Lo inolvidable

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Sin intenciones de disgresión lingüistica o floreos narrativos este libro de cuentos de artesano.?Lo inolvidable? es un libro de cuentos a la vieja usanza: esa que remite al conjunto de relatos con cierta temática en común, donde las historias tienen una estructura bastante clara y la noción de cuento responde a la generación previa a la nueva ?literatura joven argentina?. Con esto último se intenta explicar que a Berti no le interesa el floreo lingüístico en sí mismo, ni la digresión ensayística, y menos todavía los recursos posmodernos en la narración. Tiene más en común con los escritores que rondan su edad: Brizuela, Birmajer, Nielsen, Figueras, De Santis. No necesariamente en estilo o calidad, pero, dicho de forma bien clara, los cuentos de Berti, cuando funcionan ?y en este libro, hay unos cuantos que lo hacen? son excelentes ejemplos para talleres literarios: ¿cómo se escribe un buen cuento? Así.

El primer relato, de hecho, ?El inicio?, es uno de estos ejemplos (casi) perfectos: relato breve, de ritmo puntilloso, y una narrativa que aparenta ir por un camino para terminar sorprendiéndonos por la inversa. Al estilo de ?Continuidad de los parques? o incluso ?Casa tomada? (ambos de Cortázar), en esta clase de relato, la situación avanza con un pulso de aparente inocencia (al fin y al cabo, el argumento describe la llegada al colegio de un padre con su hijo en el día de inicio de clases) y en medio de su apacible realismo cotidiano, no deja lugar para que el lector se distraiga: así, el final sorpresivo es más contundente, sin salirse de registro, pero dándole un nuevo sentido a todo lo previo. Quizás le sobre alguna línea en el final: es como si Berti quisiera rematar el remate de modo que no queden dudas; de asegurarse que el punto en cuestión ha quedado bien explicitado. No era necesario: de no ser por este detalle, el cuento hubiera sido perfecto de punta a punta.
El caso es que se trata, una vez más, de un ejemplo ideal de literatura artesanal. Hay que decirlo: en ?Lo inolvidable? no hay cuentos que se disputen un lugar en la Gran Antología del Cuento Argentino. Ni probablemente Berti se plantee ese objetivo. Con un perfil más bajo y muy atento a las construcciones narrativas bien llevadas, la imagen que vuelve una y otra vez es la del escritor-tallerista, el escritor-formador. Y tal vez ?Lo inolvidable? sea un buen libro para aquellos aficionados a la escritura que quieran aprender el oficio.
Otro de los relatos, ?La carta vendida?, toma distancia en geografía (y hasta podría sugerirse que en tiempo) del cuento anterior al presentarnos a dos personajes campestres que trabajan toda la temporada alejados de sus hogares juntando piedras sin ningún fin aparente: un trabajo casi fantasma. Uno de los dos hombres recibe cartas cada tanto mientras que a su amigo jamás le llega nada. Esto genera un conflicto que termina con la súplica del olvidado porque el otro le venda una de las cartas. Luego tiene lugar el giro del relato, que esta vez va por caminos con una resonancia más anglosajona. De hecho, hay algún eco del ?De ratones y hombres? de Steinbeck, aunque hay que reconocerle al autor la precisión de la prosa, en la que no sobra ni falta una palabra.
Otra de las constantes en el libro es la búsqueda de una idea narrativa original. Que permita justamente intentar el cuento perfecto. Quizás en ?Diario de una lectora de diarios? Berti encuentra un vehículo para acercarse a este fin. Por supuesto, no es un cuento perfecto (la forma elegida no lo permitiría), pero sí muy divertido ?probablemente el más provocativo a nivel ideas? y si bien tiene que recurrir a un final un poco trillado para conservar la cohesión, el texto está lleno de entradas hilarantes (es un diario, después de todo). El argumento es simple: no hay nada que ocurra en la página, porque son las anotaciones de una lectora compulsiva de diarios: todos los días compra absolutamente todos los periódicos y se pasa el día leyéndolos, comparando el modo de presentar las noticias (y en este apartado está una de las mejores reflexiones del libro: «Desconfío de las noticias que salen en un solo diario. Desconfío de las noticias que salen iguales en todos los diarios. Sólo creo en las noticias que salen diferentes en todos los diarios.» Que esta entrada esté fechada el 11 de septiembre parece una ironía oblicua y sutil). El recurso de regurgitar noticias a través de la narradora está muy bien explotado y funciona con gracia. Pero el procedimiento obsesivo de la lectora de diarios tiene una razón: intenta tapar una ausencia. «Tu olor ahora se mezcla con el olor a tinta de los diarios, pero no es un olor nuevo sino una pugna entre olores.» (p. 24)
?Formas de olvido? es un cuento que trata de la repentina incapacidad de un viejo pianista frente a su instrumento, en pleno concierto. Simplemente, se le ha borrado esa habilidad: no puede tocar una simple melodía. En este cuento el Berti más contundente se licúa un poco. Es inevitable no escuchar a otros autores en este tipo de ideas. La influencia de Cortázar se ve reemplazada por un relato que podría haber pertenecido al famoso ?Crónicas del Ángel Gris? de Alejandro Dolina. Y más allá de los méritos o deméritos de éste último, esta fuga en el tono del libro es el primero de dos traspiés complicados. ?La mentira o la verdad?, por otro lado, es un cuento refrescante porque nos devuelve al Berti que escribe como Berti. La historia que se cuenta pasa por unos pendientes baratos que un marido hubo de regalar a su mujer casi veinte años antes. Torturado por la mentira de haberle hecho creer mediante una serie de artilugios que se trataba de joyas carísimas, el protagonista se ve enredado en una serie de intentos de reparar el error original. Por supuesto, la trama de complica cuando intervienen terceros y nada sale como el hombre planea. El final es un poco panfletario, tiene esa cosa de moraleja que, sin arruinar el cuento ?para entonces el viaje está hecho y es la llegada a destino?, le quita algo de su brillo. Pero hay que volver a la premisa: Berti es un escritor de una generación que tiene la intención de remarcar estas moralejas, por lo que tal vez no se trate de un error, sino más bien de una diferencia en los modos de leer.
?Retrospectiva de Bernabé Lofeudo? es el otro traspié del libro. Primero, porque es un cuento bastante largo que nunca encuentra su forma: ¿es una nouvelle acortada o un cuento estirado? La idea de contar la vida de un cineasta de principios de siglo y sus obsesiones con las actrices que protagonizan sus películas no está mal, y el juego del texto con las fichas técnicas de cada film y el tono de discurso programático tampoco. Ocurre que el relato es cansino, y donde intenta ser lírico es un poco aparatoso. Quizás lo más interesante es la sensación de que la semilla del cuento es real y conocida: hay muchos momentos en los que el cuento remite a la obsesión de Hitchcock con sus actrices, particularmente con Tippi Hedren (protagonista de ?Los pájaros? y ?Marnie?). Pero ya el propio Hitchcock había retratado su obsesión en una de sus películas más personales: ?Vertigo?. Por lo tanto, el relato de Berti es más rico en su paralelo que en lo que cuenta en sí.

