Bodas de sangre

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Un clásico y un recuerdo se funden en esta versión de Bodas de Sangre, que se lanza en una segunda temporada.Sangre derramada.

Cuatro actores, nueve personajes, y un narrador. Juan Carlos Gené evoca a su público los recuerdos infantiles de aquella visita a Buenos Aires del poeta García Lorca, allá por el año 1933. Y esa narración llena de sensaciones físicas, más que de hechos concretos, es excusa perfecta para relatar el clásico granadino Bodas de Sangre. Este texto teatral, escrito en 1931, tiene todos los ingredientes necesarios para ser una tragedia hecha y derecha: el pasado que atormenta al presente, el camino marcado por la imagen de los que yacen muertos, la voz sabia que predice la sangre que se derramará, el amor que no puede ser, y el héroe que lucha en vano contra su sino.

El presente que arrastra el yugo de los hechos pasados y los antepasados muertos es interpretado por Camilo Parodi y Violeta Zorrilla en la pareja de novios, la de casados y hasta en el par mitológico de la Luna y la Mendiga muerte. Por su parte Juan Carlos Gené (el padre de la novia) y Verónica Oddó (la madre del novio y la suegra de Leonardo) juegan el papel del pasado que sobrecarga al presente de malos augurios y rencores eternos. Los cuatro actores se metamorfosean en el mismo escenario, delante del público y con una plasticidad suave y apenas notoria, un chal que se vuelve pañuelo para cubrir la cabeza, un chaleco que viste a Leonardo, y no viste al novio, un saco blanco que diferencia al narrador del padre de la novia, y sutiles elementos que marcan quien es quien. Pero esta multifunción actoral no estriba únicamente en las interpretaciones sobre las tablas. Gené, además de dirigir, es el autor de la dramaturgia y la iluminación, con la que crea ambientes pesadumbrosos e inhóspitos. Parodi y Oddó musicalizan entornos áridos y agrestes, y mediante palmas y percusiones, remiten al espectador a notas andaluzas.

Dos asesinatos, uno real, el otro ficcional. El autor conecta el recuerdo de las lágrimas derramadas por su madre ante la muerte del poeta con la muerte en la tragedia. Dos relatos dramáticos, donde el instinto y la pasión son más recios que el deber ser, que el deber hacer y que indudablemente terminarán en sangre. Dice la novia a los pies de la madre del muerto: ?Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos y su cantar entre dientes.?

Publicado en Leedor el 15-05-2011