Bajo un cielo carmesí

0
8

Buena literatura fantástica editada por la nóvel Reina Negra.
Hablar de literatura fantástica nos remite a una tradición que hunde sus raíces en el gótico romántico y tiende lazos con otros discursos como el de la ciencia ficción. Popularizado por el cine ?que encontró una fórmula segura en la repetición de ciertos clisés?, lo fantástico tiene, en nuestros días, la difícil tarea de transformar los lugares comunes. ?Bajo un cielo carmesí? de Daniel Flores se enfrenta a ese desafío y lo supera con creces.

Este primer libro del autor es una colección de cuentos o, mejor dicho, un contario: una serie de narraciones que se agrupan en torno a algo que las unifica. Y es cierta atmósfera especial que envuelve al lector desde la primera historia el hilo conductor que teje una red invisible que lo lleva desde civilizaciones antiguas hasta eventuales futuros, pero siempre inquietantes y opresivos.

Como dijimos al comienzo, lo fantástico se nutre de lo gótico y eso nos lleva necesariamente a Poe, cuyos cuentos proponen una unidad de efecto y un final sorpresivo. El cuento, por su brevedad, no puede darse el lujo de ?perder tiempo? y es en esa concisión, en esa economía de elementos que el relato se transforma ?según nos dice Horacio Quiroga? ?en una flecha que, cuidadosamente apuntada, parte del arco para ir directamente al blanco?. La búsqueda del efecto con miras a un final que golpee al lector es, además, una característica de lo gótico, y para lograr esto es esencial trabajar con las atmósferas aprovechando el enorme poder sugerente de las descripciones. Daniel Flores consigue en todos sus cuentos introducirnos en espacios que pueden verse y sentirse a través de imágenes que explotan al máximo los olores, las texturas, los colores, como ocurre en ?Tránsito a Isis?, ?Gitana, robaste mi alma? o en ?Los jardines de Heian?.

En esos tres cuentos, además, el autor nos deslumbra con procedimientos intertextuales que nos remiten ni más ni menos que al Cortázar de ?Axolotl?, ?La noche boca arriba? o ?Lejana?, entre otros. En todos ellos hay un pasaje de un estado a otro, de una realidad, que es la que todos conocemos ?la cotidiana?, a otra que rompe las leyes del espacio y el tiempo. Sus protagonistas van y vienen entre esas dos realidades, habitan otras dimensiones. Tanto da que sea el mundo de los sueños u otros mundos paralelos porque todos provocan inquietud y, como expresó Todorov, es esa inquietud la que abre la puerta a lo fantástico. En nuestra lectura somos como el protagonista de ?Bajo el horizonte?, creemos que estamos descifrando lo que vemos y, sin embargo, dudamos.

Lo gótico también se hace presente en ?La casa H? y en ?Cuando amanezca? El lugar cerrado, antiguo, con historias ocultas, con habitaciones misteriosas y, sobre todo, la presencia de lo sobrenatural y lo diabólico nos recuerdan a los clásicos del género como ?Frankenstein? de Mary Shelley o ?Drácula? de Bram Stoker. Sin duda, el lector atento y amante del género va a encontrar más de un punto en común entre esas novelas y los cuentos.

Sin abandonar del todo lo ?siniestro?, tal como lo concibe Freud, hay un vértice en el que confluyen lo fantástico con la ciencia ficción. ?Expedición al Zigurat?, ?El peregrino y el ánfora divina?, ?Hojas secas? y ?El pez por la boca? son sólidos exponentes de ese cruce. En la línea de las contrautopías a la manera de Philip Dick, George Orwell o Aldous Huxley ?entre tantos otros que nos presentan un futuro desesperanzador?, estos cuentos nos describen avances tecnológicos que, sin embargo, no impiden la destrucción del hombre ya sea física o espiritualmente.

Hay también en ?Bajo un cielo carmesí? un espacio para la reflexión sobre la propia escritura ?como en ?Zeuscriptofobia??, junto a una exploración constante de posibles sentidos a través de los diferentes narradores y puntos de vista. Los cuentos muestran un trabajo de orfebre que no deja librado al azar ningún detalle, que cuida el lenguaje, que dosifica los diálogos y los monólogos de los personajes, en fin, que nos remite nuevamente a la flecha de Quiroga que jamás equivoca el centro.

Merece un párrafo aparte la elección que Daniel Flores hace de los títulos. Bajo la apariencia de enunciados sencillos, los títulos se revelan como indicios, según la definición que Roland Barthes hace del término. Un indicio es una unidad semántica que remite a un significado: un carácter, un sentimiento, una atmósfera, una filosofía. En esta línea, el título de todo el contario es el gran indicio que alude a la insistencia posterior en las variedades del rojo. Cada cuento tiene su grado de rojura. ?La casa H?, ?Tránsito a Isis?, ?Expedición al Zigurat?, por nombrar algunos, muestran una paleta con matices que van desde los atenuados por el dorado o el negro hasta rojos absolutos como el de la sangre. En una recurrencia constante, es destacable el campo semántico de lo carmesí. Avión en llamas, vino, sol escarlata, amanecer, infierno púrpura son eslabones de una enorme cadena isotópica. Al cabo de leer cada uno de los cuentos, el lector vuelve a los títulos y comprende que son el primer ladrillo de una sólida arquitectura narrativa.

En síntesis, este libro es una excusa para encontrarnos con algunos temas que son universales: el mal, la muerte, el cuestionamiento de la realidad, la identidad; es, además, una impostergable oportunidad de leer literatura fantástica de la buena que renueva los leitmotives del género.

Publicado en Leedor el 23-04-2011
Adriana Beatriz Santa Cruz