Arde

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Todas las semanas una versión diferente de esta obra danza-teatro del grupo Boya que analiza las relaciones femeninas.
El movimiento es minúsculo pero se hace notar. Y en el centro de la escena, una mujer casi transparente comienza a ser dirigida por su propia mano que con un ritmo cada vez más acelerado hace que su cuerpo se desborde sin control alguno. Sin embargo, por algún motivo vuelve a recuperar su estructura para devolverla al centro de la escena.

Esta parece ser la lógica de “Arde”: escenas cotidianas y minúsculas que con una pequeña estructura dramática hacen estallar el conflicto en situaciones melodramáticas y cómicas para luego volver al reposo de los cuerpos y el silencio total.

Dos cuerpos, una mesa, dos sillas y un televisor son el puntapié para explorar los vínculos interpersonales que, a partir de una relación amorosa, se sumerjen en los engranajes de la donimación donde ser amo o esclavo depende de la manera en que se posiciona el sujeto frente a circunstancias contingentes.

De esta manera, dos mujeres en escena comienzan a definir sus roles por medio de cuadros de la vida cotidiana como mirar la tele, comer, poner la mesa y hacer el amor… Y sin la necesidad de conformar un personaje de modo tradicional, pueden diferenciar sus caracteres a partir del lenguaje de la danza- teatro. Nada más ni nada menos que el uso de los gestos, las dinámicas de sus cuerpos y la intensidad del movimiento improvisado.

El grupo Boya, integrado por Clara Hecker, Candela Cribioli y Hugo Falcón, en cada función nos ofrece una versión diferente de Arde ya que todas las semanas van variando los roles de actores y director. De esta manera, manteniendo una misma estructura que transita el juego melodrámatico potenciado gracias a la música, los vínculos afectivos se desenvuelven para explorar también las relaciones de género.

En un espacio despojado y casi en la penumbra, es digno destacar el trabajo en la construcción metafórica a partir de la plasticidad de la imagen. Como si la disposición de los cuerpos en la escena y la utilización de la música y la luz se transformaran en los recursos necesarios para disparar multiplicidades semánticas sin la necesidad de la palabra.

Arde, es una obra de danza-teatro que mantiene entretenido a cualquier espectador ya que nos permite hilar cada escena transitando los opuestos de pasión/ frialdad, comunicación/ indiferencia, amor/desamor que cualquier ser humano puede experimentar.

Publicado en Leedor el 14-05-2011