La vida terrenal

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Simpleza y profundidad en esta obra de Santiago Loza que desea otro estado del mundo.La vida terrenal: La necesidad de la otredad.

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Devenir otro, ser otro. La propia vida, la cotidiana, la de todos los días, nos resulta ajena. Extraña. De otro mundo. La contemplamos desde afuera, como si no nos perteneciera. Mientras tanto, esperamos. Un signo, una señal. Un encuentro. Algo que nos saque de nuestra inercia. La misma en la que vive la protagonista de esta obra, extraordinariamente interpretada por Verónica Hassan. ¿Qué ocurriría si pensáramos que no somos de este mundo? Si estuviéramos convencidos que somos alienígenas, que estamos encerramos en un cuerpo que no nos pertenece. Que nos pasaría si pensáramos que vivimos, en definitiva, una vida que no pedimos, que no deseamos, que no buscamos. De todo eso y de mucho más, nos habla este texto, de una simpleza, una profundidad y una belleza contundente, de Santiago Loza; esta obra, precisa, austera, secamente dirigida por Lisandro Rodríguez. Porque para ser de otro mundo, o para pretender serlo, no hace falta más que ser bien de este mundo. Estar atravesado por las vivencias ordinarias de un universo repetitivo, aburrido, mecánico, desgraciado. Esta obra nos espeta en la cara que vivimos unas vidas miserables, sin sentido, sin ilusiones, que lo que nos falta, (y son muchas, tantas cosas, pero a mí me interesa hoy y ahora, nombrar sólo esta), es justamente lo que esta obra tiene para mí de anhelo, de deseo, de horizonte: el hecho de ?suscitar el ansia de otro estado del mundo?, como diría el gran dramaturgo alemán Heiner Müller. Y tal ansia fue, es y será siempre, revolucionaria.

Publicado en Leedor el 4-04-2011