1Q84, de Haruki Murakami

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Por qué el último libro de Murakami es el más interesante publicado en los últimos años.Magia, música y metaficción

Sería interesante escribir una historia de los intentos de ciertos novelistas por incorporar las estructuras de la música a la narrativa. Marcel Proust, por ejemplo, formateó el trabajo de composición de En busca del tiempo perdido de acuerdo a un sistema variacional; algunos años después, inspirado en Proust, Raymond Queneau tomó a las Variaciones Goldberg de Bach (que presentan un aria y 30 variaciones en las que danzas diversas se intercalan con cánones y fugas) como patrón de escritura para sus Ejercicios de estilo, donde una misma historia es reelaborada según pautas, tonos y estilos diferentes. Aquí son los modelos de proliferación o las estructuras los que son ?traducidos?; otro modo de incorporar la música a la narrativa podría ser el Cuarteto de Alejandría de Durrell, la escritura derivada del bebop que practicara Jack Kerouac o el intento (interrumpido por su muerte) de Philip K. Dick de escribir un sucedáneo narrativo de los últimos cuartetos de Beethoven.

Haruki Murakami, el narrador japonés más leído en todo el mundo, no es ajeno a estas prácticas. De hecho, la música (pop, rock, jazz, barroca, de vanguardia) atraviesa su obra desde momentos tan tempranos como 1987, cuando publicó Norwegian Wood, título inspirado por la canción de The Beatles, hasta After Dark (2004), modelada en torno a un estándar del jazz. De hecho, 1Q84, su última novela (publicada en tres tomos en Japón en 2009, los dos primeros llevados al castellano por Tusquets), sigue las pautas estructurales de El clave bien temperado, compuesto por Johann Sebastian Bach entre 1722 y 1744. Esta obra, un set de preludios y fugas, es una de las más influyentes en la historia de la música, en parte por haber terminado de imponer el sistema tonal más difundido en la actualidad, en el que el semitono que va entre Do y Do sostenido, por ejemplo, implica la misma distancia tonal que el que va entre La y Si bemol, y Fa sostenido y Sol bemol son sonidos idénticos (lo cual se denomina ?temperamento igual?), a diferencia de lo que sucede en otros sistemas empleados en la música renacentista y barroca que, al no basarse en intervalos idénticos, volvían complicada la transposición e interpretación de piezas a tonalidades diferentes. Todo El clave bien temperado consiste en una sucesión de preludios y fugas, comenzando por la tonalidad de Do mayor, siguiendo por Do menor, luego Re mayor, Re menor y así sucesivamente, hasta llegar a la fuga en Si menor que culmina el primer libro. El segundo (que Bach compuso 20 años después del primero) sigue el mismo patrón, desde el preludio en Do mayor hasta la fuga en Si menor, por un total de cuarenta y ocho composiciones.

La equivalencia que construye Murakami es ingeniosa: Los preludios están representados por Aomame, una asesina a sueldo, y las fugas por Tengo, un profesor de matemática; cada uno de los tres ?libros? de 1Q84 incluye 24 capítulos, alternando a Aomame con Tengo en una historia que, en líneas generales, representa el acercamiento entre estos dos personajes, que se habían conocido ?y enamorado? en la infancia para luego separarse.

Tengo Aomame, falta Tengo

El primer capítulo señala además la irrupción de un mundo diferente al Japón ?real? de 1984, año en que se desarrolla la novela. Aomame, que está llegando tarde a una cita de trabajo (después nos enteramos que esta ?cita? implica un asesinato), se ve atrapada en un embotellamiento en una autopista elevada. El taxista que la conduce le sugiere que se baje y busque una de las escaleras de emergencia que conectan la autopista con el nivel del suelo, donde podrá caminar hasta una estación de trenes para subirse al transporte que la dejará a tiempo en su destino. Pero después de la sugerencia va una advertencia: estas cosas, le dice, no suceden todos los días; cuando se rompe el equilibrio de lo cotidiano y se hace algo que nunca sucede, la ?realidad? puede verse alterada. Aomame hace caso omiso de la advertencia, se baja del taxi y busca la escalera de emergencia; llega a tiempo a su cita y cumple con su misión. En los días siguientes, sin embargo, empieza a detectar anomalías. El mundo al que de a poco va accediendo no es exactamente igual al 1984 que abandonó: los primeros detalles que descubre implican cambios en el uniforme y el armamento de la policía y, quizá, en la historia reciente de Japón. Llegado el momento, mira por la ventana de su departamento y descubre dos lunas en el cielo, la de siempre y una más pequeña, de color verde. Entiende entonces que está en otro mundo, al que bautiza 1Q84 (en japonés el nombre de la letra Q suena igual al número 9).

