El círculo

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Con El círculo, Agustín Alezzo vuelve a demostrar su enorme sensibilidad para elegir textos y, sobre todo, para dirigir actores.

?La función del pasado es no soltarnos?
Hannah Arendt

Todos volvimos al pasado alguna vez. El pasado vive, es elocuente, vivaz y nunca se rinde. Todo lo que hagamos para deshacernos de él constituye una lucha perdida de antemano. Persiste en el barrio, en los olores de la infancia, en los amigos, en los dulces rencores y amargas ilusiones. En los padres sobre todo, persiste.

Entonces, lo que fuimos, somos e, irremediablemente, lo que podremos llegar a ser transcurre (discurre, transita) en círculos concéntricos donde nada es lo que parece ni nadie es realmente quien dice o piensa ser. El tiempo es circular y somos todos nuestros olvidos.

En este caso, el viaje al pasado lo emprende Eric Weiss, un novelista que logra alcanzar cierta popularidad con la publicación de su libro ?Brooklyn Boy” y que debe regresar al antiguo barrio judío donde fue criado por la grave enfermedad de su padre. Allí, su pasado, su presente y, quizá también, su futuro confluyen en una trama que no tiene desperdicios, que es emotiva y profundamente humana.

El círculo habla de las posibilidades de elegir el propio destino y, a la vez, de la imposibilidad de escapar al origen, de las ganas de huir, de los miedos, de los viejos rencores, de la ternura persistente a pesar de todo, de los vínculos. Sobre todo, de los vínculos: un padre al filo de la muerte con el gesto adusto siempre a flor de piel, una mujer a punto de convertirse en ex en medio del dolor que provoca estar condenado al fracaso, y un amigo de otro tiempo que intenta (y vuelve a intentar) recuperar algo del mundo perdido de la infancia y la tradición. Un circulo de intimidad reestablecida donde el protagonista debe finalmente enfrentarse consigo mismo.

Dando vueltas en el aire, aparecen también las complicaciones que acarrea publicar un éxito, los conflictos por la venta de derechos de autor, la ambición y la fama (que siempre es puro cuento). Y, sobre todo, el futuro que no se dice pero que se percibe en la incertidumbre, en la duda, en un nuevo comienzo, cuando el círculo, por fin, se cierra y vuelve a empezar.

Y, un poco más allá de acá, podemos reconocer además el juego constante entre ficción y realidad (¿Weiss escribe un libro autobiográfico o todo es producto de su imaginación?) y entre la realidad y las trampas del sueño o la memoria, espacio donde resulta posible la reconciliación con el padre, donde es posible redimirse.

Con El círculo, Agustín Alezzo vuelve a demostrar su enorme sensibilidad para elegir textos y, sobre todo (sobre todo), para dirigir actores. Cada uno de ellos cumple su rol a la perfección, no dejan nada librado al azar y se lucen. Magnifico el contrapunto logrado entre padre e hijo (Néstor Duco y Lizardo Laphitz), con el amigo (Bernardo Corteza) y con la ex esposa (Cecilia Chiarandini) que da lugar a escenas muy tensas y cargadas de emotiva reflexión.

El círculo es una experiencia sensible, un rencuentro con la identidad. Es darse cuenta de que el pasado nos tiene atados y el futuro qué se yo. Mientras que el presente es búsqueda, intento, pregunta y fugaz poesía.

Publicado en Leedor el 7-7-2011