BAFICI: Nostalgia de la luz

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Un documental de una profundidad política y poética nunca antes alcanzado en la obra del realizador y pocas veces apreciado en un film de este género.

Nostalgia de la luz es un documental de Patricio Guzmán de una profundidad política y poética nunca antes alcanzado en la obra del realizador y pocas veces apreciado en un film de este género.

Narrada en primera persona? lo que ya es un sello en todos sus documentales ? propone una mirada reflexiva ? a veces introspectiva -sobre temas existenciales como el origen del universo en el mapa que marcan las estrellas y temas fácticos, políticos como los familiares que buscan a sus seres queridos muertos en la dictadura de Pinochet. ¿Cómo hace Guzmán para relacionar todo esto?

El bellísimo telón de fondo del desierto de Atacama lo unirá todo. Ese mar de tierra seca esquivo a la mano del hombre donde el tiempo parece atrapado en un nudo, guarda en sus entrañas un tesoro de respuestas para quién sepa descifrarlo. Y allí en la desolación de ese paisaje, están los personajes entrevistados por Guzmán, cada uno en su búsqueda y que tan luego parecerá una sola.

El film comienza con un astrónomo que desde un viejo observatorio estudia el misterio de las estrellas, ?nuestro pasado más pasado? y con un arqueólogo que escudriña las ruinas precolombinas y las momias del desierto. En su relato señala que un predio abandonado del siglo XIX en Chacabuco donde vivían mineros esclavizados, es convertido por los militares de la dictadura chilena en un centro clandestino de detención. La puerta que abre el arqueólogo haciendo mención a la dictadura, permite que el curso narrativo, lenta y fluidamente, pase al tema político a través de los testimonios de dos sobrevivientes del campo: uno que en cautiverio miraba las estrellas con un precario telescopio construido por él mismo y que le hacía ?sentir la libertad?, y otro, un arquitecto que memorizó las dimensiones de la cárcel al punto de poder dibujarlos con una exactitud que dejó ?estupefactos? a los mismos militares. Las historias comienzan a confluir en la figura de un joven ingeniero ?hijo del exilio? que trabaja en un observatorio internacional, y su madre quién como víctima de la represión hace masajes como terapia por las secuelas de las torturas. Los torturados reconocidos en la dictadura de Chile suman por lo menos treinta mil, los aún no registrados treinta mil más. Mientras avanza el documental, tomamos conciencia de la dimensión de lo silenciado y una brecha comienza a abrirse en la necesidad cada vez más imperiosa de contar la historia del pasado reciente.

Guzmán retrasa con maestría la médula del documental creando un tempo cinematográfico bello y profundo. Recién promediando la película aparecen ellas, las ?mujeres de Calama?, excluyentes protagonistas de Nostalgias de la luz. Entre el polvo y las piedras del desierto, ellas buscan incansablemente los restos de sus seres queridos desaparecidos enterrados, exhumados y más tarde desparramados por los militares con el fin de que la corrosión árida borre todo el rastro de sus huesos. Estas mujeres con la ayuda de instrumentos tan primitivos como sus propias manos deambulan en el desierto. Han encontrado algunas partes pero su tesón no se conforma con pedazos aislados, quieren el cuerpo entero de sus familiares.

Las analogías están servidas: el desierto es un gran universo infinito, inconmensurable, inasible; unos buscan en el cielo el origen de los tiempos, ellas persiguen los horrores de lesa humanidad que la tierra esconde. Los testimonios de estas mujeres son desgarradores, fundamentales e inolvidables para cualquiera que las escuche y las vea a través del lente de Guzmán.

La película cierra el círculo con el testimonio de una joven astrónoma, quién piensa que la observación del cosmos la acerca a sus padres desaparecidos ya que la composición de los cuerpos celestes del universo es la misma que la de los cuerpos humanos, idea reforzada por otro físico que asegura que el cosmos está compuesto por calcio, al igual que los huesos humanos. Cielo y tierra se unen en un misma respuesta, en el mismo enigma. En este plano, lo aparentemente más insignificante se convierte en fundamental.

En una secuencia casi final, el director vincula a dos de las ?mujeres de Calama? con la astronomía haciéndolas mirar por los telescopios. Sus cabezas, que durante tantos años se inclinaron hacia la tierra, se elevan por un instante a mirar el cielo para ver allí otros cuerpos.

Finalmente, Nostalgia de la luz se trata de un film sobre el tiempo, uniendo el pasado de millones de años luz de los astros y el pasado milenario de las culturas precolombinas con el pasado ocultado por veinte años de Pinochet, cultivando el olvido y la amnesia colectiva. Los testimonios concluyen que para Chile es más fácil investigar momias, estrellas o dinosaurios que los crímenes recientes de la dictadura.

Patricio Guzmán desarrolla en la película un potente argumento estético. Despliega una madurez artística, un clima envolvente con ayuda de sencillos efectos especiales que lejos de ser banales acompañan el contenido abismal del film en la justa densidad con potente fotografía y excelsa prolijidad de realización. Los telescopios, como representación y descripción de esa exploración, son el recurrente atmosférico.

Género difícil el documental, -y algo ingrato ? que no consigue el público necesario para convertirse en cine masivo y por lo tanto plausible de realizar con grandes presupuestos. Nostalgia de la luz es un documental caro. En un seminario dictado en Buenos Aires, el realizador chileno contó las dificultades que atravesó para conseguir el dinero e incluso para que se entendiera sobre qué se trataba su film. Suerte que pudo realizarlo porque el valor de este documental es incalculable. Por la reflexión sobre la memoria, por el compromiso en su abordaje y por el despliegue poético sobre un tema tan denso. Hay que verlo.

Publicado en Leedor el 11-04-2011