Rosa brillando

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Cuando una obra es buena alguna fibra del alma se ve modificada para siempre. Esta obra basada en textos de la poeta Marosa Di Giorgio logra eso.?después lo voy a festejar en un poema?

Festejar la poesía, la naturaleza, la vida secreta de los objetos, el erotismo, el mundo, el llamado de lo salvaje, las flores, la exploración de los sentidos, el silencio, la música, las palabras, la magia, el mito, el vuelo, el alma, el cuerpo. Celebrar a Marosa di Giorgio es la arriesgada propuesta de Juan Parodi y Vanesa Maja, trasladar su poética a un hecho teatral, darle un tono particular, un cuerpo (erótico, mítico, terrenal y mágico) que pueda vibrar con el espectador.

Nadie sale ileso después de la función. La cabeza puede dispararse en mil y un sentidos: algunos querrán comer alguna fruta, otros correrán en busca de un libro de Marosa o irán tras un disco de Ana Prada, pensarán en los artilugios del poema, en su misterio, catalogarán nombres de flores, de mujeres, mariposas, luciérnagas, objetos, colores. Nadie sale ileso de la poesía de di Giorgio. Mejor, nadie sale ileso de la poesía. Punto.

Del teatro tampoco se sale ileso, lo sabemos: cuando la obra es buena (y una obra es buena si y sólo si), alguna fibra del alma se ve modificada para siempre. Rosa brillando logra eso. Tiene detrás un gran trabajo de dramaturgia. Maja y Parodi han investigado, recopilado textos, entrevistas, han armado un pequeño puzzle (bello, candente) con poemas que arman una historia que aunque no podamos contarla sabemos que es una historia, la de una poeta uruguaya , la de la poesía, la de la naturaleza que, en este caso, es decir la misma cosa.
Aunque no parezca, resulta difícil comenzar a hablar de este espectáculo y también seguir, quizá porque hay algo indescifrable, críptico, celestial. Todo aquel que haya transitado la poesía sabe que es mucho más que palabras, es la respuesta mejor guardada, el erizo, el secreto sin develar del que hablaba Derridá. Eso no se lo podemos contar, para entender, tendrá que ir a Querida Elena, cualquier sábado o domingo de estos a insertarse en esa universo paralelo, ajeno al ritmo de la ciudad, y sus ruidos, sus bocinas y su gente enloquecida.

Lo que si le podemos decir es que Rosa brillando respeta esa esencia (si se la puede llamar así) enigmática de la poesía pero también la despliega haciéndola circula a través de los cinco sentidos. Hay un gran trabajo a nivel de las imágenes: la aparición en escena de un retroproyector permite que la recitatriz (así, mezcla de recitadora, declamadora y actriz, es como debemos llamar a la protagonista) nos ofrezca sentidos ocultos de objetos antiguos, mientras desliza su relato. Lo bueno es que las imágenes no tratan de traducir las palabras pero se corresponden de alguna milimétrica y misteriosa forma. En cada objeto (y en cada palabra) hay un mundo.

La música acompaña maravillosamente, luces que cambian de color y desaparecen en la más profunda oscuridad, lucecitas rojas, luciérnagas también forman parte de este conjunto. Nos toca a nosotros (sí, a nosotros) arrojar flores, sentir el aroma de frutas exóticas que podremos probar a la salida. Oímos a Marosa y casi casi la podemos ver, en el vestido, en los labios, en la piel de la recitatriz. Lo demás escapa a todo relato posible.

Tuvimos la oportunidad de ver la obra en el marco del Festival de teatro de Rafaela. Allí, la puesta se hizo en la Quinta Las Malvinas donde antiguamente funcionara la cremería River Plate, lugar frondoso y enigmático que bien podría recordar a aquella chacra que inspiró a Marosa y que con el tiempo también se convirtió en una planta de productos lácteos. Caía la tarde y todo se prestaba a la poesía.

Dicen que pasa lo mismo en Querida Elena, una antigua casona transformada en teatro, ubicada a unas cuadras del Parque Lezama.

Desde el sábado próximo, 6 de agosto, se puede volver a ver (donde ?ver? es sólo una forma de decir porque el espectáculo ofrece mucho más que eso) Rosa Brillando, en Buenos Aires. Valga el momento para disfrutar de la belleza de las palabras, para descubrir una obra literaria (o para verla en acto), para pensar en los límites y las extensiones de un hecho teatral, para sentir, vibrar y vivir la poesía.

Publicado en Leedor el 31-07-211

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