Cuestión de razas

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Seguimos nuestra cruzada contra el sentido común: ¿existen las razas dentro del género humano?Desafiando al rito, destruyendo mitos II

Seguimos nuestra cruzada contra el sentido común.
Nuestro objetivo de mínima es sacudir la modorra y que despierte la duda adormecida o se sacuda la indignación anestesiada.

El tema que nos convoca hoy es la irracional creencia popular acerca de la existencia de razas dentro del género humano. Aún hoy, en pleno siglo XXI, se sigue escuchando a la gente decir, sin ponerse colorada (a ver si los confunden): ¡fueron los negros! o ¡la culpa es de los amarillos!, o de cualquiera que tenga un color diferente a quien profiere el improperio.

Para la ciencia las razas tienen la misma entidad que las brujas o que dios; sólo existen en tanto fenómeno social, no tienen una existencia fuera del sistema simbólico de una cultura en particular.

Todavía se escucha hablar en los medios de comunicación de la población caucásica. Ese concepto atrasa cuando menos 150 años, se corresponde a una época, principios del siglo XIX, cuando se pensaba que la humanidad tenía diferentes orígenes y que los blancos eran nativos del Cáucaso. Esta teoría es hoy día insostenible, ya que todas las evidencias, que cada vez suman más, apuntan a que la cuna del Homo sapiens es una sola, Africa. Somos todos africanos, aunque eso pueda disgustarle a todos aquellos que andan por la vida diciendo: ?- ¡este es un negro de mierda!?.

La concepción acerca de la existencia de razas humanas provino de varias fuentes. Por un lado se correspondía con las variaciones fenotípicas que se observaban (y observan) en la especie humana; los hay rubios, morochos, castaños, pelirrojos, con rulos o cabello lacio, con ojos redondos u ojos rasgados, más altos, más bajos, más gordos o más flacos. Por el otro lado su división clasificatoria se correspondió con una pretensión, ya no sólo de taxonomización morfológica, sino de jerarquías, en donde quien la enunciaba con más fuerza (los europeos blancos) se erigía en la cúspide de la pirámide. Esta combinación fue explosiva y derivó en los terribles episodios de racismo con los que el siglo XX decidió caracterizarse. Nazismo, apartheid o cualquiera de los genocidios diversos y dispersos que nos asolaron por todo el mundo.

El Homo sapiens es innovador, pero también cae en la terquedad y en la necedad. Durante mucho tiempo los antropólogos intentaron en vano establcer características que definieran a los grupos humanos según sus rasgos fenotípicos, es decir observables, en común. Si tomaban una sola cualidad, pongamos por caso el color de la piel, encontraban que no había un corte en alguna tonalidad que posibilitara su división en blancos o negros. Los extremos eran fácilmente reconocibles, pero a partir de allí un degradé de pieles, hermoso arco iris humano, destrozaba cualquier intento de clasificación. No había puntos indiscutibles para justificar una separación en un nuevo color.

Pensaron entonces que debían agregar otras características físicas, como el color de cabellos o la tonalidad de los ojos. Aquí no sólo sucedía lo mismo que con el color de piel (que por cierto ni siquiera es uniforme en una misma persona y si no me cree corra al espejo más próximo y como decía el oráculo: ?- conózcase a si mismo?), sino que para colmo de males, no se podía establecer una correspondencia entre una categoría y la otra. Ninguna de esas tres cualidades mencionadas, piel, ojos, cabellos, se dan entre todos los humanos en forma conjunta. En algunos, una piel oscura va de la mano de ojos claros; en otros, los cabellos claros hacen juego con los ojos oscuros. Técnicamente, los rasgos fenotípicos no covarían; en términos de las leyes de la genética, los rasgos se segregan en forma independiente. No hay posibilidad de mezclas, sino de combinación de entidades discretas (los genes).

Esta indefinición terminó por hacer obsoleto al propio concepto. Además, si alguien encontrara algún valor en una idea que no puede definirse, se toparía además con la utilización política de la raza. Más argumentos entonces para erradicar de una buena vez su utilización. La única categoría biológica válidad para hablar de la humanidad es la de la especie. Y su definición radica en la regla que estipula la fertilidad de la descendencia. Si los hijos son fértiles, entonces se trata de la misma especie y eso en la humanidad se cumple. Si un esquimal tiene hijos con una aborigen australiana, sus hijos serán fértiles y lo mismo vale para cualquier otro grupo que se les ocurra.

Repetimos, la especie humana es una sola, su variabilidad fenotípica no sólo le da belleza sino que es un resguardo de su supervivencia.

Busquemos la unidad de la especie humana preservando esa variabilidad. Así estaremos aun paso de la unidad en la diversidad y la tolerancia quedará más cerca.

Publicado en Leedor el 28-07-2011