Lamérica

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Una propuesta diferente en este unipersonal que toca el tema de la inmigración de manera intensa y divertida.Para Florencia que transcurre sus días entre dos cielos.

Julio Cortázar, que algo supo del exilio, lo definió alguna vez como el brusco final de un amor, como una muerte, de esas que se sufren más porque se las sigue viviendo concientemente. Muertos en vida, los inmigrantes van en busca de la tierra prometida, de un lugar en el mundo (el propio lugar en el mundo), del éxito, del bienestar, de la paz interior, de esperanzas, de algún amor. Dejan atrás la tierra ingrata y mezquina que les ha negado todo (o casi todo) y emprenden el viaje, un viaje que no acaba con la llegada al destino señalado sino que continúa, eternamente continúa en un viaje mental y quizá también onírico que los lleva de regreso a la patria, a los brazos de sus madres y a los olores, sabores y sentidos que no han podido hallar en ninguna otra parte. El desarraigo, entonces, es un transcurrir, una oscilación, un vaivén entre pasado y futuro (el presente es el medio), un viaje y un sueño eterno.

Lamérica habla de ese viaje, de esa búsqueda. Desde la panza de un barco ? un no lugar que parece ser su lugar en el mundo, su transcurrir para no asentarse en sitio alguno, su odisea- -un cocinero nos cuenta historias que van y vienen al ritmo de las olas del mar, desplazándose por tiempos y espacios diversos. Mientras corta los ingredientes para un ragú, nos inserta en la vida de varios inmigrantes que son también todos los inmigrantes, de cualquier tiempo y destino. Un joven actor italiano (y aquí quizás encontremos algún guiño autobiográfico) sufre las vueltas y revueltas de la burocracia argentina (y su ?vuelva usted mañana?) para obtener su DNI; otro ciudadano italiano, pero de principios del siglo XX, es sometido a un interrogatorio humillante en un hotel de inmigrantes donde, finalmente, lo dejan sin nombre cuando se lo cambian por otro que creyeron escuchar y, (lo que es peor) entender; un hombre termina enterrado en una mina en Bélgica. Y hay más historias: la de los ?vende humo? que recorrían las ciudades engañando con falsas ilusiones de un mundo mejor, la de Lucía que sueña con ser una princesa en estas tierras donde hay de todo menos títulos de nobleza (con el tiempo ella también lo descubre), la de miles de inmigrantes que mueren en un trasatlántico debido a la desidia de su capitán.

Y hay más y más historias que la obra no cuenta pero que devela, trasluce en cada palabra: están los bolivianos, peruanos y paraguayos que sufren hoy la misma discriminación que antaño condenaba a los italianos, gallegos, turcos o judíos; los chinos y sus supermercados, los coreanos y sus tiendas, los argentinos que emigraron a Europa con la crisis del 2001 (o antes o después) pero que siempre tienen en corazón mirando al sur, lo que vuelven, los que sueñan con irse, los que se están yendo siempre.

Por eso Lamérica es una gran obra, porque trasciende su-ser-obra, su pequeña gran historia para contar la historia de todos (o la de casi todos), va de lo particular a lo universal de un modo magistral. Es emotiva, intensa pero también divertida. Nos reconocemos en ella como inmigrantes, hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes, de todos esos ciudadanos del mundo que quisieron habitar el suelo argentino.

Lamérica es una propuesta diferente, se anima a tocar el tema de la inmigración (tan transitado por el teatro argentino desde el sainete criollo en adelante) desde una nueva perspectiva, de la mano de un unipersonal donde todo está bien hecho. Han aprovechado inteligentemente el espacio de ese bonito teatro que es Timbre 4 para recrear ese constante viaje de ilusiones y fracasos. La escenografía, la música y la dirección acompañan la excelente actuación de Giampaolo Samà, quien merece un párrafo aparte.

Es conmovedor ver a este actor italiano (inmigrante italiano en Argentina) en escena: se mueve como pez en el agua por el mar del desencanto, cambia de máscara como de ilusión, todos los sueños de un mundo mejor, todas las injusticias sufridas siglos y siglos, todo el maltrato, la discriminación, el desamparo se reflejan, por un rato, en su rostro.

Imperdible este homenaje a los hombres y mujeres que partieron, parten o partirán en busca de su sueño mejor, a otra tierra más benévola, a otro cielo menos ingrato, hombres y mujeres que ríen, mueren y lloran pensando en aquella ?lejana tierra mía?.

Publicado en Leedor el 16-05-2011