Woyzeck, de Georg Büchner

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Las inquietudes sociales planteadas por Georg Büchner en 1836, son retomadas hoy por Gonzalo Facundo López y su equipo en la adaptación presentada en el espacio teatral Delborde Las inquietudes sociales planteadas por Georg Büchner en 1836, son retomadas hoy por Gonzalo Facundo López y su equipo de trabajo en la adaptación de Woyzeck, presentada en el espacio teatral Delborde, reivindicando esta pieza como la obra maestra de la corta vida del joven estudiante alemán.

La gran problemática del sometimiento a órdenes impuestas de manera tirana y predeterminada gira en torno a Friedrich Johann Woyzeck, haciéndolo pensar, inquietarse, cuestionarse aspectos que son fácilmente transferibles a los parámetros, según los cuales, se rige la vida en sociedad de hoy.

La dominación y el control impiden el libre albedrío ejerciendo sobre el personaje central una presión crucial en el desarrollo de su vida. Lo lleva a lo atroz, a la desesperación y al no entendimiento, haciendo resonancia en el replanteamiento mismo de la filosofía y la naturaleza humana. Todo esto da al espectador la pauta de la delimitación de un espacio para repensar individualmente la realidad social en la cual nos encontramos inmersos.
?Sos un hombre bueno Woyzeck, pero pensás demasiado?

Escenográficamente, el espectador queda totalmente incluído en conjunción con el desenvolvimiento de los artistas en escena. Todo esto logra convertirlo en el receptor exclusivo de las emociones expresadas en los intensos parlamentos de los personajes, y lo hace formar parte de una disposición espacial jugada e interesante. Los artistas se articulan en movimientos que en el conjunto generan una armonía coreografiada, precisa y cautivadora.

Tanto las proyecciones como la iluminación no son un mero complemento. Constituyen un papel determinante a la hora de enfatizar ciertos pasajes, continuar diálogos, miradas y puntos de vista. A través de la construcción de una atmósfera apropiada, delimitan y exponen el abordaje estético que la obra plantea. Nada se dejó librado al azar: cada uno de los detalles es parte de una selección desafiante, astuta e inteligente. Son los elementos más significativos a los cuales, sin duda, la memoria de cada espectador alude una vez que abandona la sala y los marca como representativos de la peculiar puesta en escena.

Sería injusto no mencionar la presencia del coro en la ejecución virtuosa e impecable del papel que le toca representar. Otorga dinamismo, siendo el elemento que podría llamarse ?moderno?, del cual se vale para la puesta en escena.

En síntesis: Woyzeck no solo invita al pensamiento y replanteamiento individual de temáticas fuertes concernientes a todos por igual, sino que deleita con una adaptación fuerte donde prima la astucia por sobre las dificultades que presenta una obra especialmente intensa.

Publicado en Leedor el 7-6-2011