Jorge Acebo

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Actor, director y dramaturgo. En la actualidad de se encuentra presentando La felicidad según Mabel Riviere, cada viernes en Andamio 90. Hablamos con él sobre su particular modo de ver el teatro, de su incursión en España y de las repercusiones de su trilogía sobre las crisis y rupturas femeninas. Entrevista a Jorge Acebo

Jorge Acebo es actor, director y dramaturgo. En la actualidad de se encuentra presentando La felicidad según Mabel Riviere, cada viernes en Andamio 90.

Hablamos con él sobre su particular modo de ver el teatro, de su incursión en España y de las repercusiones de su trilogía sobre las crisis y rupturas femeninas. Un personaje cálido, inteligente, con mucho camino por recorrer y mucho por decir, que tiene claro que la felicidad, a veces, se puede parecer mucho al amor por el teatro.

Quizá sea una pregunta complicada de responder.
La respuesta puede tener muchos matices, ser incompleta, variar con los años, o todos los días pero me animo a hacerla de todos modos: ¿Cuál es tu concepción del teatro? ¿Crees que el teatro debe tener una función social? ¿Debe dar cuenta sólo de si mismo?

El teatro tiene que tener varios ingredientes. Es un trabajo, una vocación a la que tenés que dejarle todo. Yo siempre digo que el artista es un trabajador. Somos trabajadores del arte y es un trabajo como cualquier otro que tiene sus exigencias. Una de ellas es la pasión. El teatro tiene que ser además un divertimento para la gente. Pero tiene que ser reflexivo (más en este momento de la existencia posmoderna), un teatro no vacío. Para eso ya están los medios masivos de comunicación que hacen que todo se transforme en nada.
Y como hecho social es importantísimo. Hay algo entre público y los actores en escena. Ese instante sirve como aquella catarsis griega. Aún hoy sirve. El cine aleja un poco, la tele aleja, el teatro no tiene pausa, no tiene más posibilidad que lo que está pasando en el escenario, algo que queda en el espectador y se queda en vos. Es el arte del momento y creo que ese momento mágico tiene que servir para algo. El teatro tiene que ser un elemento de formación social, ideológica?

¿De opinión?

Si. De todos modos, intentar dejar solamente una opinión es, en algún punto, inútil. Creo que uno tiene que abrir, mostrar y el espectador es el que tiene que decidir qué pensar, cómo, con qué familiarizarse, con qué no, en qué creer y en qué no. Abrir posibilidades para que sea el espectador el que se encargue de cerrar. Por eso, puede haber tantas lecturas como espectadores vayan a ver una obra. Quizá la gente repara en cosas que uno no reparó o te ayuda a profundizar o profundiza lo que vos marcaste o va por otro lado completamente distinto. Pasa lo que en toda obra de arte: se necesita la voz del creador, la obra y el que contempla, que es quien cierra el círculo. Es fundamental esa mirada.

¿Cómo definirías el rol del director?

El director es una figura de mucho peso en una obra de teatro porque si la obra está bien o mal depende de él que es el que va guiando, el que tiene que ir gestando la cosa pero debe tener la humildad de entender que no es el dueño de la palabra sino un facilitador para que el actor encuentre su personaje, no para imponerle cómo debe ser. El actor tiene que encontrar porqué dice lo que dice, porqué piensa o siente. Cuando empezás a dirigir una obra vos tenés la imagen de cómo querés que sea el personaje y el aporte del actor la hace crecer. Tiene que ver también con lo que yo quiere de un espectáculo y con mi concepción cooperativista: entender que el trabajo del otro le suma al tuyo. Supongo que hay gente a la que le gusta decirle al actor cada cosa que debe hacer o decir, pero a mí me gusta nutrirme de lo que me puede dar el otro como alimento para el espectáculo. Entonces, nuestra función, si bien es una tarea de peso, es ser facilitadores. Creo que esa palabra es la que mejor define nuestro trabajo.
Te escuché decir por ahí que tu trabajo no termina cuando la obra se estrena sino que seguís acompañando a los actores en cada función. Eso tiene que ver también con tu forma de concebir la dirección?
Si, y tiene que ver con una forma de ver el teatro. Para mí la presencia de uno refuerza como se siente el otro, refuerza eso de sentirse acompañado. Soy parte de este pensamiento cooperativista. Aún hoy, cuatro años después de haber empezado a trabajar con este espectáculo, sigo marcando correcciones, evoluciones, cosas nuevas que aparecen. Aparecen elementos, otros se desvían y me preguntó porqué. Siempre está uno para marcar, para poder ver, para poder charlar con el otro y que los actores también puedan darse cuenta de porqué lo hacen, si va bien o mal.

