Reglas, usos y costumbres…

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Imperdible propuesta que estará en cartel sólo en abril en Buenos Aires.

?Las sociedades que prevén cada aspecto del futuro son sociedades muertas?

Sería difícil empezar esta nota de otro modo. Imposible. Será porque es contundente sobre el escenario, versátil y también audaz. Gerardo Begérez está solo en escena por casi una hora; solo pero bien acompañado por un excelente vestuario (del que se va desprendiendo en ese transito de lo femenino a lo masculino, en ese despojarse de los prejuicios), un libro, unos candelabros y otros pocos objetos que alcanzan para crear un clima único, cercano y a la vez extraño.

Quizá resulte un error decir que el actor está solo en escena. Me corrijo: Gerardo Begérez se encuentra en su propia, sólida e inteligente compañía. Es probable que la inteligencia sea acaso su mayor virtud, como actor pero también como director (Loco afán, la obra de Lemebel que se encuentra todavía en cartel en Buenos aires, es el mejor ejemplo de ello) porque elije bien, se compromete y transmite pasión por el teatro.

Reglas usos y costumbres en la sociedad moderna fue escrita por el reconocido dramaturgo francés, Jean Luc Lagarce, allá por el año 93, cuando el despiadado veneno del SIDA le consumía sus últimas balas. Nacida de la diferencia, la obra recrea una situación de lectura en un salón literario francés, aparentemente ubicada a principios de siglo. En él, una mujer (inspirada en la figura de la baronesa Blanche Staffe), que es también un hombre, ofrece una reunión sobre como comportarse correctamente en sociedad. Como una embajadora de la moral y las buenas costumbres nos ofrece un catálogo de formas de comportamiento para tener una vida tranquila, feliz y sin sobresaltos, desde el nacimiento hasta la muerte.

?Cuando el niño nace muerto, el niño nace muerto? pero cuando nace vivo es necesario insertarlo en un sin fin de parámetros que lo modelen como un ser social, conforme, conformista, conformado: el bautismo, el casamiento, las bodas de plata y oro y el funeral constituyen ejemplos de rituales signados de reglas a seguir que raramente se cuestionan.

En eso radica lo mejor de esta obra, en la posibilidad de cuestionar lo dado. Se pone en evidencia (y es allí donde el espectador se reconoce atrozmente) la ridícula estructura social de la que se participa.

La obra reproduce el discurso anquilosado del deber ser (que aflora desde lo anquilosado de las leyes pero también desde lo anquilosado del lenguaje). Pero no se detiene allí: lo reproduce para luego corroerlo y hacerlo estallar. La ironía, acompañada por los gestos y la excelente dicción de Berégez, es el punto álgido del texto por todo aquello que dice sin decir, que rompe, no sin querer sino queriendo y haciendo daño.

¿Qué pasa cuando el deber ser se transforma en querer ser o en poder ser? Reglas usos y costumbres en la sociedad moderna abre la posibilidad de la diferencia: ?Cuando el niño nace diferente, todo es diferente?. Nada de leyes ni de pastillas para no soñar, ni de vacunas contra el azar. Abrirle paso a lo otro, a los que no tienen ley, a los posibles cambios es la esperanza de toda sociedad justa que se precie de tal.

Un dramaturgo francés, un actor uruguayo y un director español (de gran labor) conforman esta excelente propuesta que se presentará en Buenos Aires sólo en el mes de abril. Después de pasar por España, Uruguay y Brasil y antes de retornar la gira española, esta es su oportunidad de disfrutar de una deliciosa función de teatro.

Publicado en Leedor el 9-04-2011