Esos locos locos amores

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Un melodrama llevado a escena desde una perspectiva bizarra con la particularidad de trabajar a partir de la simultaneidad de acciones.¡Y estamos todos invitados! La fiesta comenzó y en el medio de la pista de baile del casamiento de vaya a saber quién, varios personajes nos conducen con todo su histrionismo hacia nuestros respectivos asientos. El baile parece deborarnos, sin embargo llegó el momento de sentarnos y observar un sin fin de escenas que se entremezclan a modo de collage en un juego de oposiciones irreconciliables.

Esos locos, locos amores es un melodrama llevado a la escena desde una perspectiva bizarra con la particularidad de trabajar a partir de la simultaneidad de acciones.

De esta manera, el espacio escénico se encuentra quebrado por 2 situaciones contrapuestas, un velorio y un casamiento, donde el ùnico punto de conexión es el espacio del espectador.

El nudo de la acción radica en las historias ocultas entre diferentes miembros de la familia que acuden en un mismo dìa a ambos eventos. Y progresivamente, los hilos comienzan a desatarse para transformar estos vínculos pura superficie.

De esta manera, cada nuevo descubrimiento estalla en números musicales de tangos, boleros y hasta un regaeton, recurso que nos sumerge en una carcajada tragicómica.

Y los procedimientos para hacernos reir son varios, desde la exacerbación de los rasgos de los personajes que constituyen estereotipos fácilmente reconocibles en la familia de cualquiera de nosotros, pasando por la interpelación al público hasta llegar al grotesco de situaciones extravagantes con personajes cada vez más ridículos y vulgares: 2 invitadas que solo quieren tomar, bailar y conocer algún amigo del novio, una hija castrada que estalla por otro invitado, una novia no amada, un novio que ama a otra, unas madres que luchan por mantener las apariencias. Y así, se van sumando personajes para constituir un caos iresoluble.

¿Y de qué nos reimos? En un ir y venir, entre el velorio y un casamiento el amor se desquebraja en tantos pedazos como personajes se fueron sumando, y lo único que queda es seguir bailando en este cóctel de desamores que fuera del espectáculo nos sigue haciendo reir.

Publicado en Leedor el 29-8-2011