¿Preferís el trabajo con obras de tu autoría?

Si. Creo que eso también tiene que ver con lo que yo quiere del teatro. En este momento tengo muchas cosas por querer decir, por querer contar y tener este espacio resulta muy interesante. Además me gusta trabajar con un estilo de teatro que si bien profundiza en el alma humana, no es demasiado intelectual. Puede venir gente gustosa del teatro o gente que nunca ha asistido. Me gusta que el teatro sea para todos. Y encontrar obras así es muy difícil.
Me gusta mucho escribir y dirigir. Y hacer confluir esas dos cosas en un espectáculo, y que al actor y al público les guste, es buenísimo que pase.

¿Qué buscar en los actores y cuál es tu método de trabajo con ellos?

Inteligencia y una mirada cooperativista del hecho teatral. Un ser inteligente va completando lo que vos pensaste. Y no hablo de inteligencia como intelectualidad sino de una inteligencia actoral, saber comprender porqué piensa, qué siente su personaje; ser astuto en la búsqueda de momentos. En La felicidad según? son diez personajes y me encanta que los diez sean protagonistas aunque sea de diferentes momentos de la obra. Es bueno generar eso en el actor porque así actúa cada vez como si fuera el papel de su vida.
El concepto de cooperativismo tiene que ver con entender que el teatro es un arte que se hace con la sumatoria del trabajo de todos. No sirve estar tirando uno sólo de la cuerda. Sirve si todos estamos luchando y poniendo las energías necesarias para que el proyecto salga adelante. Desde el armado escenográfico, volantear en la calle, estar pendientes para hacer notas, venir temprano todos, son cosas que van marcando el respeto por este trabajo y eso para mí es fundamental. Ese es el aporte que hace cada uno, junto con su talento y su calidad artística. Me interesa lo que se ve arriba del escenario pero también lo que pasa abajo.

La felicidad según Mabel Riviere es parte de una trilogía que indaga sobre las crisis femeninas, sus momentos de quiebre ¿Porqué ese interés por el universo femenino? ¿De dónde nace?

Porque soy hombre. Me parece más tentador, por lo menos en este momento de mi vida, el universo femenino que el masculino. El mundo del hombre me parece más tosco y eso no me seduce para trabajarlo. Quizá sea una elección algo arbitraria. Me pasa, además, que voy cruzándome con actrices muy talentosas que van inspirándome para próximos espectáculos y uno va generando una empatía con esas actrices que admira, cosa que quizá pasa con los actores de una manera distinta.
Me parece muy interesante e intenso el universo femenino y cómo vive los momentos, las etapas, las sensaciones, las frustraciones, las alegrías. Me parece encantador y tentador. Por eso me dieron ganas de profundizar las crisis en distintas décadas y que sean tres crisis completamente distintas. Si bien las tres obras forman parte de una trilogía, marcan momentos absolutamente distintos en la vida de la mujer. Era un desafío pensar lo que pasa en las diferentes edades. Desafío que arrancó con Solas no más, que hablaba de crisis de los 30, continúa ahora con La felicidad según Mabel Riviere , que aborda la de los 50 , y la de los 40 ya está escrita pero todavía no está en proceso de trabajo. Habrá que ver cuándo salga cómo se completa esta visión desde una mirada masculina.

¿Hay una idea o un concepto que una a las tres obras?

No. Más allá de querer trabajar con el mundo de la mujer y las crisis, no. Además los tres espectáculos pueden verse por separado. No es que haya una unidad temática que funcione como eje y que obligue a verlos en orden. Ni tampoco hablan de crisis desde una visión generalizadora sino que son una forma de ver estas crisis. De hecho, La felicidad según?arranca con una crisis y después se transforma en otra cosa. Se trata de una crisis muy puntual, es un personaje depresivo que por mala praxis escapa hacia otro lado. No funciona la idea de que todas las mujeres de 50 tengan que vivir un proceso similar.

¿Hay una idea sobre lo femenino? 0 sólo hay preguntas?

Nunca quiero plantear nada totalizador ni decir ?esto es la verdad?. Me parece tan interesante la profundidad de los cambios de ánimo, de humor y cómo se exteriorizan, se muestran y se vivencian las cosas que, como autor y director, es más tentador escribir sobre la mujer porque es más expresiva y arriesgada. Quizás el hombre sea más llano. Puede pasar, de todos modos, que el día de mañana, cuando esté trabajando con un elenco masculino, me hagas la misma pregunta y te conteste lo contrario. Puede que elija al hombre tan arbitrariamente como hoy elijo a la mujer. Hoy este me parece el foco más interesante para trabajar sin querer dejar, sin embargo, ninguna idea totalizadora.

