Mujeres de jabón

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Estas mujeres son frágiles, mujeres de jabón que se diluyen rápidamente como pompas.Me caen bien lxs perdedorxs. Lo admito. Me gustan por todo lo poético que puede tener su construcción, su acción, su paso por el mundo. Pero no todas las formas de perder son poéticas ni vividas desde el humor, que es la otra característica fundamental necesaria para que caer no sea el fin sino un trance hasta volver a levantarse y caer mil veces más (en abismos, en infiernos, en amor).

Mujeres de jabón no es una historia de mujeres ni de mujeres perdedoras, aunque la escena se centre en ellas. Afecta, convoca sobre el escenario e indaga al ser humano, a las formas en que los seres humanos arrastran esa oscura máscara que oculta, tras de sí, la
tristeza de verse perdidos (perdedores, losers con L mayúscula) en pensamientos circulares, en ciudades que dan la espalda, en edificios o mono ambientes que ahogan o, sobre todo, en relaciones vacías que, a pesar de los esfuerzos, no hacen más que dejarlos solos. Pero, claro, el humor aparece para hacernos reír y para que la realidad duela menos.

Cuatro amigas (perdidas y perdedoras) que viven en un mismo edificio confluyen en la casa de Carla, la única soltera del grupo, por un malentendido que las enfrenta a una situación absurda que es también una oportunidad sin precedentes: Si pudieras hacer con un hombre
lo que quisieras ¿Qué harías?.

Ese interrogante las enfrenta con lo que esconden detrás de sus máscaras: Violeta (Pilar Orellana) no sea anima a dejar a un marido que la ignora por el miedo que le provoca el afuera (lo que no sabe que hay afuera, un mundo). Pitu (Sheila Lemesoff) no sabe lo que
quiere ni si quiere a su marido (un eterno condescendiente). Naira (Sol Bordigoni) es la reina de la contención pero una mendiga a la hora de recibirla. Y, finalmente, Carla (Esther Ramos) es una solitaria en busca del verdadero amor (o de un amor, alguno).

Son mujeres frágiles, mujeres de jabón que se diluyen rápidamente como pompas; mujeres reales, auténticas, de hoy, que caen (¿Quién no?) en el encierro de un amor mediocre, maldito, enfermo o de un amor que no llega.

La obra cuenta con la excelente dirección de Daniela Campos, con buenas actuaciones y con una muy bien lograda escenografía que, con pocos elementos, nos da la sincera sensación de estar dentro de un edificio.

Mujeres de jabón comenzó en marzo su segunda temporada, luego de pasar por el XVI Encuentro de Teatro Latinoamericano , realizado en Chile y de participar, dentro del marco del Bicentenario, en ?La mujer, arte y Bicentenario?. Se presenta cada viernes en el paseo la
Plaza.

Vaya y quítese su máscara.

Publicado en Leedor el 10-04-2011