En cierto modo, el libro termina entonces. Pero todavía quedan otros cuatro cuentos. Estos retoman el ameno andar del principio del libro, pero para entonces quedan un poco a la sombra de la longitud de ?Retrospectiva??. Igualmente, en ?Volver? quizás se encuentre el cuento más jugado e intrigante del libro (acerca de dos modos de ver una partida, que quizás nunca lo fue como tal), y en ?Fantasmas? el juego con la forma nos lleva una vez más a pensar en el tipo de cuentos que deberían darse como ejemplo en los talleres literarios: argumento de buen ritmo con un giro final inesperado y un buen trabajo con un clima que parece carveriano y termina más cerca de Stephen King (y esto que parece una crítica, en realidad marca un funcionamiento sorprendentemente interesante).
Si Birmajer encontró un nicho con las ?Historias de hombres casados?, Brizuela con la novela histórica y Figueras con una literatura del yo absoluto (basta leer su libro bitácora ?El año que viví en peligro? para toparse con su desprecio por Proust y su reivindicación de todo lo que remita, de alguna forma, a lo que Figueras ya es o cree ser), de esa generación tan sólo Gustavo Nielsen tal vez tenga un talento sobresaliente (más allá de que su última novela fuera un tanto decepcionante).

Berti aparece a un costado de todos ellos, escribiendo buenos cuentos de artesano, con oficio e inteligencia, sin pretensiones borgeanas, convencido de que el cuento perfecto no ha pasado de moda y que todavía se basa en ciertos principios que se aprenden, desarrollan y perfeccionan a base de trabajo y una cuota de talento.

Publicado en Leedor el 14-05-2011