Mi vida después (II)

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Nuevos horarios para esta obra que revisita nuestro pasado reciente desde un lugar problemático.Las preguntas pendientes a partir de ?Mi vida después?

Luego de ver por segunda vez esta extraordinaria obra de Lola Arias, que continúa haciendo funciones en la sala ?La Carpintería?, algunas preguntas surgen para generar la reflexión.

La obra instala claramente un cuestionamiento a las formas convencionales de representación del horror: aquellas mediadas por las maneras más obvias de abordar lo testimonial, las que no pueden trascender lo emotivo. Genera una forma distinta de tratar con la experiencia personal, vinculada al horror colectivo del genocidio del terrorismo de Estado. Pero además de esto, que ya se ha dicho en muchos lados, otros aspectos menos visibles emergen a partir de esta obra.

Lo que esta experiencia teatral pone sobre la mesa es lo que aún la sociedad argentina evita discutir, especialmente todo lo vinculado a la complicidad civil de casi todos los estamentos sociales durante la dictadura.

La obra de Lola Arias nos confronta con nuestros propios límites: nos obliga a preguntarnos hasta qué punto podemos realmente soportar el discurso del otro; hasta qué nivel podemos ignorar que ese discurso habla de nuestras peores miserias, aquellas que no estamos dispuestos a admitir.

¿Sería soportable para los espectadores, para el imaginario social actual, que un hijo a una hija de un jerarca o un responsable militar de la dictadura, hablara cariñosamente sobre su padre en la obra? Y unido a esto, surge otra pregunta vinculada a las condiciones de enunciación y de visibilidad aún no posibles de ser expresadas, aquellas que quedan fuera hoy en día de nuestra red de discursos aceptados socialmente: ¿Qué mecanismos de resistencia y de negación operan actualmente en nuestra sociedad en relación al pasado reciente, y por ende al presente? ¿Qué es lo que no podemos o no queremos ver? Preguntas complejas, que por ahora no tienen respuesta. Cuestiones con las que sólo podremos confrontarnos, si realmente apostamos por un camino de desenmascaramiento y desocultamiento de lo peor de nosotros mismos; lo que realmente hizo posible, mucho más allá de los militares, que aquello efectivamente haya tenido lugar.

Publicado en Leedor el 26-04-2011