Vigías

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Un documental sobre la paranoia.Las prisiones contemporáneas

Viven (vivimos) todos siempre encerrados. Tras las rejas. En edificios de veinte o más pisos. Los propietarios tienen (tenemos) miedo. Todo el tiempo. En Pernambuco. En Recife. Y en Buenos Aires también, claro. Miles de ejemplos ocurridos en los últimos tiempos alcanzan y sobran. Hemos trabajado muy duro para tener nuestro auto último modelo. Nuestro departamento. Nuestros lujosos bienes. Y no queremos perder todo eso, (no queremos perder nada de eso), por ningún motivo. Nos lo merecemos. Nos lo hemos ganado. Si es necesario, estamos dispuestos a todo. Tienen (tenemos) entonces que contratar a vigías, vigilantes, vigiladores nocturnos que cuiden de nuestros condominios cerrados. ?Esto es una prisión?, es lo que dice uno de estos vigías en el documental homónimo de Marcelo Lordello.

Nuestras riquezas deben quedar a salvo: de los delincuentes, de los ladrones, de los asesinos, de los pobres, de los miserables de la tierra. De la paranoia que reina todo el tiempo en nosotros mismos. La seguridad es un discurso que se ha hecho carne y sangre en nuestras poblaciones. Nadie está a salvo. ?Todos estamos expuestos a que nos ocurra lo peor en este planeta?, es lo que afirma también otro de los vigías protagonistas del film.

Los vigías entrevistados son siete. Siete historias de vida narradas a lo largo de dos noches por cada una, lo que hace un total de catorce noches, que se transforman en sólo una, gracias al montaje. Y al final de la noche, es decir, de la jornada de trabajo para estos hombres, los vigías regresan a sus hogares, ya bien entrada la mañana. Nos enteramos entonces que no viven en edificios, en condominios, sino en casas. Lejos, muy lejos de las prisiones de los ricos. De esa clase media alta temerosa de todo. Dispuesta a asesinar sin el menor titubeo. Una clase que no es sólo la de Recife, claro, sino también la nuestra. Será por eso quizás que este documental apela a una sensación tan cercana a nuestra sociedad. Tan encarnada en nosotros. El film deja bien en claro, en su elocuente secuencia final, que los vigías viven en casas humildes, o en las favelas. Y que en donde ellos no viven, en donde nunca han vivido, es en los edificios. Esas prisiones contemporáneas. Electrificadas. Seguras al extremo. Como los campos de concentración. Como los centros clandestinos de detención. Repletos de personas aterrorizadas.

Publicado en Leedor el 18-06-2011