Cada una de las cosas iguales

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Aproximación caleidoscópica al imaginario de un país en esta obra jugada de Alberto AjakaLas pesadillas que se vuelven lúdicas

¿Es este país el resultado de una serie interminable de pesadillas afiebradas y demenciales? ¿Lo es todo país acaso, incluso la principal nación del mundo, con sus crisis económicas que derrama sin cesar sobre todos los demás? ¿Estamos condenados a reproducir a cada momento, en cualquier coyuntura, un pasado que no deja de ser siempre puro presente? ¿Será la obra de Alberto Ajaka el efecto de tales interrogantes?

Alfonsín, Menem, Cavallo, Martínez De Hoz, Massera, son los nombres que desfilan por las bocas de los actores esta obra, que sueñan lo peor, lo que ya ha tenido lugar, aquello que volverá a suceder dentro de poco, cuando menos lo esperemos, el eterno retorno del caos y la muerte que no tiene ni tendrá jamás explicación. Y por supuesto, el placer lúdico, el juego, la arbitrariedad, son los signos de esta puesta que se permite todo lo que quiera, que no se niega nada, y que por eso mismo se disfruta. Y que construye, en definitiva, una aproximación caleidoscópica, múltiple, deforme, al imaginario de un país, (el nuestro), que es, como sabemos, imposible de apresar.

Quizás sólo sea posible entendernos desde la asociación de elementos desconectados, (que no pretenden formar sistema ni establecer explicaciones totalizadoras), expuestos en esta obra extremadamente lúdica, cambiante y variada. Y desde la pesadilla, claro: Argentina como un sueño horroroso, que no ha tenido lugar. El país como resultado de una (larga, eterna) mala noche. Y ?Cada una de las cosas iguales? está allí para atestiguarlo.

Publicado en Leedor el 15-04-2011