Las piedras

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Una ópera prima argentina, impersonal y errática en competencia argentina.
Reconstruir la historia, la lenta máquina del desamor. No hay antes ni después en ese tiempo muerto. No hay nombre ni texto capaz de traducir tal experiencia de dolor, tedio y frustración.

Él (que puede ser todos o ninguno) es un escritor que no escribe, dubita ante la página en blanco, rema, duerme y poco más. Ella (que puede ser todas o ninguna) resiste en un monótono trabajo administrativo en una empresa de fumigación, sueña con una heladera nueva que reemplace la recientemente rota y poco más. Ellos (que pueden ser alguien para nosotros) habitan como extraños una casa en el Delta. Entre ellos, carne que se pudre y un corazón que se quiebra (pero no se ve ni, mucho menos se deja en evidencia).

No hay lágrimas ni reproches ni súplicas. Alguna que otra palabra cotidiana, quehaceres domésticos, camas separadas y una foto de remotos tiempos felices que lo explica todo (¿lo explica todo? ¿Explica algo?) Ella permanece (pertenece) y él escapa, va hacia el origen, hacia el pasado que puede ser también el futuro. Se va pero deja escrita quizá la única palabra verdadera, un bello verso, un adiós.

Las palabras anteriores intentan reponer lo que Las piedras no dice. Se trata de una narración visual con pocos diálogos donde la imagen lo absorbe todo. Planos largos, silencios prolongados y anécdotas vanas completan el entramado de algo que termina siendo una experimentación con la imagen y nada más.

Es una película impersonal en este sentido: en sus protagonistas no reconocemos personas sino entes, engranajes de una máquina que se destruye. Sin embargo son muy reconocibles e identificables en la memoria del duelo amoroso de cada quien.

Las piedras es la ópera prima de Román Cárdenas (egresado del Centro de Investigación Cinematográfica) que además interpreta al protagonista de esta historia.

Parece recibir alguna influencia de ciertos modos cinematográficos de, por lo menos, la última década. Está bien filmada, tiene algunas secuencias muy logradas pero es errática y eso impide el disfrute. Nos deja a la deriva. Todo es lentitud (incluso el baile delirante). ?Es tan corto el amor y tan largo el olvido?, dijo alguna vez un poeta y 75 minutos pueden ser una eternidad.

Publicado en Leedor el 12-04-2011