personajes y su dolorosa historia. Historia que nos mantiene absortos y aterrados ante la posibilidad de parecernos a ellos.

Publicado en Leedor el 2-9-2011