BAFICI: La muerte de Pinochet

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La muerte del dictador chileno desde la voz de los pinochetistas. Cuando en diciembre del 2006 muere Pinochet en una cama de hospital, nadie quedó indiferente y todos en algún lugar concluimos, en palabras de Benedetti: ?? en este caso la muerte le ganó a la justicia”.

Y es que un sabor agridulce vino con la noticia. Porque a pesar de las celebraciones, una sensación de malestar queda en el ambiente ya que el Estado de Chile permitió que el ex dictador muriera sin condena y sin sentencia judicial a pesar de estar demostrado que a partir del golpe del 73, apoyado por la derecha oligárquica se transformó en un dictador, suprimiendo las libertades civiles, ordenando la detención y tortura de miles de chilenos y violando sistemáticamente los derechos humanos.

Bien. ?La muerte de Pinochet? no aborda el tema desde esa perspectiva sino que lo hace desde quiénes consideran a Pinochet un héroe y lo idolatran como el mejor presidente en la historia de Chile. ¡Qué ejercicio vital ver tanta gente convencida de lo contrario a lo que uno piensa! Y se vuelve más contrastante en las voces de personas jóvenes, todas ellas nacidas en los 80.

La cámara de Betina Perut e Iván Osnovikoff muestra con inusitada fuerza y detalle los rostros desencajados por la pesadumbre de su muerte y enajenados loando al general. Sobrasale en especial un cántico en contra de Allende, al grito de ?Él no se suicidó, él no se suicidó?, en una respuesta ridículamente triunfal a lo que se supone un diálogo entre formas de muertes. Y es justamente ese aspecto ridículo que en muchos pasajes del documental se subraya, bordeando tintes de humor que, lejos de banalizar brindan más profundidad al tema. Sobre todo a quiénes todavía nos preguntamos cómo Pinochet puede aun tener simpatizantes en Chile a pesar del repudio que ha tenido y tiene fronteras afuera. El documental lo responde con creces, de manera directa, sin atenuantes mediante palabras elocuentes, indudablemente de afecto y de gestos individuales y colectivos que llaman la atención provenientes de personas comunes que relacionan el dolor que les causa su desaparición con la muerte de un ser querido.

El documental hace el seguimiento de algunos personajes de manera inteligente y fluida, los deja ser y no los juzga. Entre ellos descolla, una florista de la plaza de armas siempre al borde del llanto por la muerte de ?su? general y otros dos no pinochetistas, ambos hombres marginales ? uno vive en una villa y se viste de papá Noel para salir a hacer política y el otro vive borracho ? que representan de manera no poco polémica, el contrapeso necesario de la otra voz. A pesar de las resistencias que traen estos personajes, no logra perderse el eje novedoso y audaz de este documental: darle voz a los pinochetistas.

La realización de ?La muerte de Pinochet? tiene un delicado cuidado en los encuadres entre los que llama la atención los primerísimos primeros planos a la boca en los testimonios pinochetistas. Al escuchar a la realizadora explicarlos, parece ser ésta una característica de sus documentales pero, decisión ideológica o no, este tipo de plano hiperbólico, con el detalle exagerado de la boca, los dientes, la saliva, cada poro, proponen una tensión en la palabra ?masticada? en un justo grado de desagrado. Consonancia de palabra con imagen. Los demás aspectos, sobre todo el sonido, también son extraordinariamente prolijos.

Finalmente: ?La muerte de Pinochet? es un gran documental. Original, muy bien realizado y desprejuiciado que hasta se da el lujo dejar fluir el humor y el ridículo, aún en un tema tan chocante y complejo.

Publicado en Leedor el 17-04-2011