Hiroshima

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Con una docena de libros publicados (buena parte comentados en Leedor) Juan Terranova concentra en este último todas las virtudes que ya le conocemos.La séptima novela de Juan Terranova sigue perfilando un camino iniciado ya con la anterior ?Los amigos soviéticos?. Si bien ha publicado desde crónicas y poesía hasta un libro de cuentos que algunos insisten con que es su mejor trabajo (?Música para rinocerontes?), la novela ha sido el soporte de la apuesta importante de Terranova, que desde su inicio, y sin desmarcarse de sus influencias, ha buscado una identidad propia, una marca reconocible.

Es difícil establecer si lo ha logrado. Es indudable que en el plano de la literatura joven vernácula, tanto su personaje de ínfulas fogwillianas como su obra, han conseguido marcar un territorio. Sus primeras cuatro novelas hacían todo lo posible por forzar un encuentro genial. Ahí está ?El caníbal? (2002), midiendo realidad y ficción, observando cuál contiene a cuál y más importante, quién se devorará a quién. Una excelente apertura que no se ahorra el recurso de pegar en las páginas artículos periodísticos, pero que enseguida se opaca un tanto cuando con ?El bailarín de tango? (2003) y ?El pornógrafo? (2005) el autor intenta circunscribir toda la información y la narrativa a un marco formal muy definido. En la primera se reproducen sólo conversaciones telefónicas entre dos mujeres. Todo lo que sucede, sucede fuera de página, nos enteramos por la charla entre ambas (aunque el libro tenga sus pequeñas trampas dentro de las reglas que establece). En ?El pornógrafo? se aplica el mismo molde, pero esta vez las conversaciones son entre dos hombres y a través de un chat de internet. Se nota que Terranova se la pasa fantástico jugando con la coloquialidad 2.0 (el delay del chat, las ausencias digitales, la interrupción del discurso en la espera), y son herramientas tan válidas como insuficientes. La sensación para el lector medio probablemente sea de perplejidad o admiración, pero encuentro raro el disfrute puro.

Con ?Mi nombre es Rufus? (2008) se puede decir que se cierra una primera etapa. Esta vez la apuesta es escribir una novela sobre una banda punk en brevísimas notas, una novela que parece hecha de las notas al pie de una novela mucho más larga y densa. Lo que hace de este singular (hasta el tamaño del libro es pequeño) experimento un libro ameno es la cantidad de datos que nutren el contexto. Para cualquier lector que haya sido adolescente en la década de los 90, ?Mi nombre es Rufus? tendrá resonancias particulares. Es además la primera novela del autor en hacer ya un uso extensivo de la parafernalia wikipédica, algo que nunca se sabe si es un elogio o un insulto, aunque el libro habla por sí mismo, y este recurso queda ampliamente justificado.

?Lejos de Berlín? (2009) encuentra a Terranova queriendo ser un escritor que ?al menos hasta ahora? no es: una narrativa mucho más convencional, supuestamente un policial negro en época de mitad del siglo XX, cuya escritura por momentos es de lo más insustancial, como si él mismo se estuviese aburriendo al tener que encontrarle un sentido a ciertos pasajes. Se encuentran allí muchos de sus intereses recurrentes, y de hecho, cuando encuentra el lugar para trabajarlos a gusto, destacan los mejores destellos de una novela que no es en su totalidad lo que debió haber sido. Por suerte, ese mismo año se publica ?Los amigos soviéticos? (2009), antecedente directo de ?Hiroshima? no sólo en la cronología, sino en la búsqueda.
Si ?Los amigos soviéticos? era una novela que terminaba de abrazar la herencia carveriana, también volvía a eludir el relato clásico. Alguno insistirá en encontrar paralelos con Aira, pero se me ocurre que es interesante pensar un contraste con Paul Auster. Tómese el ejemplo de ?Un hombre en la oscuridad? (2008) o ?Invisible? (2009), novelas cuya línea narrativa serpentea, sugiere caminos que luego descarta, casi que se podría hablar de ?libros histéricos? en tanto que seducen al lector con un juego que muchas veces queda a mitad de camino en pos de un giro inesperado. Quizás incluso hay un modo perverso de sugerir y eludir una historia fuerte en pos de la historia que no está presente en el libro, de un segundo narrar, mucho más sutil y exigente que sólo se hace posible pensar como masivo por la frescura con la que fluyen las palabras página tras página.

