Mercado de futuros

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Un cine radical que tiende un puente hacia el arte, para intentar romper con los cánones establecidos.

El peligro de prescindir de la memoria

Como ocurriera con El cielo gira (2005), Mercados de Futuros surgió también en el ámbito del Master del Documental de la Creación de la Universidad de Pompeu Fabra de Barcelona con el apoyo de su director, Jordi Balló, y con la participación de sus alumnos.

Mercedes Álvarez continúa trabajando en la misma dirección poética. Esta vez con una gran producción, que habla de un futuro de sueños y deseos trastocados en pura mercancía. Apelando siempre a la memoria y a sus memoriosos, el film comienza con una cita y un saludo al olvido, mientras vemos como una antigua casa llena de un mundo ajeno- nuestro, individual y colectivo aparece representado por objetos, objetos, que sus dueños cargaron alguna vez de sentido. De pronto son despojados de éste, y llevados, quien sabe a que lugar, antes de que la casa sea finalmente derribada.

Esta es una metáfora, que le sirve de pretexto a su directora para mostrarnos parte del espectáculo de la sociedad en que vivimos. Y parte de ese espectáculo tiene que ver con esa fiebre de consumismo, que hace que lo que hoy tiene sentido, mañana lo pierda y pase a formar parte de aquellos ?restos del alma?, que vamos dejando en el camino.

Aquellos restos de los cuales hablaba, con otras palabras Guy Debord en 1967 en La sociedad del espectáculo, donde trazaba el desarrollo de una sociedad moderna, en la que todo lo que era vivido en forma directa, se iba convirtiendo en mera representación, declinación inevitable del ser en tener y del tener en parecer.

Parte de los restos ?visibles?, que vamos perdiendo aparecen en la Feria de Bellcaire, uno de los mercados mas antiguos de Europa, que data del siglo XIV y que en el 2010 se vio en Sinfonía d´un mercat, un documental de Javier Llamazares, Xavier Baig y Oscar Moreno.

Mercado de Futuros fue rodado en 2009 en ferias inmobiliarias, sociedades de inversión, congresos sobre liderazgo, tanto de Barcelona, como de Madrid, en carreteras anestesiadas de autos que no dejan de pasar, sueños que pasan unos tras otros, como castigos de los dioses. Como pasan las promesas de los paraísos artificiales y se pierden las palabras de los gurús, que predican el éxito de la iconografía empresarial.

Mercedes Álvarez explora el lenguaje que hablan los hombres y mujeres de nuestras ciudades, a través de la jerga inmobiliaria, de los brokers de bolsa, de todos los modernos vendedores de ilusiones y de las relaciones entre éste, la arquitectura, el espacio y la memoria, de allí su cita y recita de la leyenda de Simónides. Porque sin duda es una realidad, que (hasta en el ámbito de lo privado) algunas personas van transitando la ruta, donde la memoria dejará de ser un atributo indispensable para emocionarse, al recordar el sentido de los objetos, y su relación con sus seres queridos.

Publicado en Leedor el 18-05-2011