De dioses y hombres (II)

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En la película de Xavier Beauvois el tema es la lucha de estos sacerdotes por hacer honor al ?ser hombres, no dioses?, con una profunda devoción y entrega a Dios.La contextura de la fe

?Los hombres jamás hacen el mal tan completa y alegremente, como cuando lo hacen por convicción religiosa? Pascal

Ganadora del Gran Premio del Jurado de Cannes 2010 y del César a la mejor película, entre otros muchos galardones, De Dioses y de Hombres describe exterior e interiormente a una pequeña comunidad de monjes católicos. Y su director, Xavier Beauvois, lo hace con un sorprendente respeto hacia un recorte de la iglesia, agregaría además con una inusual reverencia.

A pesar de que el contexto político social es absolutamente relevante, ya que estos 8 monjes franceses se encuentran en Argelia, en medio de una terrible guerra civil. La cámara se detiene en el conflicto interno de esos 8 seres humanos mostrando al espectador aquello que difícilmente suele relevarse: una auténtica espiritualidad y un respeto por la vocación sacerdotal, anclada en una profunda fe.

Es probable que sea justamente este hecho el que también pueda generar una mirada diferente, ya que el tema del film es la lucha de estos sacerdotes por hacer honor al ?ser hombres, no dioses?, con una profunda devoción y entrega a Dios. Y de hecho este tipo de elección no es común. Lo común en todo caso es la ironía, la parodia, muchas veces absolutamente justificada. No es este caso.

Acá estos monjes trapenses están aferrados a la palabra de Jesús, creen en ella y viven acorde a ella, sencillamente, sin posturas, ni poses.

La cita de Pascal en boca de Luc, sumada a la cita de la palabra de Jesús, (?Quien desea conservar la vida , la perderá, y quien la pierda, la conservará?) oficia de opuesto discursivo, a la vez que le otorga sentido a la acción. A la acción centrada en la fidelidad y el amor a Dios. Porque este film está centrado en la psicología de sus personajes y acá la acción es espiritual, interna y diferente en cada uno de ellos.

Mientras en el afuera la violencia se acrecienta, no sólo por parte de los guerrilleros que penetran el monasterio en busca de ayuda. Sino por parte del ejército, que en principio les da una cierta seguridad y luego los obliga a regresar a Francia. Los frailes permanecen humildemente abocados a su trabajo y a la oración.

Con actuaciones memorables, donde se juegan un abanico de convicciones de diferente tenor. La narración se va construyendo en base a la descripción de la cotidianeidad, la atención de los enfermos, el trabajo colectivo en la huerta, el cuidado de las abejas, la cocina, sus comidas. Todas están actividades, que describen su vida dentro del monasterio están interrumpidas por la oración y los cánticos litúrgicos, que ofician de corte, refuerzo y estrategia para dar cuenta de aquello que no podemos ver, aquello que pertenece al orden de lo inasible.

La idea no es hablar sobre el contexto, si bien está presente en el Islamismo y en el papel que juega Francia en esta contienda de los 90, y en una mirada diferente. Acá tema es la fe, el amor fraterno, y el poder de la oración sublimado en los cánticos. Más precisamente la lucha que un grupo de hombres establecen consigo mismos, para no creerse dioses y actuar como tales.

Un film absolutamente diferente con actuaciones maravillosas, con una fotografía impecable, y con una marcada revalorización de la espiritualidad y la fe pocas veces vista.

Por alguna razón, que probablemente remita a la fe, y salvando todo tipo de distancias, temporales y atemporales, el film de Beauvois tiene algo del orden de lo inasible, de la Juana de Arco de Dreyer interpretada por Reneé Falconetti, a la hora de construir el espacio; en la radicalidad de su enfoque; en la lenta intensidad de la cámara, y en la concepción del concepto de fe. Un film imperdible.

Publicado en Leedor el 3-08-2011