Household X (II)

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Gran película japonesa entre la sumisión y el desprecio a las mujeres.Entre la sumisión y el desprecio de género

Household X es una descripción morosa y obsesiva de un ama de casa en el ámbito de lo privado.

La cotidianeidad es un aspecto generalmente poco mostrado en el ámbito cinematográfico, no precisamente en el cine japonés. Razón por la cual uno suele preguntarse muchas veces cosas aparentemente tan banales como qué comen estas personas, quién cocina, quién asea la casa, quién cuida el jardín, quién saca a pasear el perro, quién atiende los niños, lista interminable, que sin duda no es despreciable. Y que es la esencia de este film.

Lo cierto que Hogar X es el referente de un hogar en particular.

Con una minuciosa cámara en mano, Koki Yoshida, quien presentó en la Bafici 09, Shorei X, la historia de un hijo que vive con una madre esquizofrénica, contada a través de lo cotidiano y de su repetición. Esta vez va a mostrar la vida de una mujer en la soledad y la rutina de algo que es diametralmente opuesto, de aquello, que solemos llamar, un hogar.

Este es el retrato de una mujer que va del supermercado a su casa donde vive con su marido y un hijo, los cuales casi no le dirigen la palabra, sólo para darle órdenes directas o indirectas.

La comunicación que ella pretende realizar, mediante su tarea de atenderlos, ya sea limpiando la casa, lavándoles la ropa o cocinándoles, no genera reconocimiento alguno. Es como si su trabajo fuese un supuesto de su condición de mujer.

Su mente poco a poco se va deteriorando, va creciendo en obsesión y en paranoia hasta desencadenar en bulimia.

Este film, por momentos duro y realista, da cuenta de una enfermedad, que surge en el siglo XX, con ese rótulo, y que es en parte la consecuencia de la falta de afecto, y por ende de la consiguiente pérdida de la autoestima.

De esto habla el film. No obstante, uno podría interrogarse si es una problemática común en la sociedad de Japón donde el trabajo de la mujer en su casa es despreciado. Aunque también se muestra la dificultad de conseguir un empleo. Y la costumbre cada vez más arraigada de dormir cerca del mismo durante la semana y regresar ?para que le laven la ropa, el fin de semana a su casa?.

Si bien en Japón fue promulgada una ley de igualdad de género a mediados de los 40´, es sabido que la mujer debe elegir entre trabajar o tener hijos, ya que a las madres no se les da trabajo. Y si una mujer se separa los niños permanecen con ella sólo hasta los 6 años, luego pasan a vivir con su padre.

Lamentablemente el Japón es una sociedad altamente discriminatoria, incluso con los extranjeros. Y creo que la filmografía de Yoshida da cuenta una y otra vez de la desprotección, de la soledad y de la discriminación. Y abre una interrogación sobre la lógica interna, desde donde se piensan y se mantienen las diferencias de género, que hacen, que aún hoy, en el siglo XXI, la anatomía, siga siendo un destino.

Una gran película, con un clima denso, que crece con la profunda insatisfacción de los personajes, donde el peso de la alienación recae en el personaje de esta mujer a la cual se le secan las flores del balcón. Como se le pudre el agua en el bidón, al mismo tiempo que se va desdibujando la imagen de su rostro, se llena de tristeza su alma y se enferma. Para luego cruzar la frontera invisible entre el adentro y el afuera, en un ensayo de abandonar la prisión.

Publicado en Leedor el 18-05-2011