?Hiroshima? cuenta muchas cosas, y las más determinantes, una vez más, suceden fuera de la página. Las conocemos porque las comentan los personajes o por reflexiones del protagonista. Sucede que hay una suerte de ataque de ?ultraviolencia? (sí, el vínculo a la novela de Anthony Burguess es inevitable) en Buenos Aires y un grupo de amigos del narrador salen a destrozar bares de ambiente británico, al principio como retaliación de un evento similar sucedido a la inversa en Inglaterra, y ya luego, sin más motivo que la necesidad de hacerlo, porque quizás este acto más que ningún otro, define una identidad y una razón de existencia para muchos de los involucrados.

Si hablábamos del link a la ?Naranja mecánica?, también se puede sospechar un guiño a ?El Club de la Pelea? (ya sea el libro de Palahniuk o la película de Fincher). Es evidente que a Terranova le funciona muy bien buscar herramientas de la literatura anglosajona para resolver relatos locales. Hay en ese gesto algo que lo distingue del resto de su generación. Mientras a otros le alcanza con pintar lo que ven, haciendo uso y abuso del relato costumbrista cuya tradición apenas si se ha modificado a lo largo de los últimos 50 años, Terranova quiere expresar ideas, imágenes, un anecdotario que guarda en su cabeza y siempre está alimentando, anécdotas que probablemente comiencen en el mundo tangible y luego se deformen y distorsionen mediante ese extraño talento del autor para generar una suerte de mitología urbana moderna, un todos-los-días que está a la vista y sin embargo esconde intersticios inexplicables, tan inexplicable como parece el título de la novela, cuyo sentido se explicita al final, de manera a la vez sorprendente, poética, y tangible. Esa tensión entre lo que está al alcance de la mano en la vida cotidiana, y la fascinación con la que Terranova lo vuelve material literario luego de pasarlo por su filtro personal, provoca un estilo cada vez más definido, una voz cada vez más segura de sí, un escritor que ya no necesita demostrar que es brillante, porque está mucho más cerca de serlo.

Y sin embargo no hemos hablado aún del protagonista, Micky, ni de lo que hace (es tatuador en un local en la Bond Street). Escrita en primera persona, la forma de ganarse la vida de Micky sirve al autor para trabajar sus siempre entretenidas/provocativas digresiones:
?Es interesante y un poco triste que muchas cosas existan porque a alguien se le ocurrió decirlas y a un montón de gente repetirlas sin entender qué es lo que repiten.? (p. 57)

Aquí encontramos a Terranova hablando por boca de Micky y sus palabras podrían haber sido parte de una columna de opinión o un ensayo. Más interesante aún es cuando en la construcción se cuela ese vuelo que bordea un lirismo ideológico:

?(?) Malvinas fue una guerra doméstica. Y ahora las guerras se hacen cada vez más lejos. Serbia. Kosovo. Irak. Afganistán. Hoy para someter al tercer mundo latinoamericano alcanza con el poder económico. Hay libertad. Sí. Pero a mí también me gustaría defender una casa en el desierto.? (p. 49)

En el remate de ese párrafo se encuentra el Terranova más puro, se reconoce la esencia de la persona y del escritor. La frase puede sonar a perogrullada, y al borde de la perogrullada trabaja siempre el lenguaje el autor. Pero la construcción es contundente, produce una imagen inmediata que baja a tierra la abstracción de la idea previa y encuentra la belleza en un lugar inesperado.

?Hiroshima? no es el libro que convertirá a los infieles. Es un paso más que uno imagina como inevitable buena noticia para el público que ya conoce y sigue a Terranova. Su mejor virtud es que en ese pequeño volumen se concentran todas las virtudes que ya se le conocen. Quizás todavía quede ver cuál es el siguiente giro, con más de una docena de libros publicados, todavía parece guardarse en la manga el tiro de gracia, la novela que lo instale definitivamente a esa secta tácita de los nombres ineludibles a la hora de hablar de la literatura argentina de Hoy.

Publicado en Leedor el 26-04-2011