Fuego bajo la piel

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Desafortunadamente y haciendo honor a su nombre, El Cóctel ha incursionado en una combinación poco feliz en esta experimentación. La agrupación El Cóctel ? Danza Teatro presenta una obra de episodios autónomos unidos en una historia común, en donde se mezclan elementos teatrales y dancísticos bajo la temática de la tragicomedia del amor. Fuego bajo la piel consiste en 15 ?estampas? o escenas en las que los personajes bailan y teatralizan una situación romántica al son de una canción determinada, a través de las cuales, con mayores o menores desengaños, se va construyendo una historia general que da unidad a la obra. Es un proyecto sumamente experimental, poco atenido a convenciones y buscando llevar más allá estas dos disciplinas artísticas tan cercanas que, por lo general, son tratadas por separado.

La temática de cada estampa aborda algún aspecto comúnmente transitado con respecto al amor y sus turbulencias. Se habla de fantasías prenupciales baratas que quedan ensuciadas por su misma frivolidad, de escapes imaginarios de una esposa y de los deseos ocultos de su marido. Los personajes cambian de estado, pasan de ser la acción misma a ser símbolo o ilusión, meras maquetas o artimañas de sus compañeros y de sí mismos.

Desafortunadamente y haciendo honor a su nombre, El Cóctel ha incursionado en una combinación poco feliz en su experimentación. Sin terminar de ser ni danza ni teatro, la obra peca por indefinición e inconsistencia, ya que tampoco abre camino hacia un nuevo género. El grupo toma prestadas calidades de movimiento de diferentes danzas para generar impresiones distintas según la música y tema de cada estampa, pero por lo general no lleva a buen puerto y es, de hecho, muy evidente la inclusión meramente técnica de algunas de ellas, por ejemplo del contact o el tango. La teatralización se ve sobreactuada mas al mismo tiempo poco expresiva con lo que termina desdibujando la imagen y sensación que se busca transmitir. En realidad, son varios los puntos que embarran la propuesta. En líneas generales, se ve muy desprolija en la actuación individual de cada uno de los personajes y también la de todos ellos como conjunto. Los bailarines se hallan más preocupados por seguir la exactitud de los pasos, movimientos coreografiados y por crear la escena que por transmitir el fuego que se supone los mueve por dentro.

Los cantantes no se lucen y los músicos pasan por mediocres, incluso sólo como decorativos. El vestuario es un rejunte de ropa que descuida el aliño, sin correspondencia entre sí, y que se desentiende de detalles como el uso de zapatos de entrenamiento para mujeres y zapatos de vestir para los hombres.

En lo que respecta al uso del espacio, hay una apropiación total y una utilización en simultáneo por los distintos personajes o parejas, mas es aún así por demás confuso. La obra cuenta como escenografía con un sillón y un ventilador que ayudan a situar la escena en un mínimo de contexto, pero no queda clara la pertinencia de estos elementos en algunas de las escenas y se ve muy descuidado. Otra razón es que salta alternativamente de un setting definido, como puede ser el interior de una casa, a otro totalmente abstracto de representación y de baile. Por supuesto que un pasaje de tal tipo es completamente válido y no debería ser justificado, pero como esto ocurre todo a lo largo de la obra, resulta agotador.

Para el grupo, el amor, los celos y el romance, al combinarse con la danza y el teatro, recayeron en exposición directa del cuerpo, la violencia y la desnudez. Todos pasan por la instancia de despechados y arrogantes, de abusadores y de sometidos, de deseados y descartables. La presencia de cuerpos en ropa interior no genera ruido, la de un cuerpo desnudo no aporta nada nuevo tampoco. Se nota la intención de trabajar con estereotipos y lo chabacano bajo las gafas del humor; no obstante, lo que se ve no es una reflexión muy distinta a la frivolidad a la que hacen referencia. El principal problema de Fuego bajo la piel es que no queda claro si es intencionalmente paródico y exagerado o si ha sido un verdadero yerro. Después de todo, funcionaria si fuese un compendio de inconexas ideas kitsch. No puede calificarse de danza contemporánea considerando que ésta es por convención un género de danza; más bien puede calificarse de danza posmoderna y desligarse de tener que dar mayores explicaciones.

La música es quizás, entre los desaciertos, lo que sostiene temáticamente toda la obra, porque en todas las estampas se trabaja con algún cliché del amor, bajo tonos latinos y monótonos. Las canciones cantadas en vivo dejan mucho que desear; las grabaciones, todavía más.
Pero no todo está dado por perdido, se rescatan algunas cosas. Es ingenioso el uso de triggers sacados del romance popular. La banalidad de expresiones tales como ?sos mi media naranja? o ?ponerse en los zapatos del otro? es llevada a la literalidad y ridiculiza los retorcidos amoríos de los personajes. Por otro lado, por momentos se crean imágenes coreográficas muy interesantes desde la repetición, el ritmo y la estilización. A pesar de todo, es bueno rescatar la integración de la música, la danza y el teatro en una misma obra: en un tiempo en que cada disciplina tiende a cerrarse más sobre sí misma, El Cóctel indaga sobre ese canal expresivo común por el que se viven las pasiones, tanto de las artes como de las relaciones humanas.

Publicado en Leedor el 26-07-2011