El secreto de los flamencos

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Thriller histórico que atrapa desde las primeras páginas, nos lleva al Renacimiento europeo y a dos escuelas de pintores, los florentinos y los flamencos enfrentados por el secreto del color en estado puro. Federico Andahazi es un escritor controvertido, reverenciado por muchos y denostado por otros tantos. Ganador de premios por algunos de sus cuentos y por su novela ?El anatomista? no deja, sin embargo, de ser cuestionado por cierta crítica que lo considera simplemente un escritor de best sellers.

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?El secreto de los flamencos?, un thriller histórico que atrapa desde las primeras páginas, nos lleva al Renacimiento europeo y a dos ciudades: Florencia y Brujas. Allí, dos escuelas de pintores, los florentinos y los flamencos se enfrentan por obtener el secreto del color en estado puro. Este secreto está oculto en una clave numérica entre las líneas del ?Libro del Orden? de San Agustín. Sin embargo, este no es el único enigma que propone la novela. El asesinato del joven Pietro della Chiesa, discípulo preferido de Francisco Monterga, y la aparición de la misteriosa Fátima en el taller de los Van Mander tejen una trama en la que abundan los indicios verdaderos frente a otros que simplemente distraen la atención del lector.

Andahazi maneja a la perfección las reglas del policial: la información está dada en las dosis justas, el suspenso crece con cada hecho que se narra ?en este sentido son interesantes las anticipaciones con las que suelen cerrar algunos de los capítulos o algunas de las partes en que se divide cada uno?, y hay un narrador que ordena la información, eligiendo qué contar y qué no, en una historia colmada de pistas que llevan a un camino que en el capítulo siguiente se muestra equivocado. Todo está ahí, pero el final nos toma por sorpresa.

Más allá de la historia policial, El secreto de los flamencos sorprende por la detallada y exacta ambientación en la Europa renacentista. Los personajes, las calles y la atmósfera recrean las ciudades de Florencia y de Brujas del XV ?luminosa una, oscura y decadente la otra?. En estos años, los maestros florentinos dominan el secreto de la perspectiva, y los flamencos el misterio de los pigmentos. Sin embargo, la guerra entre ambas escuelas imposibilita la existencia del pintor perfecto, aquel que domine lo mejor de ambas escuelas: la perfección de las formas y la luminosidad de los colores. Los pasajes en los que se hace referencia a técnicas pictóricas, pigmentos y aceites están hábilmente entrelazados con las diferentes líneas argumentales que propone la novela. Los títulos de los capítulos colaboran con esta relación ya que cada uno tiene como nombre un color: ?Rojo Bermellón?, ?Azul de ultramar?, ?Amarillo de Nápoles?, ?Verde de Hungría?, ?Blanco de plomo?, ?Negro de marfil?, ?Siena natural? y el revelador ?Coloris in status purus?. Cada uno de estos nombres está elegido en función de lo que se cuenta y de lo que se sugiere.

La pintura tiene estrecha relación con la biografía de Andahazi. Su abuelo paterno era un excelente pintor y hasta compartió su atelier con Pablo Picasso. El hecho de que el propio Andahazi estudiara pintura se refleja en una novela concebida casi como un cuadro: hay contrastes de luces y sombras, hay colores que son símbolos de algo más profundo, hay imágenes visuales contundentes que son verdaderas pinturas narradas.

Si consideramos a los personajes, hay una interesante galería de seres que tejen sus vidas alrededor del deseo de gloria y fama, y para alcanzar sus objetivos recurren a diferentes formas de engaño hasta llegar al crimen. No faltan tampoco en los personajes ni los celos, ni la envidia, ni un erotismo perverso que se manifiesta en todas las relaciones que desarrolla la novela. Frente a estas pasiones cotidianas y propias de todos los seres humanos, hay un trasfondo filosófico que se refleja en la búsqueda de la verdad.

Francesco Monterga y los hermanos Van Mander, Greg y Dirk, orientan sus vidas a conocer el secreto del color en estado puro que resultará una verdad peligrosa para el que la posea. Greg ya había accedido a esa verdad en el pasado cuando el duque Felipe III le había encomendado que descubriera los secretos del color que el pintor Van Eyck se había llevado a la tumba. Greg trabaja sobre una pintura del famoso artista y, cuando llega a la verdad y supera al pintor flamenco, se queda ciego. El conocimiento da poder, pero se revela como peligroso para todo aquel que lo posea. Los personajes, de esta manera, van pasando diferentes estadios en esa búsqueda de la verdad en la que apariencia y realidad se confunden constantemente como se confunden también para el lector que, hacia el final, debe volver al comienzo y reconstruir la historia a partir de la revelación del último capítulo.

La crítica señaló acertadamente la existencia de un eco borgeano en ?El secreto de los flamencos?. Evidentemente, usar la erudición como material narrativo era un proceso habitual en las ficciones de Borges y Andahazi se vale de esto en la mención de datos históricos junto a referencias pictóricas y culturales. Hay mucho de filosofía detrás de estas referencias porque el gran tema de la novela es el que preocupó a los filósofos de todas las épocas: ¿qué es la verdad?, ¿existe fuera del hombre o es una construcción de cada uno?, ¿puede el hombre llegar a la verdad o es solo patrimonio de Dios? Preguntas que todos los hombres se hicieron desde los orígenes de la filosofía y que todos los personajes, en mayor o menor medida, se plantean.

Andahazi hace referencia a su erudición y admite que a la hora de escribir no consulta material enciclopédico, sino que prefiere leer ficciones ambientadas en la época. Lo importante para él no es convencer al lector de su erudición sino crear una novela que sea verosímil. Volviendo a la intertextualidad con Borges, hay un homenaje con las menciones directas a ?El Aleph?. Para Andahazi Borges consigue ?sintetizar en un solo cuento toda la tradición de Aristóteles a esta parte acerca del sustrato metafísico de las cosas. En el Renacimiento todo tenía que tener un sustrato de sustento metafísico, sustento aristotélico. El color en estado puro es un sustrato metafísico. Para Aristóteles el blanco era la suma de todas las cosas (y no sólo de todos los colores). Y ese concepto de blanco aristotélico coincide con el Aleph borgeano?.

En síntesis, ?El secreto de los flamencos? es una novela que invita a los lectores a una recorrida histórica por una época paradigmática en la cultura de toda Europa. Es además, una invitación a disfrutar de un policial sólido, bien construido, en el que cada detalle confluye en un final que cierra unas puertas pero abre otras. Es, finalmente, una novela que justifica, sin dudas, el éxito de público de Andahazi.

Publicado en Leedor el 13-6-2011