¿Ese mundo aparecía en tus obras anteriores?

En algunas si. Cuando hicimos Divas último modelo, se planteaba a la mujer como ?solo imagen?. En la década del 90, cuando abundaban las modelos, trabajé el arquetipo social de la mujer perfecta. Replanteaba qué había detrás de una fisonomía, de una pseudo belleza. Después lo trabajé en Sin identidad. La obra transcurría en un neuropsiquiátrico, en el pabellón femenino. Allí ingresaba un hombre y veíamos como ese ingreso les modificaba la vida.
Ahora estoy en pleno trabajo de investigación para otra obra que ya nada tiene que ver con esto. Estoy muy metido en esa exploración .Allí es un hombre el que lleva toda la acción adelante. No sé que voy a dirigir primero, si este nuevo proyecto o el cierre de la trilogía.

Solas no más y La felicidad según? fueron llevadas a España ¿Cómo fue esta experiencia?
Increíble, si hay que ponerle alguna palabra esa es ?increíble?.

Solas no más era un trabajo que yo ya había hecho acá. Somos tres autores: Javier Daulte, Matías Herrera y yo. Javier tenía un texto que lo gesto como un ensayo teatral pero nunca lo cerró. Yo le pedí ese texto porque me interesaba trabajarlo y, de cierto modo, completarlo. La obra dura una hora y media y son, más o menos, veinte minutos del trabajo de Javier y el resto de lo agregado por nosotros.
Este texto llegó a la mesa de una productora y quedaron interesados. Por ese tiempo, yo hice un viaje a España, salí en la contraportada de un diario muy leído. Ellos leyeron la nota y se conectaron conmigo a través de una amiga. Me llamaron a Galicia para hacerme una propuesta laboral. Les dije que sí y me fui a trabajar a Madrid. Querían teatro argentino en España, tenían preparada una audición de actores argentinos. Habían leído material de la obra y también las críticas. Cuando llegué hubo una audición en la que se presentaron más de cien actores argentinos, radicados en Madrid. Fueron cuatro días intensos. Un placer de trabajo. Encontré a seis actores brillantes: Eva Coscia, Aitor Lizarribar, Natalia Moya, Anita Lischinsky, Florencia Galiñanes y Cecilia Sarli.
Fue preciosa ya la idea misma de la convocatoria. Después hubo que resolver algunas cosas. Acá trabajamos con seis actores. Allá, por un tema de costos, porque debían hacer gira por toda España, la hicieron con tres actores y tres pantallas de cine. Ese fue un gran desafío desde la puesta y funcionó muy bien.
En 2010 y 2011 la obra ganó ?El circuito artes?. El gobierno les paga para hacer funciones por los centros culturales de Madrid. Eso ayudó a darle continuidad y le otorgó prestigio. Ahora acaban de estar en cartel en Chueca, en una sala que viene con mucha potencia.
Ha sido una experiencia muy placentera con los actores y con la gente de producción. Me nutrí de muchas cosas y ellos supieron entender mi forma de trabajo.
Me volví a Buenos Aires después del estreno. Y a los dos meses, me llamaron por teléfono de un Festival Internacional en España y me dijeron que querían las dos obras. El país ya había entrado en crisis y les era muy difícil llevar los dos trabajos. Decidieron entonces llevar La felicidad según Mabel Riviere. Hicieron una especie de retrospectiva de mi carrera y eligieron también Solas no más (España). Así que fui el único director que tuvo dos obras en el Festival, donde había gente de diferentes países. Nos trataron maravillosamente y para nosotros, como elenco, haber estado casi un mes allá trabajando, fue algo que nos hizo crecer muchísimo.
Ahora también tengo algunas propuestas de España pero es muy difícil concretarlas, a nivel económico.

¿Cómo fue la experiencia con ese público otro, que maneja otros códigos, otra cultura?

La experiencia fue buenísima. A Solas no más la gente la recomienda todo el tiempo. El circuito artes tiene la sala llena. Cada vez que hacen funciones tiene muy buena repercusión.
Y lo del festival fue distinto. Una obra argentina en el marco de un festival. Había mil localidades que se agotaron tres días antes de la función. Una energía que hacía temblar el piso. Era un anfiteatro abierto con una acústica increíble. La gente estaba super expectante. Tuvimos que hacerle algunos cambios al texto porque había algunas cosas que no se iban a entender. Cambiamos algunas palabras y frases, nada más, para que pegara con el público de allá y pudieran entenderla de la misma manera que acá. Pero ellos nos remarcaron que querían un espectáculo argentino, así que no podíamos castellanizarlo, debíamos dejar esa esencia argentina que tiene la obra.
El aplauso final fue increíble y los saludos por las calles del festival también. Todo fue muy intenso.

