El instinto

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¿De qué hablamos cuando hablamos de instinto?. De eso trata este breve opúsculo, que intenta desarmar el concepto y analizar sus fundamentos.
La persistente oquedad del concepto del instinto

Desafiando al rito, destruyendo mitos III

Todos hablan del instinto, usan el concepto muy a menudo y sobre su base fundamentan conductas. Hay instinto maternal, instinto asesino, instinto de supervivencia. Se utiliza como recurso explicativo, pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de instinto?. De eso trata este breve opúsculo, que intenta desarmar el concepto y analizar sus fundamentos.

(Los seres humanos somos geniales, utilizamos un montón de palabras que encierran ideas que nunca sometemos al escrutinio. Y pensamos que por el sólo hecho de usarlas quedan claros sus significados, siendo que muchas veces hasta el mismo emisor, no tiene la más pálida idea de que significa aquello para lo que puso tanto empeño. Pero la discusión continúa.)

La definición de instinto según el diccionario de la Real Academia, www.rae.es no es unívoca.(Nota al pie: ¡el sitio web está buenísimo y su buscador se llama Buscón! ¡Como el Don Pablos de Quevedo!).

Abarca desde las reacciones, y aclara ?en los animales?, que contribuyen a conservar la vida; pasando por los motivos profundos por los que alguien actúa pero que permanecen ocultos, hasta las inspiraciones sobrenaturales que asaltan sin previo aviso. Es decir son todas definiciones que atañen al lenguaje y al uso pero que no terminan de desentrañar su significado. Pero eso sucede porque en su propio significado hay algo oculto. Un misterio que adquiere el nombre de la animalidad, de la ignorancia o de la sobrenaturalidad, según sea la definición que se adopte.

En ciencia esas explicaciones que apelan a la ignorancia o al desconocimiento se denominan modelos de caja negra. Su forma más conocida por el público es el que adoptó en la psicología conocida como conductismo. Probablemente muchos de los que usualmente utilizan el concepto de instinto, no han reparado en la cercanía de ambas ideas. En los dos casos existe algo inexplicable que es el disparador oculto de una acción o de un efecto. Sin embargo la potencia cognitiva del mecanismo es notable. Permite encerrar la ignorancia y concentrarse en lo observable, impidiendo que el misterio se expanda por todo el fenómeno. Barre debajo de la alformbra a la incertidumbre, la arrincona y si el método le exige conocer algo de lo que allí ocurre, utiliza el azar, baraja las cartas y establece chances y probabilidades.

Desde una perspectiva antropológica el sentido del concepto del instinto es nulo. Existen otros elementos en el acervo del conocimiento científico que permiten explicar en una forma más plausible aquellos fenómenos que se etiquetan como instintos. En general aquello que se engloba bajo esa palabra es un complejo conjunto de causas con orígenes en la biología y en la cultura. En el primero intervienen factores relacionados con la herencia genética y con el medio ambiente en donde se expresa ese ácido desoxirribonucleico. En el segundo intervienen factores relacionados con la herencia cultural, con el cúmulo de normas y prescripciones del comportamiento que desde niños incorporamos de todos aquellos que nos rodean.

Tomemos como ejemplo el instinto maternal. Es evidente que en los mamíferos, que poseen siempre un período de socialización prolongado, la naturaleza debe haber seleccionado aquellos individuos que mejor predisposición tenían para la crianza. Pero esa predisposición genética se encuentra dentro de un ambiente, que es el que moldea su expresión. Así es posible que se generen cambios y que exista una variabilidad con respecto a este tema. Por otra parte, pero no en un lugar menor, la cultura en el Homo sapiens, determina conductas. De este modo la flexibilidad es mayor y mayor por tanto la posibilidad de la supervivencia. En una cultura en donde a las niñas, desde pequeñas, se les inculca el saber maternal, es evidente que habrá una preponderancia de madres dispuestas a dejar todo por sus niños. Pero y un ejemplo es la sociedad moderna, cuando otros valores entran en juego, como la carrera profesional, la maternidad adquiere otras características; se dilata en el tiempo y se apropia de servicios ajenos (como las guarderías). De allí que la gente englobe toda esta complejidad bajo el concepto de instinto maternal, cuando en realidad son factores biológicos y culturales (sobre todo estos últimos) los que esculpen las personalidades.
En definitiva hablar de instinto es o bien no hablar de nada en concreto o bien es hablar de una complejidad tal, que se pierde dentro del propio concepto y que exige una posición epistemológica concreta: la de ocultar en una caja negra a la ignorancia. Si se la acepta, entonces hay herramientas para tratarla, si se la rechaza entonces nos enfrentamos con un problema cognitivo que cada uno resolverá de acuerdo al grado de vigilancia epistemológica que quiera aplicar a sus propias palabras.

Publicado en Leedor el 25-08-2011

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