La doble vida de Walter

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Perfila para joya esta nueva película de Jodie Foster.
La duplicidad a la que alude el título argentino de la película es reforzada desde las primeras imágenes del film: ya desde los créditos una marca de agua sobre las letras las desdobla, formando un espejismo, que se traslada a la primera aparición del rostro de Mel Gibson. Duplicidad que no es sólo un gesto formal, sino el modo en que se relacionan padres e hijos.

Walter Black ha sido sufrido la relación con un padre ausente por una depresión que acaba en suicidio viéndose forzado a ocupar el lugar vacío del padre en la empresa familiar. Cuando su propia historia toma el mismo rumbo aparece el Castor al que hace referencia el título original (The Beaver).

Para el mundo exterior es tan sólo un muñeco de peluche adosado a la mano de Walter, y aunque al principio esta situación es tomada como una gracia incluso para el mismo espectador, pronto se comprende que este castor es una duplicación del propio Walter, una escisión de su psique para poder seguir funcionando.

No es casual, entonces la construcción de planos con los que se muestra a Walter y al Castor: siempre aparecen juntos, y no queda duda de que la voz del personaje es la del propio Mel Gibson (quien también sufre una suerte de desdoblamiento vocal entre su acento australiano original y el norteamericano).

Paralelamente a esta situación, está el doble que es su propio hijo. Porter (Anton Yelchin) lleva una exhaustiva lista donde remarca los gestos y comportamientos que ha heredado de su padre, en un intento consciente de romper con este designio familiar que tiende al suicidio y al abandono. Y curiosamente, su modo de ganar plata es escribir los trabajos escolares para otros, de modo tal que parezcan escritos por la persona que paga.
Nuevamente entonces nos encontramos con la presencia de un doble, puesto que Porter logra camuflarse en el modo de pensar de otros para escribir como ellos lo harían.

Resulta muy interesante también el rol que cumple la mujer en esta herencia de padres a hijos. Jodie Foster no es tan sólo la esposa de nuestro perturbado Walter, sino la propia directora del film. Su anterior trabajo, muchos años atrás, también trabajaba sobre las relaciones familiares, en una joyita del cine indie americano llamada ?Feriados en familia? (Home for the Hollydays). Aquí, las mujeres son de alguna manera las encargadas de marcar las directrices de la vida familiar: todo cambia cuando ella decide que es hora que Walter se mude, todo cambia cuando vuelve a aceptarlo. La chica de la que Porter está enamorado, Norah (Jennifer Lawrence, conocida por el film ganador del Oscar ?Lazos de sangre?) también es el soporte de su vida emocional en pleno desmoronamiento. Las mujeres son el aglutinante del seno familiar, son las que sostienen al hombre desdoblado, son la unidad en la duplicidad.

Como prueba de este rol esencial de la mujer pero que permanece en un segundo plano, hay una escena donde se nos muestra a Walter con uno de sus hijos en un hospital. Colgado en la pared hay un cuadro de proporciones gigantescas de nada menos que una mujer, y la cámara enfoca a Jodie Foster, que mira como desde fuera la escena. Como una presencia invisible que funciona, efectivamente, como aglutinadora.

Esta película, como su predecesora, se perfila como una joya de un cine de Hollywood más independiente, lleno de matices a descubrir.

Publicado en Leedor el 15-06-2011