Summertime, Leandro Piñeiro

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Evocando los paraísos de las vacaciones, antesala de la naturaleza.
¿Nos volvemos naturaleza en las vacaciones?

¿Nos volvemos más culturalmente naturales que nunca en ese paraíso que es Mar del Plata? Esa ciudad es un sueño, la arcadia cíclica y al alcance de todos, a la que es dable volver, una vez al año, para ser como ella misma, felices.

Nos volvemos naturaleza cada enero y eso es quizás lo que fue a buscar Piñeiro en ese 2008, cámara en mano. Fiel a su encuadre en un contrapicado extraño pues deja las cabezas afuera, o con el ojo totalmente cenital, que capta verticalmente las formas, como si cayera al vacío de un cuerpo abandonado a las mieles del sol, como si fuera el lente de la cámara fuera el sol, o un planeta distinto que se asoma, un ojo extravagante que no quiere olvidar el momento, que se convierte en astro, en pájaro, en agua de mar, según la circunstancia de lo que quiere poseer, como el ojo de Zeus.

Nos detenemos en las puertas de la Bristol, la antesala del mundo de la naturaleza. Nos reciben sus lobos marinos, petrificados, vueltos cultura y culturalidad kistch, escritos y turistas posando, punto de encuentro de todas las citas y los objetos perdidos. Lobos escapados del mar también como para hacer lugar y que quepa más gente, esa que corre cuando empieza enero a tomar posesión de su metro cuadrado. Gente y más gente, tumbada al sol, en la arena, en la orilla, pero también en las piedras de la Rambla y en las baldosas del hotel Provincial, tan de los cuarenta, década de los niños si las hubo, con su aire lombardo a infancia limpia, a bienestar, a atmósfera luminosa, a los mejores años de nuestra vida.

Aplaudo el Summertime, que en su letanía góspel también dice: Summertime, and the livin´is easy? claro, no caben dudas.

Festejo este libro de Leandro Piñeiro. Festejo su edición propia, tan elaborada, que reafirma todo su sistema de obra de un modo tan coherente, con textos y dibujos. No sólo enaltece el campo de la imagen local, sino que propone una labor filosófica-fotográfica única. Logra evocar los paraísos de la gente como una, dispara el deja vu tantas veces como se quiera y alimenta el otoño del verano y sus ansias blanco negro de llegar al calor.

Publicado en Leedor el 23-04-2011