El diario de Carmen

0
8

Claustrofobia y fragilidad en esta interesante propuesta de Luis Cano en el Espacio NoAvestruz.
La voluntad de escribirlo todo. De dar cuenta de todo. De registrarlo, yendo hasta el límite de las propias posibilidades. Carmen anota en su diario cada hecho de su vida, de una manera minuciosamente agobiante. Cada acontecimiento significativo (o nimio, lo mismo da) figura en ese diario de tapa dura, color rojo, del que Carmen no se despega jamás. Y en esa encrucijada se juega justamente el gran dilema que plantea esta interesante obra de Luis Cano, un dramaturgo que genera mundos sumamente atrayentes: qué es significativo, qué es importante y destacable en la propia vida, y qué no lo es. Qué acontecimientos merecen ser eternizados y cuáles rápidamente olvidados. Y relacionado a esto: ¿puede la escritura superar a la vida? ¿Podemos alcanzar a escribirlo todo? ¿Cómo aprehender esa totalidad compuesta de sensaciones, pensamientos, dolores, alegrías, recuerdos, etc., desde la práctica de la escritura? Vivir o escribir.

Ésa parece ser la gran disyuntiva a la que se enfrenta Carmen. Vivir para escribir, para tener algo digno de ser anotado. El personaje parece no dudar: su opción es clara. Hace mucho tiempo que ha decidido a volcar obsesivamente en su diario, los hechos de lo que ella llama ?su vida?. Hace mucho tiempo también que ha optado por no salir más de su casa, excepto para trabajar. Pero el trabajo parece no contar para Carmen: es una actividad que se desarrolla lejos de ella, en su ausencia, aunque requiera paradójicamente, su presencia. Carmen entonces escribe, anota, vive a través de su diario. Pero no sale. Y aquellos a los que les toca padecer su decisión son justamente esos seres con los que Carmen convive: Juan, el hombre que está a su lado. Y Bianco, su gato, quien ha podido realizar lo que él hasta ahora no se ha atrevido a hacer: escapar, huir de esa casa.

El espacio acotadísimo de la puesta nos sumerge en una aterradora sensación de claustrofobia. Porque Carmen vive aterrorizada por el afuera. Sufre por los viejos accidentados, tirados en las calles, librados a su suerte. Carmen es Gaby Ferrero, una gran actriz que sabe dotar a su personaje de una gran variedad de recursos. Juan es Mauricio Minetti, que entrega un trabajo repleto de matices, y establece el necesario contrapunto entra tanta verborragia y neurosis de Carmen. Un personaje dedicado por completo a la inmensa actividad de escribir la vida, para alejar definitivamente la soledad. La inquietud y la incertidumbre que provoca la fragilidad de la existencia. Y la perplejidad que implica muchas veces, tantas veces, el hecho de estar vivo.

Publicado en Leedor el 22-07-2011