En tus obras (por lo menos en estas obras) hay una impronta humorística muy marcada que sirve como ?descanso? a esos momentos de gran tensión dramática ¿Cómo trabajás con el humor? ¿Qué importancia le das?

Para mi el humor es salud. Entiendo que muchos directores deciden trabajar con drama porque consideran que el drama es lo que te consagra. Cuando hacés comedia o comedia dramática no termina de ser ?la? obra. A mí eso me causa un poco de gracia. Me parece que si yo trabajara los mismo temas que trabajo sólo con drama sería imposible de soportar, más con el nivel de neorrealismo con el que me gusta trabajar.
El teatro tiene que ser también, en un punto, diversión y entretenimiento. Me parece que la comedia profundiza igual, tensiona. No se trata de una risa fácil: los personajes están sufriendo y el espectador se ríe. Eso genera una tensión sumamente interesante porque algunos ríen, otros lloran. Es muy jugado. Me gusta esa crueldad de no saber qué tenés que sentir. Te pone en el rol de espectador activo que se hace preguntas: ¿Me tengo que reír o sufrir? ¿Qué me tiene que pasar? ¿Por qué me estoy riendo? Plantearte todo el tiempo porqué no podés parar de reír. Me parece que la risa acerca el espectador al espectáculo y permite la reflexión posterior. Eso es teatro y para eso sirve.
Por eso el humor es tan importante como los momentos muy dramáticos. Esos momentos ambiguos donde predomina el humor negro nos permiten la crueldad de reírnos de las desgracias ajenas, algo que en la vida no tenemos permitido. Me parece incluso saludable que en el teatro lo podamos tener.

¿Cómo vez el panorama del teatro en Argentina? ¿Cuesta mucho montar una obra?

Uno sobrevive en el mundo teatral gracias a la pasión que te genera, porque incluso grandes espectáculos con éxito de público no llegan a darte para vivir de esto. Nosotros, que estamos trabajando desde principio de años con este espectáculo y tenemos una muy bien afluencia de gente en sala, no podemos ni pensar en dejar ninguno de nuestros otros trabajos. Esto es pasión pura, es sacrificio. Y también es un oficio en el que te estás profesionalizando y, obviamente, algún día querés vivir de él.
Si te llega ese momento (por suerte le pasa a mucha gente del teatro) lo bueno es no subirte a ningún caballo porque sabés que podés volver a caer. Me parece sano eso de llegar y saber que fue por todo el esfuerzo que hiciste antes.
Hay gente que la rema hasta los noventa años y a veces es un poco cruel que no te llegue nunca la oportunidad. Hay gente que se cansa y abandona. Tiene que ver con las creencias y los ideales de cada uno. Es un arte muy sacrificado. Montar un espectáculo también lo es. Yo conté con la buena disposición de todo el elenco durante dos años para ensayar la obra. En mi elenco hay gente que tiene hijos, maridos, esposas y trabajos. Ese esfuerzo me hace sentir muy halagado. Son diez personas que creyeron en mí. Es un gusto poder trabajar así pero es difícil. Por eso hay que tener mucho respeto frente al trabajo del otro en el teatro independiente. Es algo que le pedimos también a los críticos y a la gente, a aquellos que pueden llegar a hablan cruelmente sobre algún espectáculo porque detrás hay mucho esfuerzo.

Para terminar, hablanos de cuáles fueron o son tus referentes?

Artístico e ideológico a la vez, Raúl Serrano. Esa fue la primera mano que sentí que me llevaba adelante teatralmente. Alejandra Boero, su historia y toda una vida dedicada al teatro, fue otro modelo a seguir.
Después, aluciné mucho con Ariane Mnouchkine cuando logré verlo en Le Théâtre du Soleil. Aluciné con su metodología de trabajo, con su forma porque me di cuenta de que lo que uno quería en el teatro podía ser posible. Hay montones de autores que te van marcando.
Sigo también a directores contemporáneos; sigo muchos los trabajos de Veronese. Claudio Tolcachir me parece una de las figuras más sobresalientes en este momento del teatro. Me encantan sus actores y cómo conciben la vida, como él sigue tan coherente y humilde, trabajando con la gente de Timbre Cuatro.
Toda gente que te va marcando y que te ayuda a reflexionar acerca de tu propio camino. Mis actores también son un referente teatral porque no bajan los brazos nunca y me siguen en cualquier sueño. Si, ellos quizá sean hoy mi máximo referente.