Amy Winehouse

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¿Qué deja la muerte de Amy Winehouse?Cuando los demonios vencen al genio

?Figurado por la mano de imagineros hábiles,
tu cuerpo será tendido sobre mi lecho;
yo me acostaré junto a él y, enlazándolo con mis manos, pronunciando tu nombre,creeré tener en mis brazos a mi querida mujer, aunque esté ausente: fría voluptuosidad sin duda??. Eurípides, en Alcestes

Vacaciones, unos días lejos de mi ciudad, la agobiante pero querida ciudad capital. Mediodía, acomodándonos en esos salones restaurantes típicos de pueblo costero. Una pantalla televisiva en el centro del comedor bendecía el ritual del almuerzo, las imágenes sin sonido se repetían de manera continua. La noticia era sólo una, la muerte de Amy Winehouse.

Luego de leídos los titulares, de que mi cabeza incorporase el suceso, que aunque sorpresivo, uno de los finales más anunciados; la angustia tomó curso y la sorpresa dejó lugar al asco, a ese gusto amargo en la boca, mezcla de bronca, impotencia y tristeza.

Desde ese día domingo mucho se ha escrito sobre la morocha de peinado beehive, alto y similar a una colmena de abejas. Que ingresó al club de las jotas (Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Brian Jones), que es uno más de los artistas que vivió su vida al límite de las sustancias tóxicas hasta que lo cruzó, que muerta genera tantas y mayores ganancias para las discográficas, los representantes y los publicistas que cuando estaba viva. Vox populi eran sus adicciones, su conducta furiosa sobre los escenarios y su rechazo a ingresar en rehabilitación.

Mucho se ha dicho también acerca de sus letras cual código de vida. Periodistas analizan sus temas, el títulos de sus canciones y hasta desmiembran su último álbum Back to black (Volver al negro), y entrelineas dicen ?encriptado en su propio arte se encuentran las señales de su propio infierno?. ¿Y qué otra cosa esperaban de sus letras? La emotiva londinense revelaba en ellas aquello que la torturaba, porque la música era su arte, su modo de expresión, su manera de exorcizar demonios, de supurar el veneno.

La chica de los ojos egipcios posicionó a la música británica de voz femenina en un lugar nunca antes visto, ganando cinco premios Grammy por su último álbum, destacándose con temas como Stronger than me y Love is a losing game. Su contralto vocal, su voz aterciopelada y cavernosa destilaba armoniosas notas musicales donde se mezclaba algo de soul, con algo de jazz, un tanto de con rock and roll, y la belleza de la música negra entre el gospel y el blues.

Amy era una figura pequeña, frágil, a cada paso parecía quebrarse, romperse como figurilla de cristal, de adentro hacia afuera, por los demonios que la atormentaban. Soportó la fama desmedida hasta que la grieta interna llegó a la superficie, y no toleró más, su cuerpito cedió, se desvaneció, y una mesa de zinc la acunó por última vez.

Amy Winehouse es, desde 2007, parte de mi vida. Presente con su You know I not good cuando algún viejo amor reapareció, o con Rehab a modo de himno: ??No es cuestión de orgullo, me durará hasta que las lágrimas se hayan secado??. Bailé Amy, fumé Amy, bebí Amy. El desvanecimiento de esta singular mujer me lleva por primera vez a vislumbrar un ápice del dolor que un fanático debe sentir ante la desaparición de su ídolo. Una mezcla de vacío y frustración, tener la certeza de que no está más, nunca más, que no hay nada que esperar de su genio. No habrá posibilidad de que nuestras miradas se crucen, jamás será viejita y no contará las mil anécdotas de un pasado vertiginoso y revuelto. Dice Regis Debray ?caída de los cuerpos, ascensión de los dobles?, oponemos a la descomposición de la muerte la recomposición por la imagen. Aquí murió la mujer para que nazca el icono, el ídolo, el mito.

Hoy pienso que sólo queda escuchar una y mil veces sus canciones, que su exótica belleza se encuentra atrapada en sus videos, tan de cine, una fusión espesa, un claroscuro cargado de desastre y orgullo. Y aunque no habrá más de su grandeza, nuestras vidas continúan; entonces con los ojos empañados y la garganta cerrada, echaría una oración al cielo pidiendo guardarme sólo lo ya dio, y que ella, la persona detrás de las luces, no yazca prisionera en su oscuro lecho de troncos. Y aunque lejos, desconocida y retirada, camine muchos años más sobre esta verde tierra, como yo, como vos, como persona del montón; sin genio, pero sobre todo, sin demonios.

Publicado en Leedor el 29-07-2011