Las aguas del carnaval

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Intenso y conmovedor ida y vuelta de dos actores en escena en una obra que no está nada mal.No se puede huir del carnaval pero sus aguas bajan turbias. Carmen llega a su casa tarde y mojada. El tano la espera con hambre pero la comida todavía está sin hacer. La escena transcurre en la habitación y afuera todo es carnaval (con todo lo que eso implica). Un mojado cuerpo de mujer despierta interrogantes e intrigas de un pasado inmediato: ¿Dónde estabas? ¿Por qué estás mojada? ¿Quién fue? ¿Quién es? ¿Qué hay de comer? Nada?

Las respuestas no tardan en llegar pero son ambiguas o inseguras para él, que prefiere escuchar certezas. Ese cuerpo mojado de mujer despierta entonces interrogantes de un pasado anterior, pasado por agua y no olvidado. La historia se desplaza de un hecho puntual de verano a una serie interminable de hechos no resueltos, mentiras y verdades que parecen iguales. Culpas, secretos, celos y reproches (de él y de ella) inundan el aire de la habitación. Y un pajarito canta.

Afuera todo es carnaval. Bajtín decía (obviamente refiriéndose a otro contexto temporal y de una obra específica, la de Rabelais, pero valga como disparador) que durante el carnaval es la vida misma la que se interpreta. Podemos pensar que, en la realidad de esta pareja, lo que se reinterpreta son los términos y las condiciones de un amor. Lo cómico, propio de lo carnavalesco, se transforma en algo un tanto más solemne y los personajes se ven, contrariamente a lo esperable, despojados de toda máscara. Ahí es donde es posible, finalmente, decir la verdad. Las razones de los otros se convierten en motivos propios.

Las aguas del carnaval es una historia simple que centra todo su dramatismo e intensidad en las brillantes actuaciones de Malena Schnitzer y Sergio Calvo. Y eso no está nada mal. Ambos logran un ida y vuelta tenso, conmovedor y cargado (por momentos) de buena poesía.

Publicado en Leedor el 22-08-2011