Los capítulos de Aomame (los ?preludios?, digamos) nos muestran la vida solitaria de esta mujer, que trabaja para una organización misteriosa que venga a mujeres víctimas de violencia doméstica. El lector va entendiendo que algo está faltando, que Aomame no puede dejar de percibir un vacío en su vida, un centro ausente. Pronto entendemos que ese centro es Tengo, a quien la solitaria asesina había conocido en su infancia.

Tengo Tengo, falta Aomame

Los capítulos pares están dedicados a Tengo, otro solitario que busca la pieza ausente del rompecabezas; al comienzo de su historia nos enteramos que es un escritor en la sombra que no ha tenido mayor suerte con la publicación de sus novelas, pese a que está en buenas relaciones con una editorial, para la que hace reseñas laudatorias y trabajitos de edición. Uno de esos trabajos le es propuesto en el primer capítulo (la primera ?fuga?); su editor le cuenta que una chica de diecisiete años presentó a un concurso financiado por la editorial una novela fascinante pero de una escritura muy pobre, y le propone a Tengo reescribirla. La novela, una vez terminada, será elegida como ganadora del concurso y serializada en una de las revistas más importantes de Japón, para luego ser publicada en forma de libro y aspirar al premio de literatura más prestigioso. La juventud (y belleza) de la chica, además de la fascinación que despierta su texto (incluso en su estado imperfecto) en el lector, prometen a la editorial un éxito de ventas y, por consiguiente, una gran remuneración económica para Tengo. Tras algunas dudas nunca despejadas del todo, Tengo acepta. Lee la novela en una noche y entiende el por qué de la fascinación de la que le habló su editor: se trata de una historia fantástica, centrada en la irrupción de un mundo inquietante y mágico en la vida de una niña. Pero hay algo más: Tengo empieza a creer que Fukaeri, la autora, debió vivir esos acontecimientos, que no pudo de ninguna manera inventarlos. Cuando la conoce en persona para hablar del texto sólo se convence más de esta idea. Un día, después de terminado su trabajo y de publicada la novela (que se llama La crisálida de aire), empieza a escribir un nuevo libro, una novela. Sin entender muy bien por qué, entiende que en esa nueva ficción debe haber dos lunas en el cielo, una igual a la de siempre y otra verde y pequeña.

Ficción, fantasía, realidad

Pasada la mitad (es decir el primer ?libro?), la novela se convierte en un sutil entrelazamiento de realidad, fantasía y ficción. El mundo de La crisálida de aire irrumpe en la realidad de 1984 y cristaliza en el 1Q84 al que se han visto arrojados ambos personajes; en esta nueva ?realidad?, existe un grupo de homúnculos o duendecillos (?la gente pequeña?) que parecen ubicuos y omniscientes, con propósitos desconocidos. Ciertos seres humanos (Fukaeri por ejemplo) son capaces de servir de canal entre esos homúnculos y la humanidad. Así, la trama se expande y abarca la historia de varias sectas religiosas aparecidas en Japón en los años setenta, una de ellas liderada por el padre de Fukaeri, otro de los ?canales? de la gente pequeña. Este mundo va adquiriendo solidez y detalles a lo largo del segundo ?libro?, y por momentos parece que Murakami va a conducir sus lectores hacia una novela de fantasía al mejor estilo Ursula K.LeGuin o George R.R. Martin. En ese otro mundo, además, deberán encontrarse Tengo y Aomame.

Es interesante cómo todo este juego de realidad, ficción y metaficción (después de todo gran parte del mecanismo que hace ?irrumpir? al mundo de 1Q84 en 1984 puede entenderse como un diálogo entre libros) alcanza niveles de complejidad comparables a la de los trabajos de Borges e Italo Calvino, o también, más recientemente, a El atlas de las nubes de David Mitchell y casi todas las novelas de Paul Auster, con quien Murakami ?en virtud de su modo particular de trabajar lo fantástico o lo mágico? ha sido comparado en más de una ocasión. Sin embargo el trabajo del japonés es de alguna manera más denso y pulido que los a veces desprolijos juegos metanarrativos de Auster, por ejemplo la novela La noche del oráculo, que, comparada con 1Q84 es difusa y tentativa. La escritura de Murakami (al menos en lo que la traducción permite apreciarla) es sobria y elegante, y se mantiene con pulso magistral a lo largo de la extensa novela (y falta todavía el tercer libro). Esa aparente sencillez contrasta marcadamente con la ambición y la complejidad del proyecto, que, además, incluye una gran cantidad de referencias a la historia de Japón y a la de la literatura, especialmente en sus referencias a la famosa 1984 de George Orwell.

Es posible, entonces, que Murakami sea uno de los narradores más poderosos de la literatura contemporánea, en cualquier idioma, y su 1Q84 está entre los libros más interesantes publicados en los últimos años, junto a Contraluz y Vicio propio, del maestro Thomas Pynchon.

Publicado en Leedor el 4-07-2011